Escuela de Padres

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Representa un paso a la edad adulta. Aunque se mantenga dentro de una relación de pareja, los jóvenes no la conciben como un compromiso duradero de la misma. Es más, son conscientes de que podrán tener otras experiencias, lo que no conlleva llevar una vida sexual desenfrenada.

  • Debemos ser respetuosos con la intimidad de los hijos, pero demostrando que estamos disponibles. Siempre abiertos a compartir, pero evitando invadir. Confiar en ellos, pero no creer que están a salvo de cometer errores que les terminen dañando.
  • Compartir nuestra propia experiencia y subrayar la importancia del respeto a sí mismo, al otro/a, a los tiempos y los modos en que desea iniciar su vida sexual.
  • Hablar con ellos sobre las presiones externas (influencia de los amigos) o internas que podrían llevarles a tener relaciones sexuales insatisfactorias.

Elegir la pareja es una responsabilidad de dos personas y sólo de ellas. Los padres podemos y debemos haber formado a la hija/o en los valores de la vida, en lo que permite ser feliz, en lo que supone la entrega, y con esos principios fundamentales, el hijo o la hija sabrán cuáles son las características de la persona con la que complementarse y vivir en común.

Bien está dialogar con los hijos, aportarles consejos y experiencias, servirles de «pared de frontón», pero sin entrometerse, sin querer decidir/elegir por ellos.

Si les gusta la misma persona que a su amigo/a, en el caso de las chicas, si no les atrae mucho, harán —probablemente— un pacto verbal para desestimarlo, pero si les gusta mucho pueden sutilmente engañarse. Los chicos harán alarde de que la amistad está por encima de todo, pero… Los adultos, más allá de explicar —como siempre— lo importante del respeto y la trascendencia de la amistad, poco pueden y deben hacer.

Con el grupo de amigos, la aparición de una novia/o rebaja la presión del grupo y conlleva la conquista de un mayor grado de autonomía. Supone un cambio en las formas de vida (más control, menos alcohol…). En la actualidad se ha diluido el concepto de noviazgo y se ha minimizado el de posesión, pero no hasta el punto de superar los celos. Y es que en la etapa de enamoramiento la necesidad de entregarse y de poseer sigue siendo una realidad.

Es verdad que el primer amor nunca se olvida porque se siente lo importante, se ve con el corazón, es entrega, percibir la belleza y el equilibrio desde una ardiente intensidad. Amar exige pasión, dedicación; para ello tendremos que haber formado a nuestros hijos en el respeto a ellos mismos, en el respeto al otro, en la responsabilidad para entender lo que significa planificación familiar.

Cuando nuestro hijo mantiene una relación de pareja hemos de propugnar su intimidad y ser prudentes; ha de saber que estaremos encantados de conocer (también al otro/a), de hablar con naturalidad, de aconsejar, de ayudar, pero si así se estima por su parte. Tampoco debe ser un tema tabú e inabordable. Habrá temas que sólo tratará con sus hermanos, y así ha de ser.

Siempre es de profunda intensidad y digno de ser respetado. Se disfruta y se sufre sin límites. Supone la ruptura de la razón, el triunfo del sentimiento, de los afectos.

Su vida comienza a girar en torno a este sentimiento, cualquier pretexto es bueno para hablar de la otra persona, el móvil y el teléfono adquieren mayor importancia, no dejan de sonar ni de hablar por ellos, el tiempo adquiere otra dimensión según si se comparte o no con el enamorado, no importa el frío o el calor, todo se vive con las sensaciones a flor de piel, los besos, las sonrisas, las palabras, los silencios…

Enamorarse es parte de la vida y la labor de quien quiere al enamorado es escucharlo, apoyarlo, intentar entenderlo, sin proponerse trasladarlo a otra realidad distinta a la que está viviendo -incluso si se enamora de quien entendemos que no debe, sólo conseguiremos aumentar el efecto contrario-. Sí cabe servir de hilo conductor con el resto del mundo, pues el enamorado no percibe más allá de su amada/o. Hemos de comprender su insomnio, su falta de apetito, su desbordamiento, su atontamiento.

En la adolescencia se fija la identidad sexual, por ello pueden apreciarse exploraciones, dudas, conductas que han de entenderse como necesidad de experimentar la sexualidad y no interpretarse con premura o erróneamente.

