Escuela de Padres

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Mi hijo de 8 años obedece sin problemas a mi marido, sin embargo a mí me ignora y si no le grito no hace caso ¿Qué puedo hacer? 

Los niños en realidad saben muy bien cómo comportarse con cada persona. Probablemente la madre pasa mucho más tiempo con el niño y esto también desgasta más y hace más difícil mantener la autoridad. Si el padre está mucho menos tiempo, le resultará más fácil ser constante en el trato con el niño y más llevadero manejarlo.

En todo caso realice lo siguiente:

1º. Reduzca las llamadas de atención. No le llame la atención por el mismo motivo más de tres veces. Hágalo sin gritarle, pero con contundencia, acercándose a él y asegurándose de que le presta atención. Si con las tres llamadas no es suficiente, adopte algún tipo de medida como por ejemplo la “retirada de privilegios” que explicamos en el curso. De manera que el niño aprenderá que a las tres llamadas de atención usted actuará y que éstas van en serio. Quizás ahora está acostumbrado a que usted le llame la atención y no ocurra nada, por eso la ignora.

2º. Preste atención a otras conductas positivas. Es posible que el niño esté reclamando su atención. Para ello, muéstrese cercana e interesada cuando el niño se porte bien y elógielo por ello.

3º. Mejore el acuerdo con su pareja. La actuación con el niño debe ser de mutuo acuerdo por la pareja. El padre debe apoyar delante del niño incondicionalmente a la madre y viceversa. El niño, además, debe tener las mismas normas y exigencias por ambos miembros de la pareja.

Por Jesús Jarque

La técnica de resolución de problemas, de M. Gootman, le puede ayudar para cuando trate de enseñar disciplina a sus hijos.

Utilice la técnica de resolución de problemas cuando tenga que utilizar la que hemos llamado disciplina fuerte.

Gootman propone siete pasos básicos en el proceso de la resolución de problemas. Después de practicarlos un tiempo, le saldrán de forma más fácil. Tras la explicación de cada uno de los siete pasos, veremos cómo se aplican a problemas específicos relacionados con la disciplina.

Paso 1. Definir el problema 

Antes de buscar una solución debe saber cuál es el problema. Resuma los problemas en una o dos frases.

Paso 2. Torrente de ideas 

Intente concebir tantas ideas para resolver el problema como le sea posible y anótelas. No se preocupe si las ideas son válidas o no, simplemente, busque muchas. Una idea puede conducir a la siguiente. Una mala idea puede llevar a una buena.

Paso 3. Evaluar las ideas 

Con cuidado, repase cada idea que se le ha ocurrido en el paso 2. Tenga en cuenta las personas relacionadas y la situación. ¿Cree que puede funcionar? En caso afirmativo, ¿por qué? Si cree que no, ¿por qué? ¿Es aceptable para todas las personas relacionadas (en este caso con padres e hijos)? Algunas ideas pueden ser aceptables para algunas personas y no para otras.

Paso 4. Seleccionar una idea

La clave está en encontrar una idea aceptable para todas las partes implicadas y que usted crea que puede funcionar mejor para resolver el problema definido en el paso 1. (Se proporcionará más información sobre este paso cuando nos ocupemos de los ejemplos específicos.)

Paso 5. Probar la idea 

Lleve a cabo la solución que ha elegido en el paso anterior.

Paso 6. Evaluar su efectividad 

Compruebe si la solución que ha elegido funciona. ¿Le ha resuelto el problema que ha definido en el paso 1?

Paso 7. Decidir 

Si su respuesta al paso 6 es sí y la solución le resuelve el problema, ha terminado. Trabajo realizado. Si, por contra, su respuesta es negativa, no se desanime. También puede:

a) vuelva al paso 4 y elige otra solución,

b) vuelva al paso 2 para idear más soluciones o

c) vuelva al paso 1 para asegurarse de que ha definido el verdadero problema.

No se rinda si el problema persiste. Podrá resolverlo si no se rinde. Animo, sabemos de sus dificultades con su tiempo, pero inténtelo.

Estimular. Comportarse de forma adecuada no surge, necesariamente, como algo natural en los niños, es producto del aprendizaje. Tanto los niños, como los adultos, muchas veces necesitamos sentirnos estimulados y reconocidos en nuestros comportamientos.

Nos ayuda a sentirnos mejor, aumentar nuestra autoestima y a motivarnos a seguir superándonos. Ser positivos, elogiar y, a veces, premiar la conducta adecuada son recursos para el estímulo, pero, como todo, debe ser utilizado con moderación y justeza ya que su mal uso puede tener el efecto contrario.

