Escuela de Padres

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El sueño

Posted on: 20 junio, 2016

El sueño del niño y sus alteraciones se está convirtiendo, sin duda, en un difícil reto al que deben enfrentarse los padres.

Cómo, dónde y cuánto debe dormir el niño juega un papel importante en la manera en la que los padres viven sus primeros meses y años de paternidad y, al mismo tiempo, condiciona la forma en la que conciben y viven su concepto de familia no importando que se trate del primer o del quinto hijo.

Este trabajo conjunto padres-hijos es tanto más eficaz y sencillo cuanto más se tienen en cuenta los patrones y las necesidades naturales de cada niño en particular. Son ustedes, los padres, los que deben determinar las rutinas y los hábitos del sueño de sus hijos. Los niños aprenderán de ustedes. Estas rutinas del sueño una vez aprendidas formarán parte del modo de vida familiar durante muchos años.

Razones por las que es importante hablar del sueño de los niños:
1. Los problemas del sueño en los niños son muy frecuentes: Aunque la mayoría de los niños desarrollan patrones adecuados del sueño, un importante número de ellos (entre el 15 y el 30%) sufren problemas del sueño durante su infancia.

2. Los problemas del sueño en los niños son crónicos: Muchos problemas del sueño son autolimitados. Sin embargo, hay ciertos factores tanto del propio niño como del ambiente que favorecen que muchos de estos problemas perduren a lo largo de toda la infancia e incluso en la edad adulta.

3. Los problemas del sueño de los niños son tratables: En la actualidad disponemos de muchas estrategias que nos permiten tratar estas situaciones y evitar sus consecuencias diurnas.

4. Son problemas prevenibles: Si bien es importante que los problemas del sueño reciban el tratamiento adecuado, la estrategia más efectiva es prevenir que se presenten promoviendo unas medidas sencillas de prevención desde los primeros días de la vida.

5. Los problemas del sueño de los niños tienen gran impacto en la familia: Son origen de trastornos y nerviosismo en las familias y altera el sueño de los padres.

6. Los problemas del sueño dan la oportunidad de enfocar una situación difícil de manera
conjunta.

7. El sueño es esencial para el buen funcionamiento del niño: El déficit de sueño se ha asociado a conductas de hiperactividad, conducta oposicionista, dificultades escolares….

8. El sueño afecta a cada aspecto del desarrollo físico, psíquico, emocional, cognitivo y social del niño. Las funciones cerebrales más altas tales como la habilidad para razonar y pensar de manera abstracta son muy sensibles al déficit de sueño o a un sueño de mala calidad.

9. La presencia de problemas del sueño agrava cualquier problema médico o psicológico del niño.

Conocidas las razones que nos obligan como padres a conocer el sueño de nuestros hijos, la pregunta lógica es: ¿Sabemos lo qué es el sueño? ¿qué importancia tiene el dormir?

El sueño no es únicamente la ausencia de vigilia ni una desconexión cerebral, sino que, por el contrario, puede llegar a originar una actividad frenética en todo el organismo del niño y en el de las personas que viven a su alrededor.

El buen dormir de los niños es el resultado de la combinación de tres elementos:
1. Las leyes biológicas que regulan el sueño de los seres humanos. Aquí, evidentemente, los padres tenemos muy poco que decir.
2. La estrecha relación que establecen los niños con la persona o personas que les cuidan desde los primeros meses de vida, eso es, el apego.
3. La actitud de la familia frente al sueño y al niño.

El sueño humano es dinámico, cambiante, de manera que a lo largo de cada noche el organismo humano pasa por diferentes estadios o ciclos de sueño:

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Este gráfico representa un CICLO DE SUEÑO, su duración es de 90-120 minutos según la edad. Este ciclo se repite cada noche según la edad el niño entre 5 y 7 veces.

Así pues, existen dos tipos diferentes de fases durante el sueño: Una durante el cual los ojos se mueven rápidamente debajo de los párpados (se conoce por sus siglas en inglés: REM o Rapid Eyes Movements) y otra sin esos movimientos (no REM o NREM).

Cada vez que el niño pasa de una a otra fase completa un ciclo del sueño. Cada noche cumplimos entre 5 y 7 ciclos del sueño. Al pasar de un ciclo a otro casi se despierta o al menos se mueve en la cuna o en la cama.

El sueño más profundo se produce al principio y al final de la noche.

Las siguientes ideas sobre el sueño se pueden aplicar a cualquier niño, independientemente de la edad. Estas ideas pueden mejorar no sólo el sueño del niño, sino también su estado de ánimo durante el día. Y, por supuesto, también ayudarán a mejorar tu propio sueño.