Conversaciones, tocamientos son absolutamente normales entre preadolescentes del mismo sexo. Generalmente estas relaciones son epidérmicas. Pueden vivir experiencias de gran amistad sin indicio de conducta sexual, o con una orientación sexual aún vacilante hacia algunas prácticas homosexuales pasajeras que no confirman su homosexualidad y que llegan a vivirse con vergüenza. Los padres tienen que saber y transmitir que esas dudas o atracciones no predeterminan que el hijo o la hija sean homosexuales.

Los chicos descubren su tendencia homosexual con la repetición de experiencias y, sobre todo, con la exclusividad de este tipo de relación sexual. A partir de los 17 o los 18 años suelen definir su opción y mantener estas relaciones a escondidas por sentirse inicialmente avergonzados.

Hay que hablar y estar cerca del hijo. No culparlo, ni despreciarlo. No se puede negar la realidad, ni intentar influir sobre una opción que es absolutamente personal.

Los padres han de ser receptivos, comprensivos, eludiendo miedos, minimizando dolores. Resulta difícil de asumir para la familia, se rompen expectativas como la de tener nietos o esperar que sus hijos fueran como ellos. La ayuda psicológica es recomendable en algunos casos.

Hemos de hablar con los hijos de lo que son las relaciones sexuales en toda su dimensión humana, no sólo de la simple genitalidad y de la necesidad de usar el preservativo siempre, sino de cómo expresar sus sentimientos y sus sensaciones sin avergonzarse de lo que siente y le pasa, lo que significa el amor, la nobleza que conlleva, el respeto que exige, el compromiso que acompaña.

Hablar de las enfermedades de transmisión sexual, de los síntomas que pueden tener (sensación de escozor al orinar, irritación en la zona genital, pérdida esporádica de sangre), de que el compañero sexual también puede estar infectado, que no informarle supondría una traición y un riesgo de sobreinfección; además, ambos deberían someterse a un tratamiento para que pudiera ser curada la enfermedad. Este tratamiento es confidencial.

Hay que hablar profundamente, conociendo sus fantasías/miedos, sobre los medios preventivos de embarazo. Y explicar la gran diferencia entre métodos anticonceptivos y la denominada «píldora del día después». Hay que informar a las hijas de las revisiones ginecológicas, de los centros de planificación.

Desde luego preocupa la escasa información entre las adolescentes extranjeras, que son las que mantienen mayores relaciones de riesgo: el 39% no utiliza preservativo frente al 12,5% de las españolas que tampoco lo usan.

Una falta de educación sexual, conocimientos de planificación familiar equivocados y un escaso uso de métodos anticonceptivos son las causas que explican la alta tasa de abortos entre las adolescentes que viven en España, cada vez más jóvenes.

hacerles responsables -en la medida de lo posible- y capaces de anticipar las consecuencias de sus actos. La realidad es que a esas edades gran parte de las relaciones sexuales completas se efectúan sin planificación, de forma inesperada (en ocasiones por efecto de la desinhibición producida por el alcohol u otras drogas).

Otra causa de los embarazos no deseados se encuentra en que algunos jóvenes explican que no se ponen preservativos para que la novia no crea que tiene miedo a contagiarse o para demostrar que no es promiscuo. Algunas chicas prefieren no recurrir a los contraconceptivos, pues dicen que el chico pensaría que ya lo tenía previsto o que mantiene relaciones con varios. Estos distorsionados «razonamientos» son más comunes de lo que cualquier adulto pueda imaginar. Esta «fidelidad» mal interpretada debe abordarse como plausible antes de que acontezca.

Hablar de sexo es hablar de algo absolutamente natural, amplio, precioso; hay que erradicar de raíz cualquier sombra de sentimiento de culpa, de irracionalidad, de pecado. Obviamente, también en lo referido a la masturbación.

Aclarar falsos mitos sobre el sexo, como que no te quedas embarazada con la menstruación o con la «marcha atrás»; que cuando una chica dice «no» quiere decir «sí»; que con la masturbación salen espinillas.

Hemos de estar dispuestos a entender y apoyar cualquier orientación sexual en nuestros hijos -salvo lo que son patologías o conductas ilegales-, pero sin duda que puedan sentir y expresar su homo o heterosexualidad.