Elogiar. El elogio puede estimular a los niños y darles el empujón que les ayudará a continuar en la dirección adecuada. Pero no todos los elogios son estimulantes. Sugerimos algunas orientaciones básicas para que los elogios consigan los resultados deseados:

Los elogios deben:

– Remarcar lo positivo, aunque sea insignificante. (A veces nos centramos más en ver lo negativo, en lo que hay que corregir, que en lo que el niño hace bien).
– Dígale lo bien que lo hace, aunque sólo hayan mejorado un poco. (A veces solo vemos lo que hace mal, o lo que deja de hacer).
– Diga las cosas de corazón. Sienta de verdad lo que le dice.
– Céntrese en los hechos, no en el autor de los hechos, en el comportamiento del niño en lugar de en el niño como persona. (Por ej.: “eso que has hecho no esta bien”; en vez de: “eres torpe”.)
– Céntrese en él como persona y evite la comparación con los demás. Comparar “agranda” al modelo y “empequeñece” al comparado.

Una regla de oro: elogie sin comparar

– Resérvese el elogio, puede crear hábito. Elogiar demasiado puede ser tan perjudicial como no elogiar lo suficiente. Elogiar en exceso puede crear adictos al elogio, niños que no pueden actuar sin grandes dosis de elogios.

Tenga cuidado

– A veces demasiados elogios hacen que los niños se sientan tan poderosos que creen que pueden hacer todo cuanto quieran.

Usted no debe ser:

– Poco sincero, efusivo en exceso o manipulador.

Premiar. Los premios son considerados una forma positiva de motivar a los niños a hacer lo que queremos, especialmente en ocasiones en que no lo harían por sí solos de forma natural. Tanto el premio planificado como el espontáneo tienen su papel en el aprendizaje de la disciplina.

La razón de premiar como refuerzo educativo es que cuando una acción está seguida de un premio o recompensa es más probable que la acción se repita.

Una advertencia. Elija los premios con precaución y délos con moderación. No todos los comportamientos deben ser premiados, el niño debe aprender que hay comportamientos que se deben hacer porque sí, porque forman parte del proceso de la vida, mientras otros son merecedores de un premio por un esfuerzo especial o para motivar una acción. Encuentre ese equilibrio lógico. El tipo de premio debe depender de circunstancias particulares: la edad del niño, lo que para él tenga valor, el interés de los padres y por qué se le da.

Intente encontrar el premio que tenga valor para el niño, que esté conectado lógicamente al comportamiento que usted está intentando estimular. Por ejemplo: un libro nuevo, en lugar de dinero, es un premio más lógico por sacar buena nota en una redacción.

El respeto es como un bumerán. Si lo lanzamos, volverá a nosotros. Si hablan educadamente a sus hijos, ellos harán lo mismo con Uds. Si son honestos con sus hijos, ellos serán honestos con ustedes. Si hablan con amabilidad y sensibilidad, harán lo mismo. Si les toman en serio, les tomarán en serio. Quien siembra, recoge.

Pero sean realistas, no esperen que sus hijos les traten siempre con el máximo respeto. Muchos factores pueden incidir para que a veces se “olviden”: que se hagan los “interesantes” delante de sus amigos, que estén frustrados y enfadados y pierdan el control. Afronte comprensivamente dichas situaciones directamente cuando sucedan y soluciónelas con decisión.

Algunos padres creen que para conseguir el respeto de sus hijos tienen que ser muy estrictos e imponer castigos severos cuando sus hijos les desobedecen. Esto es confundir respeto con miedo. Los niños que temen a sus padres suelen volverse irritables y resentidos y suelen hacer las cosas a escondidas. Muchos buscan las maneras de evitar las órdenes de sus padres o esquivarlas.

Consiga el respeto de sus hijos tratándoles con respeto a ellos pero con decisión y la suficiente seriedad cuando la situación lo requiera.

La sinceridad de los padres es un modelo para desarrollar la sinceridad en los hijos. La honestidad es la mejor salvaguarda para evitar problemas educativos derivados de la falta de sinceridad.

Suavizar las transiciones. A muchos niños les cuesta pasar de una actividad a otra, sobre todo de forma brusca. Advertirles unos minutos antes les ayuda a hacerse a la idea y evita problemas de comportamiento que afloran cuando no están preparados. Avisos tales como: “en cinco minutos tienes que ir a la ducha”, “cenaremos dentro de diez minutos”, “quedan cinco minutos para ir a dormir”, ayuda a predisponerse y prepararse para cambiar de actividad.

