Escuela de Padres

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El incremento de la inseguridad en las ciudades ha llevado a que los padres prefieran que sus hijos permanezcan en sus casas en lugar de jugar en la calle. Ese temor a lo que sucede de puertas para afuera hizo que los adultos buscaran alternativas de entretenimiento para los pequeños dentro del hogar. Sin embargo, la falta de tiempo de los adultos para cuidar y atender a sus hijos, llevó a que la responsabilidad de entretener a los niños fuera entregada a la televisión y los videojuegos.

Hoy por hoy, el peligro que representa la calle parece insignificante comparado con el que produce la adicción a los videojuegos y a la tele, que no sólo afecta al rendimiento académico de los niños al alejarlos de sus deberes, sino también a su desarrollo psicosocial al interactuar cada vez es menos con otros niños o con su familia, y a su desarrollo físico debido a que pasan largas horas sentados frente a una pantalla.

La adicción a los videojuegos y a la tele, una peligrosa realidad

Esta situación ha llevado a los expertos a aseverar que la adicción a los videojuegos y a la tele en los niños, es casi tan delicada como la adicción a las drogas y el alcohol debido a que los síntomas que se presentan en el cerebro son los mismos.

Aunque el deterioro físico causado por la adicción a los videojuegos y a la tele no es tan grave como el causado por otras adicciones, el daño emocional si es similar por el deterioro que sufren los lazos afectivos y sociales que todo ser humano debe construir y que son tan importantes en la etapa de crecimiento.


Cómo identificar si mi hijo tiene una adicción a los videojuegos y a la tele

Algunos niños y jóvenes dedican hasta 10 horas diarias a los juegos de video y a la televisión. Con esta cifra es fácil deducir que el tiempo dedicado al estudio es nulo. Si tu hijo pasa más de 3 horas diarias con sus videojuegos, manipula constantemente para evadir los compromisos escolares y sociales o miente sobre las tareas del cole para tener más tiempo libre, es probable que sufra una adicción a los videojuegos y a la tele.

Sin embargo, es fundamental tener en cuenta que si el pequeño se aficiona a un juego de video durante una temporada, no necesariamente significa que sea adicto. Es normal que niños y jóvenes se apasionen por estos juegos hasta que pase la novedad.

Si transcurrido el tiempo prudencial tu hijo no hace caso a tus recomendaciones al punto de descuidar sus deberes, es muy probable que esté cayendo en una adicción. Es fundamental detectar las posibles razones que lo llevan a refugiarse en este tipo de actividades porque muchos lo hacen huyendo de la realidad o buscando la tranquilidad que no le brinda su entorno.

Los niños que se convierten en adictos suelen ser pasivos e introvertidos. Por eso, más importante que la adicción en sí, es detectar las razones que la motivan, de no hacerlo a tiempo, en la edad adulta esta adición puede transformarse y volverse aún más destructiva.

Si pensamos en Halloween probablemente nos venga a la cabeza el »truco o trato», niños disfrazados, calabazas iluminadas e irremediablemente, una película estadounidense. La realidad es que la celebración de Halloween no fue inventada en Estados Unidos: esta celebración tiene origen celta y más de 3000 años de antigüedad.

Los celtas tenían una religión precristiana politeísta, eran paganos. Muchas de sus festividades se han mantenido hasta nuestros días adaptadas a la religión cristiana. Éste es el caso de Samahin, el fin de año celta que coincide exactamente con la noche del 31 de Octubre. La cristianización lo convirtió en El día de todos los santos que celebramos en nuestro país, pero los inmigrantes irlandeses se llevaron consigo a EE.UU esta tradición que ha evolucionado a lo que conocemos hoy en día.

Una divertida fiesta para los niños

La editorial Planeta de Libros ha publicado una compilación de actividades infantiles para celebrar esta fiesta. Con la globalización, cada año es más popular reunirse entre amigos para disfrazarse o hacer ciclos de películas de terror. ¿Por qué no usar Halloween como excusa para que los niños tengan una fiesta temática de disfraces con sus amigos?

‘Halloween. Juegos y actividades para tu noche de Halloween más terrorífica y divertida’ nos propone un montón de ideas para montar una buena en esta noche tan especial. Historias de miedo, juegos, pasatiempos, manualidades, disfracescaseros etc. Todo con el único fin de que los peques se lo pasen en grande en compañía de familiares y amigos.

