Escuela de Padres

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La edad en la que los niños comienzan el aprendizaje de la lectura se ha adelantado en las últimas décadas. ¿Es algo positivo o tiene aspectos negativos para el pequeño? Analicemos bien esta cuestión.

Hoy día, los niños empiezan a leer antes de lo que lo hicimos nosotros. Como explica Vicent Campos, profesor de Primaria en un colegio rural de Valencia con 28 años de experiencia, “antes, cuando los niños entraban en el primer curso a los 6 años, no se sabían las letras. Ahora sí. Esto supone un gran cambio”. Y este cambio no está exento de polémica, porque no todos los expertos lo aprueban.

Distinta madurez

Ante esta realidad, surgen varias preguntas: ¿un niño de 4 años es suficientemente maduro como para procesar la información escrita y entender su significado? ¿Este aprendizaje precoz trae ventajas a largo plazo, hace más inteligentes  los niños?

Respecto a la cuestión de la madurez, es algo variable en cada niño. Algunos sí están preparados para aprender a leer: son los que por sí solos empiezan a preguntar por las letras que ven en los carteles, los que las copian y forman sus propias “palabras”. Sin embargo, hay otros niños a los que no les interesa la lectura y, aunque se la enseñen en clase, no asimilan la información. Para ellos la palabra escrita queda en algo abstracto, necesitan moverse más y prefieren jugar antes que estar sentados y hacer fichas.

No hay opinión unánime

¿Qué ocurre en otros sitios? En Finlandia, el país que mejores resultados académicos ha mostrado en los últimos años en el informe Pisa, no se empieza con la lectura hasta los 7 años. Opinan que los niños no están preparados para leer antes de esta edad y no quieren que una presión temprana los lleve a terminar detestando el mágico mundo de la lectura. Estos datos son ya una respuesta a la segunda pregunta: la edad en la que un niño empieza a leer no determina su posterior desarrollo intelectual. En otros países, como Países Bajos, empiezan a los 6 años, pero imparten clases de prefectura en los cursos anteriores para familiarizar al niño con las letras.

Una enseñanza lúdica

Volviendo a nuestro país y a nuestra realidad, en mi opinión no es negativo enseñar las letras a niños de 4 años, siempre y cuando se haga de modo lúdico y sin ningún tipo de presión. Hay que tener en cuenta que a esta edad el pequeño aprende principalmente a través del juego, explorando y fantaseando. Si hacemos que vaya conociendo las letras mediante canciones y actividades divertidas, manipulándolas con plastifica y con otros materiales, lograremos combinar el juego con la enseñanza, una unión perfecta.

¿Qué puedes hacer para aficionarle?

El hábito de leer y el interés por la lectura también se aprenden en casa. Unas cuantas ideas:

  • Lee con él todos los días un cuento antes de dormir.
  • Procura que siempre tenga libros en su entorno (y que pueda cogerlos sin tu ayuda).
  • Dale un buen ejemplo leyendo en su presencia a diario.
  • Visita con él una biblioteca y librerías infantiles.
  • Cómprale cuentos a menudo, no solo en su cumpleaños. Elígelos teniendo en cuenta sus aficiones y acertarás seguro.

Coks Feenstra, psicóloga

Un niño obediente y tranquilo resulta más sencillo de educar que uno inquieto y rebelde. Es evidente. Pero en ciertos aspectos requiere un “plus” de atención, para no pasar por alto sus necesidades.

Si tu hijo duerme bien, come sin problemas, tiene reacciones moderadas, se calma con facilidad tras una rabieta y acepta tranquilamente los cambios (personas nuevas en su entorno, sabores diferentes en su alimentación…), ¡estás de enhorabuena! Su buen temperamento le lleva a hacerse querer, facilita su adaptación a situaciones como el inicio del cole y evita que tenga problemas con sus compañeros y maestros.

Casi nunca protesta

Es fácil presumir de un niño especialmente bueno y resaltar la forma tan ejemplar que tiene de comportarse. Y esto, lógicamente, acentúa sus buenas conductas y su afán de complacer a los que le rodean. Pero has de estar atenta a sus señales para no pasar por alto sus necesidades:

  • Atiéndele siempre que te reclame. Como no suele protestar ni reclamar, acudiendo a su lado le animas a comunicarse y le enseñas a expresar sus deseos.
  • Si ves que siente rabia, tristeza, miedo, etc. y no lo manifiesta, consuélale y anímale a verbalizar estos sentimientos.