Al trabajar con algunos de los casos que nos han ido llegando por parte de los jueces, nos habíamos enfrentado ya con algún suceso de incesto padre-hija, padre-hijo, hermano-hermana, hermanas-hermanas… pero en casi todos ellos la participación de la mujer era por sumisión. Nunca nos habíamos encontrado con mujeres pedófilas que abusaran de los más jóvenes. Fueron las reacciones de diversos niños lo que levantó las sospechas y, entonces, nos formulamos por primera vez la posibilidad de que fuera una mujer la autora de los maltratos o abusos sexuales. Al principio, más que con su voz, los niños empleaban otros signos, como los dibujos. En terapia, los pequeños se dirigían a la pizarra para dibujar y, por lo general, los que habían sido agredidos por hombres casi siempre representan casas con formas fálicas. Pero cuando comenzamos a ver por primera vez uno, dos tres, cuatro dibujos de vulvas de mujeres hechos por niños y niñas de cuatro y cinco años, nos preguntamos: ¿pero qué es esto?», cuenta Marine Nisse, terapeuta especializada en temas de incesto y abusos sexuales.

 Si ya es difícil abordar el tema de los abusos sexuales, cuando proceden de una mujer resulta aún más complicado. Los pedófilos se sienten atraídos sexualmente por los niños «a causa de un estado de desarrollo psicoafectivo precoz en su sexualidad que les hace sentirse mejor y menos inhibidos con los pequeños», tal y como aseguran los especialistas. Pero en el caso de una mujer es bien raro que ésta tenga un grado de inmadurez tal, que la incite a ir hacia un niño para obtener satisfacciones sexuales. Aunque, tal y como señalan los expertos, se pueden aprovechar cuando lo tienen cerca. Es el caso de algunas madres abandonadas por sus compañeros sentimentales que utilizan a sus hijos como compensación sentimental y sexual.

         Confusión sentimental

En estos casos raramente hay violencia. Al contrario. Ternura, cuidados y caricias pueden llegar a confundir a ciertas mujeres que, entonces, mezclan lo sensual y lo sexual entre el niño y el adulto. Muchas de ellas no lo consideran como una agresión culpable, convencidas de que no han hecho ningún mal al hijo, aunque les fuercen a besarlas, acariciarlas los senos, hacerlas un cunnilingus o penetrarlas. Es más, en la mayoría de los casos, hasta ahora, esa agresión quedaba como un secreto compartido entre madre e hijo o madre e hija.

«Cuando una madre abusa de sus hijos es algo bastante dura de concebir psíquicamente, incluso para los especialistas. Pero para un niño o una niña poder llegar a reconocer que han sido víctimas de abuso por parte de su madre o de alguien muy cercano corresponde aún al terreno de los indecible. Un velo de silencio sigue rodeando estas situaciones. Sólo la constatación de trastornos en estos niños puede servir de elemento revelador», cuenta Nisse, que recibió en el centro el caso de una niña de 12 años que le puso en alerta. En cuanto tenía ocasión, la menor saltaba sobre niños de 6 ó 7 años para realizarles una felación.

«Esta actitud -cuenta- nos intrigaba. Al final descubrimos que había sufrido abusos sexuales por parte de su hermana mayor. Habría que ir más lejos y preguntarse quien, a su vez, abusó de esta última porque hay que tener en cuenta que un niño no inventa una relación sexual sino que reproduce lo que ha vivido en su infancia. Si el comportamiento sexual no ha sido cuestionado, estos actos formas parte de una cadena, una forma de vampirismo sexual -emocional que atraviesa generaciones».

Madres, hermanas, abuelas, otras mujeres de la familia, algunas que se ocupan de los niños puntualmente, con carencias afectivas o de educación que las convierten en «seres desestructurados, dependientes e influenciables, con grandes dificultades para asumir un papel de mujer y de madre». Hay que tener en cuenta que más del 40 por 100 de las pedófilas tienen antecedentes de malos tratos físicos, y el 34 por 100, de abusos sexuales.

         Frente a la Justicia

Más de 25 mujeres ingresan cada año en las cárceles francesas. Enfrentadas a la Jusiticia, el 36 por 100 lo niega totalmente. Mientras muchas minimizan el acto considerando que no hacen ningún daño, el resto no es consciente del mal que han hecho y son incapaces de ver el sufrimiento del otro, incluso cuando en el 80 por 100 de los casos son sus hijos legítimos. «No reconocen el abuso contra sus hijos porque ellas mismas niegan su propio sufrimiento como víctimas -recalca Nisse-. Estas mujeres son incapaces de reconocer las señales que les acercan al dolor de su propia infancia. En el tratamiento que llevábamos a cabo con ellas procuramos retroceder hasta esa infancia a través de la compasión porque sólo cuando logran contemplarse como niñas abandonadas o de las que abusaron, cuando reconocen su dolor, pueden darse cuenta del sufrimiento, sentir compasión por sus propios hijos y reconocer su culpa».