Título: Halloween. Juegos y actividades para tu noche de Halloween más terrorífica y divertida

ISBN: 978-84-204667-8-1

Autor: Varios autores

Editorial: Planeta de Libros

Edad: De 8 años en adelante

Precio: 4,95€

Mis sobrinos nunca han tenido problemas a la hora de la comida, para suerte de sus padres, que nunca han tenido que escuchar un “no me gusta” en la mesa. Les encanta probar nuevos alimentos y prefieren la fruta a las golosinas, aunque parezca casi una utopía difícil de creer.

Nuestra alfombra mágica ha tomado buena nota de sus aficiones, así que aprovechando el mal tiempo que ha llegado con el fin de semana nos ha propuesto un viaje a tres talleres diferentes donde aprenderemos más sobre cocina y alimentación. ¡En marcha!

Planes de cocina con niños para el fin de semana 

¡A comer! Taller en el Real jardín Botánico

El primer vuelo de nuestra alfombra nos ha dejado en un lugar lleno de plantas y flores, nos hemos preguntado si se habría equivocado hasta que averiguamos que hemos aterrizado nada menos que en el Real Jardín Botánico de Madrid, donde celebran el taller ‘¡A comer!’.

En este taller tan interesante mis sobrinos han descubierto de dónde vienen los alimentos que comemos diariamente, las diferentes plantas de las que proceden y cómo diferenciarlas. Saber que las zanahorias son raíces y descubrir cómo las espigas de trigo se convierten en harina han sido algunas de los conocimientos que nos hemos llevado de este taller. 

Pintar con chocolate, un taller muy dulce

Para mi sobrina pequeña, que todavía no diferencia muy bien entre pintar en el papel o las paredes, la alfombra mágica ha elegido un divertido taller: pintar con chocolate. Una actividad deliciosa que ofrece el Museo de Chocolate de Barcelona a niños desde 0 a 3 años de edad.

En esta taller hemos descubierto que el chocolate, además de un delicioso dulce, también puede ayudarnos a dar rienda suelta a la imaginación y descubrir nuevas formas de pintar, empleando un material con una textura diferente, y del que, por supuesto, ¡no quedó ni rastro!.

Aprender a cocinar con los niños, taller educativo

Po último nuestra alfombra mágica ha considerado que estábamos listos para pasar al siguiente nivel de nuestro aprendizaje gastronómico, por lo que ha volado hasta el Mercado de La Boqueria, donde ofrecen un taller de cocina muy completo para que los niños den sus primeros pasos en la cocina.

Desde comprar los productos hasta presentar el plato, con este taller los niños aprenderán todos los pasos necesarios para elaborar una receta. Nosotros hemos preparado unos originales raviolis de calabaza, pero cada semana tendremos que volver porque el menú cambia para abarcar todo tipo de productos. Y después de tanta comilona hemos conseguido volver a casa en nuestra alfombra, agotada por tener que transportarnos con unos cuantos kilos más que antes.

Teresa Guerra

Es elevadísima la tasa de accidentes sufridos en la utilización de motos en jóvenes de entre 15 y 24 años. Prudencia es un término que se ha de inculcar, tanto cuando el hijo sea el conductor, el copiloto, un ocupante del vehículo o el acompañante en la moto.

Hay que hacerles saber del riesgo cierto de sufrir un accidente mortal o grave que sesgue o cercene para siempre la vida o calidad de la misma.

Conducirse con prudencia, respetar las normas, no querer demostrar nada con una conducción deportiva no acorde con las carreteras y evitar actitudes temerarias resulta una necesidad para la que se debe educar desde muy corta edad, de palabra y obra (con una conducción por parte de los adultos no sólo prudente y anticipatoria, sino agradable, civilizada y relajante).

Explorar los riesgos y dar a conocer no sólo datos sino ejemplos próximos de tragedias resulta simplemente necesario.

Como lo es hacer saber que el alcohol y otras drogas son incompatibles con la conducción, que no se puede dejar engañar por la equívoca percepción euforizante que en un primer momento puede conllevar.

Hay mas que hacer y que decir, reflexionar sobre la responsabilidad que el conductor contrae con los pasajeros y con quienes circulan o caminan y se encuentran con el vehículo propio.

Y, cómo no, enseñando a ser asertivo, a valorar la vida, a negarse a ir junto a un conductor bebido o drogado de otra forma; teniendo criterio y decisión para indicar que desea abandonar el coche cuando el tipo de conducción de riesgo así lo requiera.