Tiene mucha empatía

Por otro lado, ten en cuenta que si en general todos los pequeños son sensibles al estado emocional de sus padres y suelen percibir la tensión, las riñas y el mal ambiente, el niño “bueno” lo es en grado sumo. Por eso está pendiente y se preocupa si te nota enfadada o triste. Estas recomendaciones son importantes:

  • No comentes tus problemas en su presencia. Si tu pareja y tú discutís y él lo nota, explícale pronto que lo vais a solucionar.
  • Si te pregunta si te pasa algo y es así, díselo. Puedes responderle: “Sí, estoy triste (o cualquier otro sentimiento), pero no te preocupes, no tiene nada que ver contigo y se me pasará”.
  • Si reñís, haced siempre las paces. Si no, se quedará angustiado.

Siempre obedece

Es otra característica del niño bueno. Obedece para asegurarse tu afecto, pero también porque percibe claramente vuestras expectativas y las de sus adultos de referencia (abuelos, tíos, maestros…). Ante esto, un consejo: no le riñas en las pocas ocasiones en las que se decida a llevarte la contraria; que se decida a llevarte la contraria; que se atreva a expresar lo que piensa y quiere es positivo, ya que le ayuda a descubrir quién es y cuál son sus deseos.

Busca ser perfecto…

Es posible que tu hijo quiera hacerlo todo bien y cualquier error le parezca inaceptable. y puede que deje de hacer algo por miedo a fracasar. Si le ocurre:

  • Intenta rebajar tu nivel de exigencia, tanto contigo como con él.
  • Reconoce tus propios errores delante de él. Le animará a imitar tu actitud.
  • Elogia sus actividades por el esfuerzo y su entusiasmo al hacerlas, más que por el resultado final que consiga.
  • Ayúdale a buscar la mejora en sus tareas, no la perfección. Y si se equivoque, anímale a intentarlo de nuevo.

Isabel Álvarez Wagener (Psicóloga)

El cuidado de los primeros dientes en la infancia es un hábito esencial: de él dependerá la salud de su dentadura definitiva.

La higiene de los dientes de leche debe hacerse tan pronto como éstos broten. Al principio tendrás que lavárselos tú al niño con una casita húmedecida en agua. Y a partir de los 2 años puedes empezar a cepillárselos y explicarle cómo debe hacer él.

Lecciones de cepillado

Para que se familiarice con el cepillo y adquiera una rutina, déjale que se lo meta en la boca y juegue con él y luego cepíllale tú explicándole lo que haces. Cepilla en vertical la cara exterior e interior de los dientes y encías. Para eliminar las bacterias que causan el mal aliento se limpia también el paladar, la cara interna de las mejillas y la lengua, pero si le dan arcadas, aún no es necesario que lo hagas.

En cuanto le veas preparado, deja que se cepille él solito y dale tú el “último repaso”. Debe lavarse los dientes después de cada comida durante unos tres minutos (empieza con un minuto y ve aumentado el tiempo). Y siempre será mejor si te pones a su lado y practicáis juntos este “juego”.

Su pasta y su cepillo

Su cepillo debe tener el cabezal y el mango pequeños, para que lo pueda sujetar con firmeza y se adapte a la forma de su boca. Además, sus cerdas deben ser suaves y con los bordes redondeados, para que no le hagan daño en las encías ni desgasten el esmalte de los dientes. Y mucho mejor si es de sus personajes animados favoritos, para que disfrute más del lavado. Cámbiaselo cuando veas que las cerdas están gastadas, abiertas o aplastadas. Cómprale una pasta para niños con un sabor más agradable (porque las de adulto son más fuertes y abrasivas) y con un adecuado contenido en flúor: el exceso colorea el esmalte y el déficit favorece las caries. Ponle el equivalente a un guisante, sin humedecer el cepillo. Y enséñale que no debe tragársela. Deja el hilo dental y los enjuagues bucales hasta que tenga 4 ó 5 años.

Cuándo empezar a llevarle al dentista

Cuanto antes se realice la primera visita, más rápido se acostumbrará, lo que le llevará a confiar en el especialista y a no tenerle miedo. Los odontopediatras sostienen que la mejor manera de prevenir problemas bucodentales es efectuando visitas desde el primer año y de control cada seis meses si el niño se chupa el dedo, usa chupete más allá de los 18 meses o sufre algún traumatismo en los dientes de leche, así como en la época del cambio a la dentadura definitiva.