Dar el tiempo suficiente. El tiempo tiene connotaciones distintas para los niños y para nosotros, los adultos. Los niños viven en el presente; no tienen todavía la noción del tiempo como algo limitado y medible. Siempre que sea posible es conveniente dejarles un poco más de tiempo del que creamos que puedan necesitar, por ejemplo, para vestirse.

Las listas. Una lista es un instrumento que ayuda en la organización del tiempo y de las actividades, y puede enseñar a sus hijos autodisciplina lo que os aliviará de la sobrecarga de las responsabilidades. Con ayuda, vuestros hijos pueden elaborar una lista de cosas que tengan que hacer cuando lleguen, por ejemplo, del colegio.

– Colgar el abrigo y la mochila.
– Ducharse.
– Merendar.
– Recoger los platos de la merienda.
– Descansar un poco.
– Hacer los deberes.
– Actividades de ocio.
– Colaborar en los quehaceres de la casa.
– Etc.

Una pizarra en la que los niños puedan apuntar esas actividades y tacharlas cada día a medida que las realizan, y a la mañana siguiente borrar la lista para empezar de nuevo es un sistema que muchos padres e hijos encuentran útil. El uso de listas, también ayuda a los niños a aprender buenos hábitos escolares y de vida.

Es conveniente ayudar a los niños a tachar las tareas de la lista cuando se hayan realizado, así como ayudarles tanto a confeccionarlas como a revisarlas. Además muchos niños necesitan que se les recuerde que deben hacer caso de las listas.

Recuerde

• La constancia la aprenden los niños a través de la constancia de los padres.

Dar ejemplo

Dar ejemplo es una forma muy eficaz de guiar a los niños y jóvenes y corregir su comportamiento. Educar con el ejemplo es un magnífico instrumento para enseñarles disciplina, pero, tenga cuidado, también puede ser un arma de doble filo.

Tiene las dos caras de la moneda. Los niños copian del adulto tanto el comportamiento adecuado como el inadecuado. Cuando aparecen contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace, sus hijos, normalmente, copiarán vuestros actos en lugar de vuestras palabras.

Cuatro áreas en las que dar ejemplo son particularmente útiles:

– La limpieza y el aseo personal.
– El reconocimiento de los errores pidiendo disculpas. Errar es de humanos.
– La sinceridad
– El respeto.

Presentamos algunas sugerencias para usar horarios de forma que ayuden a evitar problemas de disciplina:

  • Intente tener claramente establecidos horarios para:
    • Comer: a qué hora se come, cuando se lavan las manos, etc.
    • Dormir: la hora de ir a la cama, cuándo hay que dejar de hacer cosas, hasta cuando leer en la cama..
    • Los deberes: el tiempo, el lugar.
    • Ver la televisión: cuánto tiempo, qué programas.
    • Trasnochar: cuántas veces, qué noches.
  • Cuando cambie el horario, tanto si es temporalmente o en una ocasión especial (como cuando hay invitados y la hora de ir a la cama se retrasa), explique claramente a sus hijos que son cambios excepcionales.
  • Comprobar si sus hijos entienden el modelo de sus horarios. Si no, explíqueselo. (A los mayores nos puede parecer muy obvio, pero a los niños no).

• La organización. El orden es importante en la vida. Lograrlo nos puede ahorrar un sinnúmero de horas de amenazas, ruegos y castigos. Enseñar que cada cosa tiene su lugar permite a los niños poner las cosas en su sitio. Los niños pueden habituarse a poner las cosas en su sitio si sus pertenencias tienen sitios establecidos que sean adecuados. Perchas y ganchos junto a la puerta para las mochilas; cestos en sus habitaciones, en lugar de en el baño, posibilitan que la ropa sucia no acabe en el suelo de su habitación. Sin embargo, tener modos de organización no basta para evitar la pesadilla del orden: hay que enseñar a los niños a usarlos. Recuerde que nadie nace enseñado. Enseñarles y practicar a recoger y a
ordenar las cosas les enseña a hacerlo solos en el futuro. Así se les enseña a asumir la responsabilidad de sus pertenencias y se evita muchas discusiones sobre el orden.

• El tiempo: Las cosas indicadas en los momentos indicados. Los horarios establecidos ayudan a los niños a saber qué tienen que hacer, qué se espera de ellos y cuándo. Si se establece horarios, los niños saben qué se espera de ellos y pueden practicar el comportamiento adecuado a diario. Los hábitos se establecen con la práctica. Fijar horarios para ir a la cama, comer, y hacer los deberes elimina muchas discusiones. Además el hábito hace que los niños se sientan seguros.