Parece acertado llevar al hijo al centro de parapléjicos de Toledo o a centros hospitalarios donde compruebe de primera mano las múltiples tragedias personales provocadas por accidentes de tráfico (también de vehículos de cuatro ruedas).

Tienen que ser conscientes -más allá de saber- de que estos múltiples e incesantes accidentes son la primera causa de traumatismos físicos importantes, en ocasiones tetraplejia, y de muerte en la adolescencia.

Si por desgracia el lamentable hecho se produce, sépase que existen asociaciones específicas de familiares de víctimas de accidentes de tráfico que aunque pueda parecer que no sirven, ni son un paliativo -cuando no se ha pasado por tan terrible trance-, son muy benéficas y necesarias, como lo constatan quienes son apoyados por los que antes han sufrido tragedias similares.

Motos

Posted on: 9 diciembre, 2012

Las motos son un símbolo para los jóvenes de vértigo, de velocidad, de desprotección; permiten sentir el aire en la cara, percibir la libertad, compartir con amigos, vibrar, correr, un ruido que ensordece. Y el joven no evalúa los riesgos, le gusta ponerse al límite.

Ser poseedor de una moto es sinónimo de independencia, de estatus. Conlleva la admiración de otros jóvenes, facilita «ligar».

Los padres sufrirán si su hijo es poseedor de una moto; por eso, si no pueden evitar que esto acontezca, lo que aconsejo vivamente, han de analizar con el hijo el tipo, uso, lugar y época del año de utilización para minimizar riesgos.

Con constancia se les ha de prevenir de los peligros para ellos y para otros viandantes y conductores, responsabilizándolos de su forma de conducir (no sólo con «la máquina», sino no consumiendo alcohol y otras drogas).

Insistiremos en la necesidad de llevar casco, tanto si se es conductor como «paquete». Transmitírselo siempre y los dos progenitores, dando ejemplo si somos nosotros los que montamos en moto, o en otro caso llevando siempre el cinturón de seguridad en el coche.

  • Llegar a un acuerdo padres e hijos implica que no hay límites fijos e inamovibles, sino que se concede al adolescente la capacidad para participar en la decisión.
  • Los horarios se irán ampliando con la edad y la responsabilidad demostrada.
  • Los datos que debemos conocer para establecer los horarios son los que nos proporcionan los hijos. Hemos de escucharlos, que nos digan quiénes son sus amigos, a qué lugares van, cuál es la forma que tienen para volver a casa, si vuelven solos o acompañados.
  • Es conveniente conocer y hablar con los padres de los amigos de nuestros hijos sobre este tema e intercambiar experiencias.
  • Una vez adquirido el compromiso, el adolescente tiene que saber que si no se respeta el horario sin causa justificada, la próxima salida puede ser anulada o reducida por no cumplir el acuerdo.
  • Tenemos que confiar en nuestros hijos, dejarles asumir sus propias responsabilidades en cuanto a salir solos, cumplir sus horarios y manejar su dinero. Sin olvidar la supervisión (ver en qué estado regresan al hogar).

Educar conlleva asumir riesgos, dar autonomía y responsabilizarse. Para ellos hemos de enseñar a nuestros hijos a reflexionar individualmente, para exponer sus propios criterios sin miedo a la valoración de los otros, para decir «NO» cuando no se comparte lo que proponen los amigos, para no perder las posiciones ante los retos, los desafíos. Que aprendan a visualizar, como paso previo, las consecuencias de sus actos.

Padres e hijos han de llegar acuerdos en cuanto a los horarios, las consecuencias si no se cumplen, las condiciones de las salidas nocturnas y que esto no implique una alteración en la convivencia familiar. Momentos para crecer juntos, en que hay que delegar libertad y responsabilidad, y los hijos saberlas demostrar.

Establecer los horarios para salir está condicionado por varios factores. No es lo mismo salir en el pueblo (que todos se conocen y sabemos dónde están los sitios…) que salir en la ciudad. Dependerá también de como vuelven a casa, si hay autobuses, si vienen acompañados… Se debe tener en cuenta la opinión del hijo, escuchar sus motivos, sus razones. Llegar a acuerdos (no confundir con claudicar). Será básica la relación de confianza entre ambos, de comunicación y de diálogo.