Por eso, para los terapeutas, hay más mujeres pedófilas de las que aparecen en las encuestas. «En 1995 se hizo un estudio en Francia con el fin de preparar una política de prevención del Sida entre los adolescentes. La encuesta donde se investigaba el comportamiento sexual de jóvenes entre 15 y 17 años tuvo resultados sorprendentes. El 12 por 100 de las chicas decían haber sido obligadas a una primera relación sexual antes de lo que ellas consideraban que hubiera tenido que ser el inicio de su vida sexual. Un 1,7 por 100 de los chicos decía lo mismo. Los investigadores trataron de ir más lejos y descubrieron que en muchas ocasiones el responsable era algún conocido de la familia y, en la mayoría, directamente un familiar. En clases desfavorecidas y con alumnos con dificultades la proporción doblaba el número de chicas y triplicaba el de los chicos. Entre los responsables resultó evidente que también había mujeres, pero era difícil determinar en qué proporción por ser un tema tabú y crímenes extremadamente difíciles de probar porque no hay testigos ni pruebas objetivas».

Son pocas las mujeres que por voluntad propia se acercan hasta el centro en busca de terapia: «Hay personas que han pasado de terapia en terapia sin que los profesionales hayan sabido escuchas su indecible sufrimiento -comenta Nisse-. Un día llegó una muchacha y con mucha dificultad reconoció: ‘Fui violada por mi madre’. Yo le contesté: ‘¿Qué edad tenía usted?’. El hecho de que no dudáramos de ello fue algo extraordinario para ella. Enseguida comenzó a hablar».

Además, las agresiones se realizan en todas las capas sociales. «Entre los pacientes autores de agresiones sexuales tenemos de todo, aristócratas, artistas, pequeños burgueses, agricultores, profesores, funcionarios… de todo. Las razones culturales de unos y otros pueden ser muy diferentes, pero todos han vivido las mismas historias sin cuestionarse nunca la educación o las influencias que habían recibido. Desde hace un tiempo observamos casos de muchos niños víctimas de mujeres que son asistentes maternales que acogen y educan a los pequeños. Este descubrimiento es terrible porque, por cuestiones de maltrato, retiran los niños a las familias y se los entregan a otras de acogida, pagadas por el Estado. Y al cabo de unos cuantos años se averigua que muchos de estos niños han sido también víctimas de la madre de acogida».

         Tratamiento en prisión

Algunas de estas mujeres ya han sido condenadas y pueden seguir un tratamiento en prisión. Otros autores, tanto hombres como mujeres, son tratados en el centro. «No se cometen abusos sexuales sin razones profundas. Las historia de la persona que se excita con el cuerpo de un niño es una historia realmente complicada, una historia que afronta otros abusos o bien sobre sí mismo o bien sobre otros, y que ha provocado sentimientos totalmente reprimidos. Con el acto, los agresores tratan de forma inconsciente de resolver conflictos y angustias muy profundas. A todos ellos los hacemos afrontar los hechos poco a poco, hablar explícitamente de la realidad, de cómo han procedido para llevar al niño hasta la situación del abuso, en qué momento, en qué circunstancia, cómo han abierto la puerta, qué le han dicho al niño… y al mismo tiempo tratamos de descubrir qué es lo que les ocurrió a ellos mismos, de que salga a relucir todo, que nada permanezca en la sombra ya que el secreto, la situación de ansiedad, lo que generalmente impide que se resuelva el problema», concluye Nisse.

Los chicos

Posted on: 23 junio, 2012

El tamaño del pene se convierte en todo un tema. El complejo de pene pequeño esta latente en la mayoría de los varones de corta edad  y es más acusado en los hijos únicos al no poder satisfacer su curiosidad comparativa con los hermanos. Este complejo suele desencadenarse por comentarios despreciativos o apelativos diminutivos al tamaño del pene o a los genitales del niño en general por parte de la madre o de las cuidadoras. Algo similar acontece cuando los adultos sorprenden a los niños en actitudes masturbatorias y otros juegos sexuales, y los recriminan con frases como: «Te voy a cortar el pito». O en el caso de escape involuntario de la orina (enuresis): «¡Meón, te voy a hacer un nudo!»

Tanto padres como hijos dan equívocamente gran importancia al desarrollo de los testículos y del escroto en el desarrollo afectivo y en lo que atañe a la identificación sexual.

Cuando tienen más años aumenta la complicidad con los amigos para hablar de sexualidad. El interés por conocer se sacia mediante revistas, vídeos y compañeros.