  1. Mantén un horario consistente para ir a dormir y despertarse todos los días, los siete días de la semana
    El reloj biológico de tu hijo tiene una gran influencia en sus despertares y somnolencia. Cuando estableces una hora concreta para ir a dormir y para despertarlo, es como si dieras cuerda a ese reloj para que funcione correctamente. Intenta ponerlo a dormir pronto. Los niños responden mejor cuando van a dormir pronto, y la mayoría duermen mejor y durante más tiempo.
     
  2. Intenta que haga siesta todos los días
    Las siestas son importantes porque para un niño con energía le resulta difícil seguir todo el día sin un descanso intermedio. Un niño sin siestas a menudo se despierta alegre y progresivamente empeora su estado de ánimo, quejándose más o mostrando una hiperalerta a medida que pasa el día y que va perdiendo gas. Además, la duración y calidad de las siestas afectan al sueño nocturno, puesto que buenas siestas implican un mejor sueño nocturno.
     
  3. Ajusta el reloj biológico de tu hijo
    Aprovecha la biología natural de tu hijo, de manera que esté cansado cuando llegue el momento de acostarse. La oscuridad incrementa la generación de melatonina, la hormona corporal del sueño, y es como el botón biológico de “parar”. Puedes ayudar a conciliar el sueño de tu hijo con la hora de ir a dormir bajando la intensidad de las luces de tu casa una hora antes de acostarse.

    Exponer a tu hijo a la luz de la mañana es como pulsar el botón de “encendido”, aquel que dice “es el momento de levantarse y ser activo”. Así que ¡pon luz a tus mañanas!
     

  4. Desarrolla una rutina consistente para ir a dormir
    Las rutinas crean sentimientos de seguridad. Una rutina para ir a dormir consistente y pacífica permite a tu terremoto de hijo experimentar una transición entre el movimiento diurno y la tranquilidad necesaria para caer dormido. Una rutina específica para antes de dormir termina, de manera natural y simple, en la conciliación del sueño.

    Además, una rutina organizada te ayuda a coordinar las situaciones que deben ocurrir antes de ir a la cama: baño, pijama, cepillado de dientes, etc. Te permite funcionar como un piloto automático en el momento del día en que estás más cansada y eres menos creativa.
     

  5. Crea un entorno agradable para dormir
    Quizás no hayas reflexionado mucho sobre el sitio donde tu hijo duerme, pero éste puede ser una de las claves para un mejor sueño. Asegúrate de que el colchón es confortable, las mantas proporcionan suficiente calor, la temperatura ambiental es correcta, el pijama es agradable y la habitación es acogedora.
     
  6. Alimenta correctamente para mejorar el sueño
    La comida puede afectar el nivel de energía y la somnolencia. Los alimentos ricos en carbohidratos tienen un efecto calmante en el cuerpo, mientras que las comidas con alto contenido de proteínas o azúcares incrementan el estado de alerta, especialmente si se toman solas. Algunas ideas de bocaditos para comer antes de irse a la cama son: tostadas de pan completo con queso o mantequilla de cacahuete, cereales con plátanos, yogures o galletas bajas en azúcar.

    La deficiencia de vitaminas debida a una elección inadecuada de comidas poco sanas puede afectar la salud completa del niño, incluyendo su sueño. Intenta facilitar a tu hijo una variedad de comidas saludables cada día.
     

  7. Ayuda a tu hijo a estar sano y en forma
    Muchos niños no realizan suficiente actividad física durante el día. Ven demasiada televisión, lo que añadido a la falta de actividad y a nuestro tipo de vida sedentario, no ayudan a conseguir un buen sueño. Los niños que practican una variedad de ejercicio físico cada día se duermen más rápidamente, su sueño es mejor, dura más tiempo y se despiertan mucho más frescos. Evita la actividad física en la hora previa de irse a dormir, porque el ejercicio es estimulante y tiene un efecto de alerta. Así que, en lugar de saltar sobre la cama ¡tendría que estar durmiendo en ella!

     
  8. Enseña a tu hijo a relajarse y a dormir
    Muchos niños se van a la cama sin estar muy seguros de qué tienen que hacer cuando están allí. Seguir una rutina previa que les calme y favorezca cierta somnoliencia puede ayudarles. Un componente común de estos rituales es contar un cuento, y por muy buenas razones. Un niño que está escuchando a su padre o madre leer o explicar un cuento, tiende a permanecer inmóvil y concentrarse en la historia. Esta silenciosa quietud le permitirá adormecerse más fácilmente.

Comprométete a trabajar con estas ocho ideas y seguramente verás mejoras en el sueño de tu hijo y también en el tuyo.