Patricia Morcillo

Ahora que tu bebé se mueve bien de un lado a otro, llega un nuevo reto: aprender a subir y bajar escaleras. Deja que lo intente, pero ayúdale; así mejoras su coordinación motora y previenes accidentes.

Tu peque es un bateador experimentado y quizá empiece a dominar ya el arte de caminar. Su mayor movilidad le permite explorar la casa y no quiere perderse ni un solo rincón, así que lo más lógico es que si se encuentra con unas escaleras, se anime a intentar subirlas. Adelántate a ese momento ayudándole a superar este reto y, al mismo tiempo, tomando las medidas de seguridad necesarias para evitar accidentes.

Pasito a pasito

El dominio de las escaleras es un aprendizaje lento que pasa por distintas etapas. Lo primero que hará tu hijo será subir gateando; con 13 ó 14 meses probablemente lo logre con bastante soltura. Bajar a gatas o sentado es algo que llegará algo más tarde debido a que en la bajada la percepción de caída aumenta y con ello el miedo y la inseguridad, lo que provoca también mayor torpeza. Por el momento, estos serán sus dos grandes logros en las escaleras. Habrá que esperar hasta los 2 años para que haga sus primeros intentos de subir y bajar de pie, agarrándose a la barandilla y colocando ambos pies en cada escalón. Y un poco más, hasta los 30 meses aproximadamente, para que deje de agarrarse y empiece a alternar los pies.

Juegos perfectos

Para afrontar los escalones tu hijo necesita dominar el movimiento de flexión de las piernas, algo que a esta edad aún le cuesta. Por eso, todas las actividades en las que tenga que flexional las rodillas y subir, bajar y rotar las piernas le ayudarán en este reto:

  • Pon en el sofá juguetes que le motiven a subir y bajar de él.
  • Pídele que se agache a recoger los juguetes del suelo.
  • Permítele practicar uno de sus juegos favoritos: subir y bajar un bordillo de la calle.
  • Déjale sentarse solo en la silla, subiendo de rodillas y girándose. Y recuerda que cualquier actividad de movimiento le servirá para mejorar el equilibrio y ganar confianza en sus habilidades y fortalecer los músculos.

Entrenar seguro

Para prevenir posibles accidentes mientras tu hijo practica este nuevo avance, ten presentes estos consejos:

  • Si la barandilla de la escalera es de barrotes y el cuerpo de tu pueblo cabe a través de ellos, coloca una malla protectora.
  • Cuando el niño ya comience a subir sin agarrarse, colócate siempre un escalón por detrás (y si está bajando, uno por delante). Así, si sufre un traspié y pierde el equilibrio, podrás detener la caída.
  • Mientras no domine muy bien esta habilidad, pon una barrera que implica que pueda acceder a las escaleras cuando nadie lo ve.

 

Esther García Schmah

Psicóloga y pedagoga

¿Tu pequeño tiene una tos seca y ronca y notas que al respirar emite una especie de silbido? Son los síntomas de una afección llamada crup que el pediatra te explicará cómo tenéis que solucionar.

Desde hace unos días notas que tu bebé se siente mal, tiene mocos y quizá algo de fiebre y presenta dos síntomas distintos a los de un simple catarro: por una parte, una tos perruna muy llamativa y que se acentúa cuando el niño está tumbado; y por otra, una especie de silbido que aparece al coger y soltar aire (medicamento se denomina estridor). Llévale al pediatra para que te lo confirme, pero te adelantamos que lo más probable es que te diga que sufre crup, una afección de las vías respiratorias altas (garganta y laringe) que suele surgir después de que el bebé haya sufrido un resfriado y que en la gran mayoría de los casos está causada por un virus.

El tratamiento

El crup, que es más habitual en estaciones como la primavera y el otoño y se acentúa si el pequeño se encuentra en ambientes resecos o con mucha contaminación, ocasiona que las vías respiratorias se inflamen y se estrechen (de ahí ese “silbido” tan característico). Generalmente el problema desaparece cuando se toman las medidas de las que te hablamos más abajo, pero si las pones en práctica y unos días después ves que tu hijo no ha mejorado, vuelve a consultar el tema con el pediatra.

Seguramente le hará una radiografía de tórax para comprobar si el culpable es un virus o hay una bacteria implicada; en este caso le recetará antibiótico. Si no, le mandará antitusivos y antiinflamatorios para aliviar los síntomas y, si las vías aéreas están muy inflamadas, le dará corticoides.

¿Debo preocuparme?

