Escuela de Padres

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 Cfr. Elena López. Rev. Hacer Familia.

EXISTEN MUCHAS MANERAS DE TRANSMITIR CARIÑO A NUESTROS HIJOS E HIJAS. DECIRLES “TE QUIERO”, POR EJEMPLO, ES UNA DE ELLAS. PERO NO LA ÚNICA. LOS ABRAZOS, LAS CARICIAS O NUESTRA ATENCIÓN INDIVIDUALIZADA TAMBIÉN SON IMPORTANTÍSIMOS A LA HORA DE REFORZAR SU PERSONALIDAD. EN NUESTRAS MANOS ESTÁ QUE SEAN PERSONAS CONFIADAS Y SEGURAS DE SÍ MISMAS EL DÍA DE MAÑANA.

Acurrucarse

Pasar un ratito acurrucados mientras leemos un cuento, o vemos una peli (si son más mayores) es una experiencia que seguro no olvidará nunca. Podemos proponer que elijan ellos. En el caso del cuento, es un buen sistema para que se vayan a la cama. Incluso desearán que le digamos “que es hora de irse a dormir”.

Achuchones

Aunque no haya un motivo concreto para hacerlo. A la salida del cole, por casa, en los columpios… Lo importante es que por el contacto físico perciba lo mucho que le quieres. En la adolescencia, no es tan sencillo, pero ¡ataca! Además, si sufre de timidez, gracias a tu iniciativa le costará menos ser afectuoso con otros.

“¿Me quieres?”

Aprovecha estas preguntas para explicarle lo mucho que significa para ti. No se trata de aburrirles con grandes disertaciones sino más bien contarles pequeñas anécdotas que le demuestren lo que le quieres. (Con cuánta ilusión esperabais su nacimiento, la cara que pusisteis cuando le viste por primera vez…) Estas historias serán vehículo perfecto para transmitirle todo el afecto que necesita.

Un secreto…

… y cuando tengas a mano su oreja susúrrale eres el niño (niña, chico…) de __ años que más quiero del mundo. Pero ¡ojo! es nuestro secreto y no se lo puedes contar a nadie. Así, no sólo estará feliz porque le cuentas cosas maravillosas al oído, sino que se creará una complicidad entre ambos que será realmente beneficiosa para vuestra relación.

Juega

El Juego es una buena forma de expresarle nuestros sentimientos. A lo que sea… Lo importante es que paséis un tiempo juntos. Así, además de enseñarle a jugar y a respetar las reglas podrás transmitirle todo tu cariño mientras te dejas “pillar” o le encuentras después de buscarle durante un ratito, o reconoces que en esto te supera porque con los mayores, también. Una buena partida al Uno o la consola, no tiene precio.

 

¡No faltes!

A sus acontecimientos. Es más, procura llegar pronto y ¡en primera fila con cámara incluida! Sentirá que en ese momento no hay nada más importante para ti que su persona. Luego, podéis utilizar las fotos para hacer un álbum entre los dos. Así podréis comentarlo y recordar esa fecha tan especial siempre que lo deseéis. Y, si los mayores rezongan, ni caso. En el fondo lo agradecen.

El paño de lágrimas

Es en los malos momentos cuando más necesita de tu cariño. Si está triste, pregúntale qué pasa y ofrécele toda tu ternura. Quizá sólo es una simple discusión. No le quites importancia. Ofrécele todo tu apoyo y anímale a solucionar la situación. Y si no quiere contártelo, no te agobies. Mírale a los ojos y dile: estoy aquí para lo que necesite. Siempre. Lo sabes ¿verdad?

Una tarde en la cocina

Puede ser una buena excusa. Hacer una tarta juntos o preparar su cena preferida con su ayuda, le harán sentir útil y querido. Además, qué mejor lugar que los fogones y la cocina para compartir interesantes secretillos. Aprovecha la situación y establece las bases de una buena comunicación.

El arca del tesoro

Enséñale donde guardas las cosas o dibujos que te regaló. Le llenará de orgullo y alegría. Sobre todo si al enseñárselo le vamos contando pequeñas anécdotas de aquella época: Cómo esperabas con ilusión que llegase tu Día para recibir su regalo, lo que dijeron los demás… Así comprenderá lo importante que es en tu vida.