Orientativamente, sobre los 14 años, si el niño es responsable y lo demuestra, conocemos a los amigos con quien sale, los sitios donde van a estar, tenemos teléfonos para localizarlos, se les puede dejar salir hasta las once de la noche. Y se iría sumando una hora y media más a cada año (a los 16 años se le dejaría llegar a las dos de la madrugada, a los 17 a las tres y media de la madrugada…), teniendo siempre en cuenta la actitud del hijo y dependiendo del entorno.

  • Que no les pase nada. Que lleguen bien a casa, mejor en grupo que solos.
  • El consumo de drogas y las consecuencias que pueden tener con respecto a los accidentes de tráfico y los embarazos no deseados: Querer vivir intensamente todas las noches y divertirse al mismo ritmo conlleva un agotamiento psíquico y físico que ha influido en el consumo de sustancias que busca conseguir este estado de actividad. Algunos efectos del consumo de estas sustancias inciden en la disminución de las aptitudes físicas, como los reflejos y la visión que disminuye, el incremento de la actitud de desafío y el desprecio por el riesgo, lo que afecta de manera directa a las tasas de accidentes de tráfico y altercados violentos.
  • Que la convivencia familiar resulte afectada: Cuando los adolescentes salen por la noche y se acuestan de madrugada suelen pasar el resto del día durmiendo. No ven casi a sus padres, además de que su ciclo de sueño se transforma. Viven dos días con el horario cambiado, para comenzar de nuevo el lunes con sus obligaciones.

Quedarse hasta altas horas de la noche viendo la tele, conversando por teléfono, chateando, jugando a un videojuego o leyendo… Conquistar la hora de acostarse es un paso a la adolescencia; la hora de regresar a casa cuando salen es otro escalafón en busca de su independencia.

Entre los 15 y los 24 años, los fines de semana principalmente, los jóvenes pasan gran parte de la noche hasta la madrugada tomando copas, hablando con amigos, bailando, conociendo gente nueva… Tiempos y actividades muy distintos a los del resto de la semana, en que su vida se centra prácticamente en estudiar o trabajar.

La noche es mágica porque se establecen más relaciones personales, se vive con más desinhibición, a lo que ayuda el alcohol o el consumo de otras sustancias de fácil accesibilidad; la música envuelve y no hay límites de adultos ni de tiempos.

La tendencia a salir ha crecido en los últimos años, al igual que se han alargado las horas de volver a casa. La época de vacaciones de verano o de Navidad suele ser otro marco temporal en el que los jóvenes salen más y llegan más tarde, al tener menos obligaciones y más tiempo de ocio, y en estos períodos los padres sienten que reducen sus argumentos al establecerles la hora de llegada, pues no pueden decirles «debes llegar a esta hora porque mañana tienes que levantarte para ir a trabajar o a estudiar».

La posición de los padres varía de unos a otros. Si bien algunos entienden que no es correcto que los adolescentes estén hasta altas horas por la calle, otros se cuestionan sobre la necesidad de correr riesgos.

La respuesta es bastante simple en la mayoría de los casos. Les dejan salir por no discutir, porque es «lo normal», «lo que hacen todos», «la forma de pasarlo bien».

La mayoría entiende que es una etapa que hay que pasar y pregunta poco. Y algunos no duermen durante todo el fin de semana, pues están pendientes del reloj hasta que los chicos vuelven a casa. En ocasiones los padres hacen de auténticos taxistas nocturnos: los llevan y los traen de vuelta a casa, pero muchas veces les compensa este papel por encima de estar esperándolos despiertos.

Deporte

Posted on: 2 diciembre, 2012

La práctica deportiva llenará de contenido muchas horas de ocio de los hijos, los posicionará de forma sana ante la vida y les propiciará buenos amigos. Es importante, en especial durante la adolescencia, que practiquen seriamente deporte, como mínimo uno.

Practicar un deporte es practicar valores de convivencia, responsabilidad, disciplina, autocontrol. Es desarrollar una afición, una alternativa al consumo de drogas y a una vida incompatible con el deporte si se toman sustancias, pues es más difícil que un chico deportista fume, ya que repercute en su estado físico, o que trasnoche demasiado y consuma si el domingo por la mañana tiene partido.

El deporte (¡y hay mucho donde elegir!) exige esfuerzo, constancia, aceptación de normas, capacidad para adaptarse a otros miembros del equipo o de los competidores.

Nos preocupa un tanto la llamada «búsqueda de talentos» que a menudo conduce a una especialización deportiva demasiado prematura. Hay adolescentes que practican deportes que exigen mucho tiempo y energía en clubes. Hay que procurar que estas actividades no superen las cinco o seis horas semanales.


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