Aunque esta afección suele agobiar a los padres, porque la tos perruna y el estridor resultan alarmantes, lo mejor es mantener la calma y tener claro que son síntomas típicos. Realmente, las situaciones en las que el cuadro es preocupante (cuando las vías respiratorias quedan totalmente obstruidas) son contrarísimas. En estos casos notarás que el niño tiene una fiebre muy alta, los labios amoratados y la tos muy seca. Ante síntomas como estos sí debes llevarle a urgencias, pero recuerda que, como te hemos dicho, es muy raro que aparezcan.

Medidas caseras para aliviar al bebé

Además de seguir las indicaciones del pediatra, pon en práctica estas pautas que han demostrado ser muy eficaces:

  • Eleva el cabecero de su cuna. La tos del niño con crup empeora por las noches, ya que al estar tumbado las vías respiratorias se cierran más y esto hace que el aire circule peor. La solución es poner una almohada bajo el colchón en la zona de la cabeza para elevarlo y hacer que el bebé duerma en posición semihorizontal.
  • Coloca recipientes de agua junto a los radiadores o pon toallas mojadas sobre ellos. De este modo mantendrás húmedo el ambiente del hogar.
  • Ofrece agua al bebé con frecuencia para evitar que las vías respiratorias se queden resecas y contribuir a disolver la mucosidad que queda acumulada.

María Castrillón

¿Cuándo debes empezar a calzar a tu hijo? ¿Qué tipo de zapatos adquirir? ¿Cómo sabrás si aciertas con la talla? Aquí tienes todas las respuestas y algunos consejos prácticos.

Sandra Sánchez

1.- ¿Cómo deben ser en cada etapa?

Los recién nacidos no precisan llevar zapatos, es buena idea que en casa estén descalzos o con patudos o calcetines para que no se enfríen los pies; y si quieres que el bebé esté muy guapo opta por zapatos de primera puesta, muy blanditos. Más adelante puedes adquirir calzado específico para gatear y hacia el año, cuando empiece a andar, zapatos de primeros pasos. Cuando controle la marcha el abanico de posibilidades se abrirá ante sus pies y podrás elegir la mas adecuada para la actividad que realice: sandalias, botas, deportivas, chanclas…

2.- Diseñados pensando en sus pies

Una norma de oro al elegir los zapatos de tu hijo: deben ser de buena calidad y nunca heredados. Al comprarlos, ten en cuenta que estén fabricados con materiales naturales que sean transpirables. La suela debe ser flexible y antideslizante. Y a partir del año de edad es importante que la plantilla estimula la musculatura del pie, ayudando a su formación.

3.- Trucos para no equivocarte

Cuando vayas a comprar los zapatos a tu hijo llévale contigo para poder probárselos tranquilamente. Lo mejor es hacerlo a última hora de la tarde, cuando el pie está más dilatado, y probárselos en los dos pies, ya que es posible que uno sea algo mayor que el otro. Nunca compres al niño zapatos de una talla mayor para que le duren más tiempo (si lo hicieras, no llevaría los pies bien sujetos y podrían causarle rozaduras).

Y tampoco es conveniente que adquieras más de tres pares a la vez, ya que le quedarán pequeños enseguida.

4.- Consejos que ayudan

  • Cuando el niño empieza a dar sus primeros pasos es preferible elegir un zapato que le dé sujeción al tobillo y le proporcione estabilidad.
  • Durante los dos primeros años de tu hijo debes controlar la medida de sus zapatos; en esta etapa el pie crece de forma más acelerada.
  • Un truco para saber que el zapato es de la medida correcta: comprueba que al ponérselo a tu hijo el talón del pie apoya bien en la parte posterior y que no quedan más de 4 ó 5 milímetros en la puntera.
  • En caso de que el niño lleve zapatos cerrados ponle siempre calcetines, preferiblemente de fibras naturales como el algodón.

La navidad es un  momento lleno de magia para compartir con los seres queridos y familiares.  En especial para los más pequeños es una fiesta y un motivo de alegría e ilusión. Podemos compartir con ellos muchas actividades divertidas que nos permitan estrechar los vínculos afectivos  y aprovechar así estas fechas para vivir con ellos,  la ilusión, la alegría y las emociones positivas que acompañan estos días.

La Navidad: Las fiestas son beneficiosas para los niños y niñas porque estrechan sus lazos afectivos, aprenden costumbres y tradiciones.  

Son muchas las actividades que podemos compartir con ellos. Estas tareas entusiasman a los niños y niñas.
Hacerles participar en todos los preparativos y acontecimientos de la fiestas es algo muy beneficioso para
todos.