 

Al enemigo… desprevenido

Si os cruzáis u os encontráis por la casa, pégale un abrazo y un beso diciéndole algo como “¡pero qué cosa más guapa, madre!” puede obrar auténticos milagros en los pequeños y “sana protesta” en los mayores. Igual nos sorprenden a nosotros con algo parecido cuando menos nos lo esperemos.

Una galería

Organiza una galería de fotos en algún lugar de la casa con las que vaya teniendo cada curso. Así, los invitados podrán verlo y hacer comentarios. ¡No hay nada que más les guste que sentirse importantes, aunque sólo sea durante unos minutos!

Crear “ambiente”

Procura crear en casa un ambiente de ternura generalizado. Que sientan que su familia se quiere es tan importante como que les digamos lo mucho que nos importan. Si observa cómo nosotros nos decimos palabras cariñosas a diario y nos apoyamos mutuamente, no dudará en entrar en el juego participando activamente y manifestando con total libertad sus sentimientos hacia nosotros.

Aprovecha los días más largos

Cuando las tardes son más largas, iros a pasear. Este puede ser un rato para charlar sobre “las cosas importantes de la vida” (sus amigos, sus juegos, sus sentimientos…) Son cosas que dejan su poso. Hacer recados, ir de compras…

Perdón Público

Las discusiones familiares son algo normal. Si oye pelear, que también vea cómo os pedís perdón. Así, no se sentirá angustiado pensando que ya no os queréis o, lo que es peor, que es culpable de la tensión. Y aprenderá a pedirlo y a otorgarlo.

Mírale

Cuando te hable, deja lo que estés haciendo y mírale a los ojos. Mantén una expresión que anime y respóndele con cariño. Esto, tan simple, le hará mucho bien: Sabrá que te importa, que sus cosas están muy por encima de cualquier tarea o la tele. Es protagonista, tu principal prioridad en este mundo.

A reírse juntos

Cualquier excusa puede ser buena: Un chiste, unas cosquillas… Necesitan reírse para expresar su felicidad, pero también necesitan ver cómo en su casa habitualmente os reís. Para ellos es sinónimo de equilibrio, amor y estabilidad.

Aplaude y aclama

Cuando te diga “mira qué he hecho”, míralo. Aplaude y aclama: “buen trabajo”. Igual sólo es un monigote de plastilina, pero sentirá que estamos orgullosos de su ingenio y aumentará su seguridad. Y no dudará en seguir hacia delante con gran aplomo: Al fin y al cabo, tú ¿no piensas que es una persona maravillosa?

Déjale al margen

No le inmiscuyas en tus preocupaciones. No puede ayudarte y lo único que se provoca es que sufra. Si los problemas económicos, personales o del trabajo te agobian, procura aparcarlos en un rincón de tu cabeza. Un rato en su compañía leyendo “Caperucita” o cantando por enésima vez puede que hasta te venga bien.

Con un poco de azúcar

Todos pasan por malos momentos. Una pelea o un mal día en el cole… El mejor bálsamo es la sonrisa de mamá o papá. No se trata de que le quitemos importancia a su “gran dilema” sino de que le ofrezcamos la tranquilidad suficiente. Le ayudemos a relajarse. Mañana no se acordará de lo que le preocupaba, pero sí recordará siempre la paz que le transmitimos ese día cuando tanto lo necesitaba.

Dale su tiempo

Lo que más aprecia un hijo o hija es la atención “exclusiva”. Si le dedicas cada día un momento sólo para él y sabe que es sólo suyo, se sentirá en el cielo. Es muy importante cuando hay hermanos. Favorece la convivencia y reduce los celos. Intenta organizarte de forma que hagas algo al día sólo con cada uno… y si no, de vez en cuando.

PARA PENSAR

En la infancia y la adolescencia es muy importante sentirse queridos. ¡Bueno! En la infancia, en la adolescencia y en todas las edades… Así que en la medida en que les mostremos el afecto, les acostumbraremos a expresarlo.. ¡ y a nosotros también nos vendrá bien!

Pero, para que la cosa no quede sólo en buenos propósitos, podemos intentar realizar un pequeño “autoexamen” cada noche. Así, podemos descubrir cuántas veces a lo largo del día hemos “ejercido” el cariño y el afecto.

Seguro que, a veces, nos sorprenderemos a nosotros mismos al contar siete, ocho veces. ¡Nos ponemos un notable!