Los padres han de abordar el tema y ofrecerles libros de interés que den pie a comentarios. Al tiempo, ha de trasladar al preadolescente la necesidad de respeto y de responsabilidad hacia si mismo y hacia los demás.

La masturbación es algo natural. Los chicos deben saber los cambios que van a vivir, la primera eyaculación puede suceder mientras duermen y tener una polución nocturna. Igualmente, cuando piensan en el sexo o ven a alguien que les gusta, pueden tener erecciones involuntarias que pasarán cuando el cuerpo vaya equilibrándose hormonalmente.

La masturbación es una práctica habitual a cierta edad. El niño ha descubierto que realizando ciertos movimientos obtiene placer y obviamente lo practica.

Esta conducta ha de estar sujeta a unas normas sociales de convivencia. Lo único que hay que indicarle es que sea discreto. No debe condenarse la masturbación, ni que la asocien con suciedad o pecado, salvo que se aprecien conductas que por su intensidad o continuidad (masturbación compulsiva) puedan valorarse como patológicas. Debemos preguntarnos qué es lo que frustra, pone nervioso, entristece o angustia al niño y entonces remediar las causas, o bien acudir al psicólogo.

Es normal aumentar de peso y que algunas niñas se desarrollen antes que otras. Crecen y se ensanchan. Crecen los pechos, aparece el vello en el pubis y en las axilas, se suda más, se desarrollan los órganos sexuales y se empieza a tener la regla.

La niña debe estar informada y preparada con tiempo de la llegada de su primera regla. Ha de saber cómo actuar y qué higiene ha de llevar.

Debe saber que no se trata de un drama, ni de una fatalidad; muy al contrario, de un acontecimiento natural, signo de madurez psicosomática, prueba de feminidad y de fecundidad.

Deberá consultarse con el médico especialista si la pubertad es precoz, es decir, si antes de los 8 años se aprecia desarrollo de los senos, aparición del vello, aceleración del crecimiento. Y también cuando se observa un retraso puberal o, lo que es lo mismo, no existe signo de desarrollo de los senos a la edad de 15 años y una ausencia total de reglas a los 17 años.

Esta falta de caracteres sexuales en la pubertad (falta de reglas, falta de desarrollo mamario, órganos genitales externos inmaduros) pudiera deberse al síndrome de Turner, que además se caracteriza por su apariencia femenina y de pequeña estatura, y son jóvenes emotivas, temerosas e inestables.

Se sitúa entre los 10 y 13 años, más precozmente que en otras épocas. Es un fenómeno biológico, la adolescencia psicológica.

Todo tiembla y se trastoca. Los referentes sobre uno mismo y los demás se modifican; se da una revisión sobre la relación con el propio cuerpo sexuado, la identidad física y el entorno.

La pubertad llega antes a las chicas (aparición de la regla y desarrollo de los senos). En los chicos brota el vello, cambia la voz y aumenta el tamaño del pene.

La sexualización está presente en todos los cambios.

A los niños, desde muy corta edad, hay que informarles de los riesgos -sólo posibles- de abusadores sexuales, de maltratadores… que pueden estar en el círculo próximo. Y la forma de hacer saber esta situación.

Sexualidad

Posted on: 29 marzo, 2012

Un niño puede encontrarse felizmente con su cuerpo mientras se chupa el dedo gordo del pie, pero también cuando se toca los genitales, y al gritarle «¡no!» lo culpabilizamos.

No hagamos del sexo un pecado: nacemos y transmitimos vida a través de él. la masturbación es el más precoz juego sexual que realiza el niño.

En la etapa preescolar existe ya interés sexual (dicen que tienen novio/a, cuentan chistes «subidos de tono», preguntan cómo se hacen los hijos…)

En estas edades son propias las preguntas de su origen: ¿dónde estaba yo antes? Hay que explicar cómo eran papá y mamá, dónde se conocieron y cómo desearon tener un hijo.

Resulta de interés enseñar al niño fotografías o vídeos para que interiorice la historia de sus progenitores.

Otras preguntas propias de los 6 años son: ¿cómo salen los niños de la tripa de mamá?, o bien ¿cómo entré en la tripa?

Hay que dar una explicación clara de que papá puso una semilla en la tripa de mamá (con una explicación sencilla pero realista) y que allí dentro crece el bebé, que nace por un agujero que tienen las mamás al lado del de hacer pis.

Aprovechemos para ir uniendo sexo y afecto, sexo y respeto, al tiempo de hablarle de la función reproductora.


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