BENEFICIOS

  • Ayuda a estrechar vínculos afectivos, gracias a las emociones positivas
  • Fomenta la autonomía y la responsabilidad, al hacerles participes de parte de las labores
  • Es una fuente rica en emociones positivas, buenas para su desarrollo y su  autoestima.
  • Favorece su creatividad

COSAS QUE PODEMOS HACER CON LOS PEQUEÑOS

  • Decoración. La decoración y los preparativos, son cosas que entusiasman a los niños y niñas. Haz de la decoración una tarea compartida, en la que participéis todos, el árbol de navidad,
    el belén, crea tus propios adornos con ellos.
  • Ambiente navideño. Disfruta son ellos de un paseo por la ciudad y la Transformación del    paisaje urbano
  • Villancicos. A todos los niños les gusta cantar. La música es un medio de transmisión de alegría.
    Canta con ellos y comparte la alegría.
  • Reuniones familiares. Son momentos de reuniones con todos los seres queridos, los niños   disfrutan de estos momentos.
  • Tradición. Transmitir tradiciones y costumbres. Explica el sentido de la navidad mas allá de la
    diversión y los regalos.
  • Dulces. Prepara dulces navideños con los mas pequeños.
  • Crea felicitaciones, elabora tarjetas navideñas con los niños y niñas de la casa
  • Busca cuentos o películas navideñas y vive con ellos esta magia
  • Enséñales que es una época de Recibir y dar cariño. Olvida los problemas y el pesimismo

Celia Rodríguez Ruiz

La hora de la comida: Estoy desesperada. Mi hijo de 8 años es muy lento comiendo y puede tardar una hora hasta que se termina el plato ¿Qué puedo hacer? 

La comida debe hacerse sin prisas, masticando bien, pero tiene un tiempo limitado generalmente. Se ha marcado una meta inadecuada: la comida termina cuando se termina el plato.

La meta más bien debería ser “la comida termina cuando no quiere comer más”. Para esta situación que plantea nuestras orientaciones son:

1º. Evite las distracciones durante la comida, especialmente la televisión, no solo porque ralentiza aún más la comida, sino también porque distrae el apetito que el niño pueda tener.

2º. Ofrézcale de cada plato muy poca cantidad o a su edad, 8 años que se sirva él mismo lo que quiera.

3º. No le fuerce ni le obligue: ofrézcale la comida y que coma lo que quiera.

4º. Cuando no quiera más de un plato no le insista, se le pregunta y si no quiere más se le retira sin hacer comentarios negativos y se le ofrece el siguiente.

5º. Haga de la comida un momento agradable y no un tiempo de pelea, discusiones y llantos.

6º. Evite por todos los medios:

  • Beber refrescos o zumos durante la comida.
  • Comer antes de la comidas.
  • Comer entre la comida y los tentempiés.

Si come poco no ocurre nada. Los padres siempre esperan que coma más. Si sospecha que efectivamente el niño tiene algún problema, consulte a su pediatra.

A medida que crecen los niños van buscando su autonomía. Es importante que sepan que la responsabilidad de sus actos es cosa suya.

Para  ayudarles  a  crecer con madurez y ser felices es fundamental  que  padres  y educadores  procuremos fomentar la autonomía, para  que sean capaces de hacer las cosas por si mismos.

Normalmente tendemos a protegerles, es cierto que necesitan un adulto que les ayude a organizarse, pero han de  ir asumiendo responsabilidades poco a  poco; no debemos obsesionarnos, confiar en sus  capacidades y dejarles solos, siempre supervisando.

Es un error  pensar que los  niños  no  pueden ser  responsables,  si  pueden  serlo. Poco a  poco han de  ir ocupándose de cosas que si pueden hacer y de este modo aprenden a ser autónomos.

Beneficios de la Autonomía en los niños

  •  Favorece su capacidad de concentración, al ver que esto es responsabilidad suya.
  •  Les ayuda a pensar, no les viene todo pensado de fuera
  •  Desarrollan su fuerza de voluntad y su capacidad de esfuerzo, imprescindible para  lograr sus metas.
  • Fomentan su autodisciplina y control interno.