Otras igual no llegamos al “suficiente”. Pues ya sabéis: ¡A recuperar!

Total, mucho no nos costará ¿A quién no le gusta un cariño?

Hay una idea muy extendida que es la de ver el conflicto como algo negativo y, por tanto, algo a eludir. Esta idea probablemente esté basada en diversos motivos:

– lo relacionamos con la forma en la que habitualmente hemos visto que se suelen enfrentar o “resolver”: la violencia, la anulación o destrucción de una de las partes y no, una solución justa y mutuamente satisfactoria. Desde las primeras edades los modelos que hemos visto apuntan en esta dirección: series infantiles de televisión, juegos, películas, cuentos,…
– todas las personas sabemos que enfrentar un conflicto significa “quemar” muchas energías y tiempo, así como pasar un rato no excesivamente agradable.
– la mayoría sentimos (incluidos educadores y educadoras) que NO hemos sido educadas para enfrentar los conflictos de una manera positiva y que, por tanto, nos faltan herramientas y recursos. En los programas de las facultades de pedagogía y de ciencias de la educación se echan a faltar temas como la resolución de conflictos.
– tenemos una gran resistencia al cambio. Aunque las cosas no estén bien y lo veamos claro, muchas veces preferimos mantenerlas así antes que asumir los riesgos que significa meternos en un proceso de transformación.

No obstante, creemos que el conflicto es consustancial a las relaciones humanas. Interaccionamos con otras personas con las que vamos a discrepar y con las que vamos a tener intereses y necesidades contrapuestas. El conflicto además es ineludible, y por mucho que cerremos los ojos o lo evitemos, él, continúa su dinámica. Es algo vivo que sigue su curso a pesar de nuestra huida, haciéndose cada vez más grande e inmanejable.

Pero vamos incluso más allá, consideramos que el conflicto es positivo. Se podrían dar muchos motivos, pero resaltamos dos:

– Consideramos la diversidad y la diferencia como un valor.Vivimos en un solo mundo, plural y en el que la diversidad desde la cooperación y la solidaridad, es una fuente de crecimiento y enriquecimiento mutuo. Convivir en esa diferencia conlleva el contraste y por tanto las divergencias, disputas y conflictos.
– Consideramos que sólo a través de entrar en conflicto con las estructuras
injustas y/o aquellas personas que las mantienen, la sociedad puede avanzar hacia modelos mejores. Es decir, consideramos el conflicto como la principal palanca de transformación social, algo que como educadores y educadoras por la paz debe ser, precisamente, uno de nuestros objetivos básicos.
– Consideramos el conflicto como una oportunidad para aprender. Si el conflicto es algo connatural a las relaciones humanas aprender a intervenir en ellos será algo fundamental. Si en lugar de evitar o luchar con los conflictos, los abordamos con los chicos/as podemos convertirlos en una oportunidad para que aprendan a analizarlos y enfrentarlos. Resolver un conflicto por si mismos, además de hacerles sentir más a gusto con el acuerdo, les dará más capacidades para resolver otros en el futuro.

El reto que se nos plantea será, cómo aprender a enfrentar y resolver los conflictos de una manera constructiva, “noviolenta”. Esto conlleva comprender qué es el conflicto y conocer sus componentes, así como desarrollar actitudes y estrategias para resolverlo. Entendemos por resolver los conflictos, a diferencia de manejarlos o gestionarlos, el proceso que nos lleva a abordarlos, hasta llegar a descubrir y resolver las causas profundas que lo originaron. No obstante, la resolución de un conflicto no implica que a continuación no surjan otros. En la medida que estamos vivos y seguimos interaccionando y creciendo, seguirán apareciendo conflictos que nos darán oportunidades para avanzar o retroceder, según cómo los enfrentemos y resolvamos.

Por tanto, desde la educación para la paz vemos el conflicto como algo positivo e ineludible que debe ser centro de nuestro trabajo. Para ello trabajaremos con aquellos conflictos que cotidianamente tenemos más cerca (interpersonales, intragrupales, etc.) en lo que llamamos microanálisis, y con los grandes conflictos (sociales, comunitarios, internacionales, …) en lo que llamaremos macroanálisis. En las primeras edades nos quedaremos fundamentalmente en el ámbito del microanálisis y las relaciones interpersonales, mientras que en los cursos superiores, sin descuidar este aspecto, trabajaremos cada vez más los conflictos sociales e internacionales.