Los hábitos son útiles pero no tienen que ser algo rígido pues se puede llegar a la intransigencia. A veces se puede ser un poco flexible en algunos temas, como por ejemplo en los horarios y en aquellas situaciones excepcionales, pero explicando cuándo y por qué de los cambios.

Aprendemos a enseñar disciplina de la misma forma que aprendemos cualquier otra cosa: a través del estudio y la práctica. De ahí la importancia de informarse sobre las técnicas para enseñar disciplina y practicar ejercicios con su pareja y luego probarlo en la vida real con sus hijos.

No existen padres perfectos ni hijos perfectos

No se exija ser perfecto, ni exija a sus hijos ser perfectos. No existe la perfección. Debemos tratar de ser naturales, auténticos, espontáneos y sinceros, pero no perfectos. No se preocupe por cada error que cometa. La clave es darse cuenta de cuándo se ha equivocado, tratar de corregir, reflexionar sobre el problema y sus posibles soluciones, pedir perdón si es necesario e intentarlo de nuevo, teniendo en cuenta que el fin último es ayudar a sus hijos a que desarrollen su autocontrol.

A su vez, los niños también cometen fallos y no responden siempre como de ellos se espera. Debe apoyarles y ayudarles a que aprendan a ser ellos quienes resuelvan sus propios problemas.

Los buenos educadores no son colegas de sus hijos

Realmente, todos queréis tener una buena relación de afecto con vuestros hijos, pero tenéis que establecer límites. Sus amigos son sus amigos, vosotros sois sus padres. Podréis ser unos padres muy afectivos y de fácil acceso, pero no sus colegas. Si sois colegas de vuestros hijos, puede que os resulte más difícil imponerles el respeto necesario cuando lo necesitéis.

La disciplina parece difícil

Crecer es un proceso lento y gradual. Enseñar disciplina quizás sea más fácil en los primeros años. Pero para quien empiece cuando sus hijos sean ya algo mayores puede ser más complicado, pero se puede conseguir. Educar hijos es tarea compleja, pero a medida que los niños aprenden a controlar su propio comportamiento, la disciplina se vuelve más y más fácil. Vale la pena un esfuerzo inicial hasta que vuestros hijos se vuelvan responsables de sus actos.

Enseñar a los niños qué se espera de ellos a su edad, enseñarles a comportarse, enseñarles las normas y los valores de convivencia es una de las muchas cosas que los padres tienen que hacer a la hora de educar a sus hijos. La disciplina es una herramienta educativa que ayuda a corregir el mal comportamiento. A medida que crezcan, los niños cometerán errores, algunos más, otros menos; pero todos se harán un lío en un momento u otro y se portarán mal.

Hay muchas razones por las que los niños se portan mal: inmadurez, desconocimiento y rebeldía, entre otras. Sea cual sea la causa, los padres tienen que enseñar disciplina a sus hijos; necesitan aclararles y establecer las consecuencias de su mal comportamiento y enseñarles a no repetir el mismo error.

El mal comportamiento del niño no debe contemplarse como un problema grave o como un fracaso en el proceso educativo. Es lo que es: un aspecto del proceso por el que pasa el niño hasta completar su madurez. Cada caso de mal comportamiento brinda la oportunidad de practicar la disciplina para alcanzar con el tiempo el aprendizaje de la autodisciplina.

Tenga en cuenta

La disciplina no es algo que los adultos impongan a los niños, sino que más bien es algo que hacemos con ellos como parte del proceso de aprendizaje.

Los seres humanos venimos a este mundo indefensos en el aspecto físico, también nacemos social y emocionalmente desvalidos. Los niños ignoran que no pueden tener todo lo que quieren cuando lo quieren, y de la forma que quieren. También desconocen la forma de relacionarse con los demás o cómo resolver sus propios problemas. Ni tan siquiera saben cómo sentirse con respecto a sí mismos. De la misma forma que podemos enseñarles a procurarse sus necesidades fisiológicas, es posible también enseñarles cómo salir adelante emocional y socialmente. Esta es, precisamente, la tarea más importante de los padres, en la que se convierten en profesores de sus hijos, educándoles para la vida.

Pero es fundamental que los padres tengan en cuenta la importancia de la unificación de criterios educativos, en lo esencial, para ejercer su función. Las contradicciones, discrepancias constantes, los enfrentamientos u oposición entre ustedes pueden impedir su labor educativa y perjudicar el desarrollo de la personalidad de sus hijos.


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