Consejos para ayudarles a ser Autónomos y Responsables

  • Da poco a  poco a  los niños responsabilidades  adecuadas a  su edad  (vestirse, recoger su cuarto, colaborar en tareas de la casa, ocuparse y organizar sus tareas escolares)
  • Involúcralos  en la planificación y elaboración  de tareas  en los eventos familiares (fiestas, paseos, salidas , compra, etc. )
  •  Establece horarios y rutinas así como reglas. Han de ser concisos, claros y consensuados.
  •  Confía en sus capacidades y déjale solo, aunque supervisa.  Si le transmites que crees que es capaz, el niño lo creerá.
  •  Apórtale seguridad en si mismo dejándole que se ocupe solo de hacer determinadas tareas.
  • Deja que se equivoquen, y habla con él, de lo que ha pasado  y de cómo evitarlo. Haz que aprenda de sus equivocaciones.
  • Estimula  los logros con comentarios  positivos.  Deja los regalos para  ocasiones especiales,  no le motives con ellos, ha de aprender  la importancia de ser responsable, por los beneficios  que le aporta no porque vaya a recibir un regalo.

Celia Rodriguez Ruiz

Nuestro hijo tiene 3 años y hace unos meses que ha comenzado en la escuela. La maestra nos ha comentado que muerde a los otros niños. Ya le ocurría en la guardería, pero no sabemos qué hacer.

El hecho de morder a los demás niños en situaciones en las que se disputan juguetes, turnos, espacios de juego o cualquier posesión, es un fenómeno que ocurre en niños hasta los 3 ó 4 años.

Suele estar asociado a diversas causas:

– Es más frecuente en niños con dificultades para comunicarse, por ejemplo en niños que presentan un retraso en el desarrollo del lenguaje.

– También ocurre en niños que viven con un alto grado de estrés, bien por algún cambio producido en el ambiente familiar, por el mismo hecho de iniciar una nueva etapa escolar o por sentirse superados por la situación.

– En algunas ocasiones, el niño obtiene algo positivo del hecho de morder: puede que así el niño consiga el juguete que desea; puede que reciba una especial atención de sus educadores e incluso morder le sirve para que sus padres se lo lleven a casa antes o pase unos días sin ir al colegio.

Como este comportamiento suele ocurrir en la escuela, será allí donde se adoptarán las medidas más eficaces.

Sin embargo, los padres sí pueden actuar manteniendo estas pautas:

1º. Corregirlo si se presencia un episodio. Si el niño muerde estando los padres presentes, por ejemplo en el parque, lo corregiremos inmediatamente. La corrección consiste en decirle con contundencia y firmeza que no se muerde, que eso está mal. Cuando se le corrige hay que evitar hacerlo demasiado alterados o utilizar cierta violencia verbal.

2º. Adoptar medidas inmediatamente. Una vez corregido, adoptaremos la medida de “tiempo fuera”. Esta medida consiste en apartar al niño de la actividad a un lugar aburrido, pero seguro y supervisado, durante un tiempo limitado, normalmente, tantos minutos como años tiene el niño.

3º. Enseñarle la conducta alternativa. Una vez que ha concluido el “tiempo fuera”, le podemos enseñar de manera concreta y sencilla, cómo debería haber actuado en la situación en la que se ha producido; por tanto, enseñarle un  comportamiento alternativo.

4º. Cuando el niño no muerda en situaciones en las que suele hacerlo, hay queelogiarlo y dar muestras de satisfacción, porque de esa manera reforzarán la conducta adecuada.

5º. Si el chico ha mordido en la escuela durante la jornada y nos lo comentan a la salida, no tiene demasiado sentido una corrección contundente o situar al niño en “tiempo fuera” al llegar a casa. Sin embargo, sí se pueden realizar otras actuaciones como las siguientes:

  •  Corregirle, haciéndole saber que no se puede morder a los demás niños, de manera que reciba el mismo mensaje que desde el colegio.
  • Aunque es pequeño, se le puede hacer reflexionar sobre cómo se sentirá el otro chico, qué pasaría si a él le mordiera otro niño.
  • Evitar que el niño obtenga alguna ganancia por el hecho de morder como quedarse en casa unos días sin asistir a clase o que esto le sirva para salirse con la suya.

6º. Si hubiera un cierto retraso del lenguaje o algún otro problema de comunicación, una medida eficaz a medio plazo, es estimular el desarrollo de su lenguaje.  Para ello, lo mejor es consultar a los mismos profesionales que trabajan en el centro escolar, para que ellos le faciliten orientaciones o decidan si requiere un tratamiento específico.

7º. Si pasado un tiempo prudencial, dos meses como máximo, la conducta no remite, sí es conveniente consultar a un especialista para que valore la situación y les dé pautas más adecuadas a su caso