El objetivo principal no es que el profesorado aprenda a resolver los conflictos de los alumnos y alumnas, sino trabajar con ellos para que aprendan a resolverlos por sí mismos, convirtiendo esa resolución no sólo en un éxito presente, sino en un aprendizaje para otras situaciones que se les darán en la vida cotidiana.

Marisol Muñoz-Kiehne, PhD

Ya que…

  • Las estadísticas recientes calculan que una de cada cuatro mujeres va a ser maltratada físicamente por su pareja.
  • Se estima que el maltrato verbal y emocional es aún más frecuente.
  • La violencia doméstica afecta a todo grupo social y a todo miembro de la familia.
  • La violencia familiar es el precursor principal de las muertes de niños por abuso o negligencia.
  • Los niños siempre son víctimas en estas situaciones, aún cuando no se les abuse directamente, o cuando parezca que son muy pequeños para darse cuenta.
  • Los estudios señalan que los niños que han sido testigos de violencia en su hogar corren riesgos altos de ser abusados, involucrarse en conductas delincuentes, y cometer abuso según crecen.
  • La violencia familiar es un patrón que tiende a repetirse, y empeorarse con el tiempo.
  • La violencia consiste de conductas aprendidas las cuales tienden a ser pasadas de generación en generación.

Recordemos…

  • Busquemos educación, información y orientación.
  • Trabajemos por la prevención, la intervención, o la sanación de las heridas que causa la violencia familiar.
  • La violencia familiar es asunto de todos.
  • Hombres: no hay excusas, pero hay soluciones para su violencia.
  • Mujeres: liberarse de relaciones abusivas no es fácil, pero es posible. Y, “mejor sola que mal acompañada.”
  • Niños: hay esperanza y ayuda.

La violencia familiar incluye abuso:

  • Verbal
  • Emocional
  • Físico
  • Sexual
  • Económico

Algunos síntomas y efectos de la violencia familiar en los niños:

  • Tristeza y depresión
  • Ira y agresión
  • Temores y preocupación
  • Pesadillas y Pandillas
  • Problemas en el desarrollo
  • Problemas en el aprendizaje
  • Problemas en las relaciones interpersonales

¿ Qué hacer?

  • Buscar protección y refugio
  • Buscar apoyo y ayuda (para los adultos y para los niños)
    – Médica
    – Emocional
    – Legal
    – Económica
  • Crear un plan de seguridad
    – Salida de emergencia
    – Contactos de emergencia
    – Objetos importantes (documentos, medicinas)
    – Enseñar a los niños a usar el 911

Recursos:

  • Línea Nacional de Emergencias sobre Violencia Doméstic
  • Algunas agencias que ofrecen refugio, apoyo y abogacía:
  • Panfleto “Manual de violencia doméstica: Guía de sobrevivencia,” del Centro de Prevención del Crimen y Violencia, Procurador General del Estado de California. (Puede conseguirse gratis llamando o escribiendo a la oficina).
  • Libro “Mejor sola que mal acompañada” y “¡No más!: Guía para la mujer golpeada,” de Myrna Zambrano
  • Libro “Violencia masculina en el hogar: Alternativas y soluciones,” de Antonio Ramírez.

Marisol Muñoz-Kiehne, Ph.D.

Supervisión:

  • ¡Ojos abiertos! Observar cuidadosamente la apariencia y comportamiento de sus niños a diario
  • Supervisar el juego y las actividades de sus niños
  • Prestar atención a las relaciones de sus niños con otras personas
  • Estar alerta al entorno físico de los lugares que sus niños frecuentan
  • Estar alerta al ambiente social de los lugares que sus niños frecuentan
  • ¡Cuidado con quien los cuidan! Escoger a conciencia a quién le encarga sus niños
  • ¡Cuidado con quien se juntan! Conocer las amistades de sus niños

Comunicación:

  • Demostrarles a sus niños a diario que son importantes y valiosos
  • Hablar frecuente y honestamente con sus niños
  • Hacerles preguntas y responder a las preguntas de sus niños
  • Enseñar a sus niños a reconocer y expresar sus sentimientos, tales como la incomodidad y el temor
  • Discutir regularmente las reglas de seguridad con sus niños
  • Discutir las noticias según el nivel de comprensión de sus niños
  • Repasar los planes de emergencias con sus niños
  • Jugar “¿Qué harías si…?” con sus niños

Educación:

  • ¡Lo antes, mejor! Nunca es muy temprano para empezar a enseñarles a protegerse
  • Enseñarles a sus niños su nombre, dirección, y teléfono
  • Enseñarles a sus niños a no compartir información personal con desconocidos
  • Enseñarles a consultar a los adultos antes de contestar la puerta o el teléfono
  • Enseñarles a consultar a los adultos antes de aceptar regalos o invitaciones
  • Enseñarles la diferencia entre los secretos saludables (sorpresas) y los secretos peligrosos
  • Enseñarles a cómo mantener distancia física segura
  • Educarles sobre las partes privadas del cuerpo de sus niños, y quién puede tocarlas y cuándo
  • Practicar estrategias para lidiar con invitaciones amistosas
  • Practicar estrategias para lidiar con la intimidación
  • Ensayar el decir “¡No!”
  • Ensayar el pedir ayuda
  • Recordarles que el abuso nunca es culpa de los niños
  • Utilizar recursos educativos (libros, juegos) sobre cómo prevenir el abuso de los niños

La bofetada, el azote… son algunos de los métodos utilizados para reprender a los niños. Algunos padres consideran que pegar a los hijos de vez en cuando es imprescindible para corregirlos. A otros, aunque están en contra de esa práctica, se les escapa la mano de forma involuntaria cuando la situación los sobrepasa.

Las últimas tendencias educativas, basadas en la tolerancia y la libertad, recomiendan el diálogo como forma de modelar la personalidad del niño, pero algunos padres no renuncian al azote o la bofetada para imponer la disciplina. 

El cachete o el azote a los niños

Sara no tiene más de tres años y, sin embargo, está intentando manejar a su madre en un concurrido centro comercial, con una de sus habituales rabietas. No deja de chillar, pero le da tiempo a mirar a su alrededor y controlar a su público. Su madre en un principio le repite con calma: “Vale, Sara”. La niña no para de patalear tirada en el suelo y la madre, visiblemente nerviosa, va elevando su tono de voz. No sabe qué hacer ante su terquedad. Sus labios se estrechan, sus hombros se tensan y, por último, termina por darle un azote y llevársela a la fuerza cogiéndola fuertemente de un brazo.

El azote o el cachete son todavía elementos presentes en muchas escenas cotidianas. Los padres generalmente se arman de paciencia, pero son muchas las situaciones que les hacen perder los nervios: “¡Come de una vez! ¡Deja en paz a tu hermano! ¡Te has vuelto hacer pis! ¡Te lo avisé y aun así lo has roto!, ¡No repliques! ¡Te lo he dicho mil veces!…”.

Por qué un niño se porta mal

Hay que tratar de averiguar las razones que puede haber detrás de un comportamiento difícil. Puede ser simplemente que se haya alterado su rutina y que el niño tenga hambre, esté cansado, aburrido, o incluso sobreexcitado; o puede ser que esté atravesando por una situación que le puede provocar ansiedad (nacimiento de un hermano, separación de los padres, cambio de colegio, etc.).

Estas son cosas que se pueden prevenir fácilmente. Pero en muchos casos las razones son más profundas. La llamada educación liberal, caracterizada por la tolerancia –como huida desesperada del sistema autoritario anterior– ha confundido permisividad con ausencia de normas y ha conseguido desconcertar a los padres. La supresión total de límites ante el temor de producirles traumas también tiene fallos. Inculcar la disciplina como un ejercicio de autocontrol no siempre funciona. 

Consecuencias del castigo físico a los niños

Juan comentaba: “si los azotes dejasen secuelas, nuestra generación sería una panda de tarados”. Es verdad que un pescozón aislado no traumatiza, pero hay que procurar que no ocurra. Por supuesto, si en alguna ocasión se da un azote –se preguntarán que quién no lo ha hecho alguna vez–, no hay que considerarse un maltratador, pero hay que tender a erradicar esta práctica.

El castigo físico ni es terapéutico para el que lo produce, ni pedagógico para el que lo recibe. Se trata de un descontrol emocional personal del adulto, un desahogo momentáneo que normalmente genera a continuación malestar y sentimiento de culpa. Nadie concibe que en su trabajo, aunque sea por su bien, reciba un tortazo de su jefe al cometer algún fallo.

El bofetón es desaconsejable porque, aparte de humillar al niño y dañar su autoestima, le proporciona un modelo a imitar y del que aprender. No le enseña por qué suceden las cosas ni cómo hacerlas correctamente. Este tipo de conducta genera además violencia, rebeldía, temor y falta de confianza en los padres. El niño acaba obedeciendo por miedo al castigo, pero sin comprender el motivo de la sanción en la mayoría de los casos. Y por supuesto, termina por impedir la comunicación entre padres e hijos.

Coherencia en la educación del niño

Está claro que es imprescindible firmeza para que el niño aprenda a respetarse a sí mismo y a los demás. Pero aprender a “someterse” sin coherencia le puede confundir. No entiende por qué a los niños se les puede pegar y a los adultos, no; por qué él no puede chillar y los mayores sí; por qué no puede mentir y a veces, cuando a sus padres les conviene, le piden que lo haga; por qué lo que hoy le permiten hacer, mañana se lo prohíben…

Se puede llevar a cabo una disciplina positiva siendo justos y haciendo lo correcto. Es importante marcar los límites a los hijos, pero también hay que ayudarlos a crecer. Hacerles saber lo que se espera de ellos, adoptar actitudes positivas recalcando las formas correctas de actuar y no censurar continuamente los errores. 

Alternativas a los cachetes de los padres a los niños

1.- Palabras que expresen con claridad nuestros sentimientos pero sin atacar al niño. Conviene usar frases cortas aunque firmes: “Estoy muy enojado/a…”. Según las circunstancias, añada una pequeña frase acerca de sus expectativas: “Espero que cuelgues el abrigo nuevo y no lo dejes tirado por el suelo”. No conviene decir nada sobre el carácter del niño o de su personalidad (“eres un desastre”). Podemos decir cómo nos sentimos, pero sin necesidad de insistir en lo “malo” que es el niño.

2.- Irse. La mejor palabra de cuatro letras para cortar una pelea subida de tono. El alejarse de la escena ofrece la posibilidad de serenar el ánimo y pensar en lo que debemos decir cuando estemos otra vez con el niño.

3.- Hacer las paces cuando la tormenta ha pasado. Los padres pueden volver a mostrarse cariñosos y hacer saber a sus hijos que su enfado, por muy fuerte que parezca, es pasajero. 

Virginia González. Psicóloga y maestra de Educación Infantil

La separación es un proceso tormentoso para toda la familia y en especial para los niños. Es necesario saber cómo manejar el antes y después para evitarles daños psicológicos y emocionales.

Anthony, de cuatro años, empezó a mojar de nuevo la cama, Emily de 7 años presentó una etapa severa de rebeldía y Adrián de 10 años casi pierde su año lectivo. Según la psicóloga Erika Bermúdez, todos tenían un factor en común: sus padres se divorciaron: “El divorcio es inevitablemente un proceso tormentoso para la familia. Siempre va a ser una noticia difícil de comunicar a los niños y un impacto emocional para ellos. Es común recibir casos de niños con trastornos del comportamiento y psicológicos muy significativos debido a un mal manejo de la comunicación sobre el divorcio de sus padres”, agrega la psicóloga.

No obstante, aunque no podemos hacerles inmunes a lo que sucede en su entorno, sí podemos guiarlos para minimizar el impacto y que la adaptación sea positiva. La psicóloga explica que el primer paso es la comunicación efectiva. Sin importar la edad que el niño tenga, siempre debe conocer la noticia de boca de sus padres en una reunión seria, controlada y con la presencia de ambos.

Pero ¿qué decirles y qué no? La psicóloga infantil Erika Bermúdez y la psicopedagogía Carolina Herrera señalan estos consejos básicos:

Antes de hacer maletas. No se debe dar la noticia en el mismo momento en que alguno de los padres hace las maletas para salir de casa. Lo recomendado es que -una vez que los padres tomaron la decisión- se les anuncie a los niños y se deje un pequeño período de asimilación de mínimo una semana para reducir el choque inicial. “Papá ya no vivirá con nosotros a partir de este viernes”, por ejemplo.

Cero mentiras. Lo más importante es ser claro. Hay que adaptar el lenguaje a la edad del niño y su capacidad de entender, pero nunca darle información falsa. Por ejemplo, se debe evitar las historias como “papá se va de viaje por un tiempo”, “papá vivirá en otra casa más cerca del trabajo”, “papá se irá de casa para acompañar a tu abuela”, etc. “Tampoco es sano decirles que la decisión es temporal o que pronto se arreglará. Si la decisión es definitiva, esa información le generará una expectativa falsa y el niño se sentirá engañado”, agrega Bermúdez.

Rompen los esposos, no los padres. Es importante señalar que la decisión ha sido tomada por situaciones propias de los adultos, que no tienen nada que ver con ellos. El niño debe entender que papá y mamá ya no van a estar juntos como esposos, pero sí como padres. Lo que significa que no ha perdido a ningún de los dos, que los dos van a estar juntos cuando los necesite: en su cumpleaños, en su graduación, cuando esté enfermo, cuando tenga una presentación, etc. “El principal error es que se les explica mal la situación y ellos creen que nunca más van a ver a alguno de los padres, por lo que no entienden la realidad de la circunstancia”, explica Herrera.

Claro, pero sin detalles. Aunque es necesario ser claro y sin mentiras, hay información que es mejor no revelar. Con esto nos referimos a los motivos concretos de la separación. Por ejemplo, nunca hay que confesarles que alguno de los dos padres fue infiel o que los celos destruyeron la relación. “Además, hay que evitar las ofensas, las malas caras o las indirectas mientras se le explica al niño que decidieron vivir separados”, agrega Bermúdez.

Pero aún siguiendo esos consejos, cada niño asimila la noticia de forma distinta según su edad y su capacidad de adaptación, por lo que es normal que surjan algunos cambios en su comportamiento durante los primeros meses de la separación; entre ellos están cambios de humor como rebeldía o sensibilidad, cambios significativos en el nivel académico -como desconcentración y desinterés por el estudio-, falta de apetito e incluso regresiones, como volver a mojar la cama o no querer dormir solo.

“Sin embargo, cuando logran la nueva adaptación a la situación, estos síntomas desaparecen. Solo si los síntomas son incontrolables o permanecen más allá de los primeros días, será necesario consultar a un especialista”, concluye la psicopedagogía Carolina Herrera.

Consejos tras el divorcio

  • Cumplir el régimen de visitas; nunca negar el acceso al niño ni fallar en las visitas programadas.
  • Nunca discutir frente a los niños de ningún tema, mucho menos sobre el dinero de la pensión o reclamos por la separación.
  • Nunca hablarle mal a los hijos de la ex pareja. Dejó de ser su parea, pero no dejó de ser el padre o madre.
  • Ponerse de acuerdo en decisiones importantes como lo que es permitido o no, la escuela a la que asiste, etc.
  • No separarlos de la familia del padre que se fue, como tíos, primos y abuelos.
  • Mantener sus rutinas lo más intactas posibles, la forma de llegar a la escuela, sus espacios de ocio, etc.

El romanticismo es parte de cuidar nuestra pareja y también hay que incluirlo en nuestro día a día. Por eso está bien usar la imaginación para encontrar la forma de hacerlo. Buscar estrategias para tener esos espacios solo de adultos no es tarea fácil si hay niños pequeños. Te presentamos algunos tips románticos para madres de hoy.

¡Al fin solos!

Existe una imagen del romanticismo que tiene que ver con una cena a la luz de las velas en un restaurante de lujo, pero si eres mamá como yo, no siempre es posible. Lo bueno es que podéis crear momentos únicos usando un poco la imaginación.

Tips que te pueden servir de disparadores para hacer tu propia lista:

1.- Un desayuno completo al dejar a los chicos en el colegio

Las mañanas pueden ser un tanto caóticas en mi casa. Somos muchos, queremos despertarnos lo más tarde posible, todos necesitamos hacer las mismas tareas (vestirnos, ir al baño, desayunar, repasar lo que tenemos que llevar al salir de casa para no olvidarnos nada, por ejemplo) y necesitamos salir al mismo tiempo.

Es una hora intensa que puede traer cada tanto alguna que otra discusión. Entonces, ¿qué mejor para cambiar el humor del día?, una vez que dejamos a todos los chicos ubicados en el cole ¡un desayuno en pareja! Seguro que vamos a disfrutar del momento y cargar pilas para el resto del día. Puede ser en casa o en un lindo bar. El mismo puede incluir algo que le guste comer a tu pareja.

2.- Un almuerzo sorpresa

Si entiendes que el romanticismo, ese momento de a dos, puede ser en cualquier hora del día, entonces quizás puedes planear una sorpresa para tu pareja. Para empezar le mandamos una invitación por mail, whatsapp o Facebook, elegimos lugar y horario y en vez de ir a un lugar de comida rápida, seleccionamos un espacio donde se pueda charlar, aislarte del mundo por un rato y conversar con el amor de tu vida.

No importa la hora, lo que vale es encontrarte con tu media naranja para compartir un momento.

Quizás te pase como a mí, que terminas hablando el 80% de los chicos, pero no importa, porque lo que vale es estar juntos.

3.- Sushi y películas en el sillón de casa

En casa el horario de ir a dormir es sagrado. Por un lado, estoy convencida que los chicos necesitan sus rutinas y por el otro nosotros como padres, también necesitamos tiempo solos.

hay días que podemos salir con una niñera pero hay otros que no se puede, ya sea por motivos económicos o porque se enfermó alguno o porque estás agotada después de un largo día.

Aquí un buen delivery( de Sushi para mí es ideal) y una película de tu proveedor de cable es la combinación perfecta. Quizás te enganchas con una serie nueva (o vieja que tenías pendiente) y empiezas del capítulo 1 temporada 1.

Nosotros somos de mirar series juntos, buenas, malas, divertidas, más serias. No importa cuál, lo que sí importa es que lo hacemos juntos, en nuestro sillón favorito, ahí en el hogar que tanto amamos.

4.- Detalles sorpresa para el otro

Muchas veces siento que soy yo la que necesita un regalo sorpresa, una atención o por lo menos una flor. Quizás hasta me enfado si esto no sucede y mi marido no adivina cuál es ese momento exacto en donde espero que sea romántico y que adivine qué es lo que estoy esperando.

Es hora de dar vuelta la situación. ¿Y si somos nosotras las que empezamos? Quizás buscar aquel detalle que el otro está buscando y sorprenderlo con una compra, una cena especial o las galletitas preferidas. No tiene que ser algo que implique mucho dinero, sólo algo que le demuestre al otro que durante el día, en algún momento estuvimos pensando en él.

Y así, la cadena empieza, una linda. Esa mañana que arrancó un beso y terminó con otro.

5.- Una noche de novios

Siempre hay una abuela, tía, sobrina o niñera que puede quedarse con los chicos un rato para que se pueda salir de a dos.

Me gusta salir cuando puedo porque arreglarme para mi pareja me trae infinitos recuerdos de cuando éramos más jóvenes y nos conocimos allá hace tantos años.

Podéis elegir un lugar que esté cerca de tu casa o uno que esté cruzando la ciudad, que sea elegante o no tanto. No importa, porque volver a salir los dos, sin estar cuidando a los chicos también está bien.

Volver a salir solos después de tener a tus hijos es una etapa que vas a disfrutar un montón.

Quizás cuando tus hijos sean más grandes, y sobre todo cuando te sientas cómoda, será el momento de un fin de semana romántico.

Creo que no hay momento definido para esto.

Cada mamá, cada papá, cada familia es un mundo con sus propios tiempos y necesidades.

Tres tips para disfrutar esos momentos románticos:

Y llegó el instante para disfrutar ese espacio con tu pareja. Ya estás en el desayuno, en la cena en tu casa o en tu restaurante favorito o quizás en la cocina disfrutando la reacción del otro cuando vio eso que le trajiste y que tanto estaba queriendo.

  1. Deja tu teléfono móvil de lado, tanto esfuerzo en crear el espacio, organizar los chicos para ¿jugar al Candy Crush? ¡Nooooo! En vez de estar pensando en cuál es la mejor foto para recordar el momento, relájate y disfrútalo. Desconéctate por lo menos un rato y vais a pasarlo mejor.
  2. No traigas discusiones del pasado: todos tenemos algo que no nos gustó del pasado pendiente para discutir, pero no siempre, creo yo, es el momento propicio. Podéis dejado para otro momento y ahora hablar de cosas lindas que tengan que ver con la pareja y con la familia que estáis formando juntos.
  3. Ponte linda: en camisón o de gala podemos estar lindas igual. Para mí, es todo cuestión de actitud (¡y quizás de peinarte un poco también!) Aunque estemos en casa se puede estar radiante y sólo tú sabes cómo hacerlo.