Uno de los momentos más difíciles del día es la hora de acostar a los niños. Es normal que ellos, por cualquier motivo, se resistan a dormirse. O porque desean estar más tiempo con sus padres, o con los hermanos, o viendo la tele, o charlando y contando historias, etc. Pero, a los niños pequeños, hay que educarles en ese sentido para evitar mayores problemas después. Todo dependerá de los padres, de cómo abordar el tema y hacerles partícipes en ello.

Sugerencias sobre cómo ayudar al niño a que se duerma

1º- Establecer una rutina que incluya un período de tranquilidad antes de la hora de dormir.
2º- Evitar o reducir al mínimo el acceso a la televisión o a los videojuegos antes de dormir.
3º- Establecer un horario para dormir todos los días, ayudará al niño a mantener una rutina. Tener rituales para dormir son maneras efectivas para empezar a formar los buenos hábitos.
4º- Permita al niño, si así lo desea él, que lleve un juguete, un osito, o su manta favorita a la cama.
5º- Controlar que la temperatura en la habitación sea agradable y que la ropa sea cómoda.
6º- Consentir en dejar una luz encendida, la puerta entreabierta, o un vaso de agua al lado de la cama, si el niño se lo pide.

7º- Evitar dormirse con el niño. Le hará más difícil acostumbrarse a dormir solo.
8º- No acudir cada vez que el niño llama o se queja. Si es así, le estará acostumbrando a llamar sin necesidad. Debes estar atento siempre y acudir solo cuando hayan signos de problemas reales como las pesadillas, el sonambulismo, etc.

Esas claves les ayudará a dormir a los niños. Pero no hay que olvidarse de que de nada servirán si los padres no las establecen con seguridad. Los padres, antes de todo, deben estar muy seguros y convictos de lo que están estableciendo a sus hijos. Sino apenas serán actitudes o palabras vacías. Y el niño necesita sentirse seguro, si posible, en todos los momentos del día, y especialmente en la hora de dormirse.

Los padres deben establecer rutinas consistentes, como regular la hora de acostarse y cómo hacer dormir a su hijo. Si cuando bebé su hijo se duerme si lo mecen, a medida que crece, los padres deberán “orientarlo” para que se duerma sin mecerlo. En caso contrario, el niño les va a dar mucho trabajo para dormirse solo.

¿Te suena familiar esta situación? Le has puesto al niño el pijama, se ha lavado los dientes, lo has puesto en la cama y le has leído un cuento. Te sientas a descansar y una voz suave te llama con inquietud desde la habitación: “Mamá, quiero que me des otro beso”. Tú, con mucho cariño, vuelves a arroparlo, le das un beso y le dices con firmeza: “Ahora sí, buenas noches”. Un poco después, el niño aparece en la puerta y dice entre lágrimas “No me quiero ir a dormir”. Vuelves a meterlo en la cama y le dices, esta vez con más firmeza, “Hasta mañana”. Tras varias escenas, el niño todavía está despierto y protestando y tú piensas si se irá a dormir EN ALGÚN MOMENTO.

Este pequeño drama (puede que con alguna variación) se representa en miles de hogares todas las noches. Aunque el problema no es de vida o muerte, crea mucha tensión y conflictos en la mayoría de las casas. Además de ti y el niño y de vuestros rasgos de personalidad, hay al menos otros tres ’actores’ que desempeñan papeles importantes en el drama:

  1. La cantidad de sueño que necesita un niño de dos años.
    2. El mando.
    3. La ansiedad y el miedo.

Examinemos cada uno de los puntos por separado y veamos qué papel desempeñan en el drama de cada noche.

¿Cuánto necesita dormir el niño?

La mayoría de los libros sobre el desarrollo de los niños dicen que por lo general los niños de dos años duermen unas 14 horas al día: dos de ellas en forma de siesta vespertina y las otras 12 por la noche, y ésta es aproximadamente la cantidad de horas que los padres creen que deben dormir sus hijos de dos años, especialmente las 12 horas de la noche. Nada sería mejor para un hogar que un niño se durmiera a las siete de la noche y se despertara a las siete de la mañana, pero esto no sucede con mucha frecuencia. Un promedio de entre 11 y 12 horas significa que algunos niños duermen entre 9 y 10 horas y otros entre 13 y 14. Y el niño antes descrito se encuentra en la sección de entre 9 y 10 horas de la curva. Si es así y los padres insisten en que debe irse a dormir “a la hora señalada”, se están buscando un conflicto. La idea del niño de la hora de irse a dormir y la de sus padres puede diferir en un par de horas.

Mi primera sugerencia es que los padres que tengan este problema comiencen por buscar una solución determinando sistemáticamente cuánto necesita dormir el niño en realidad. Prueba con algo así durante una semana: prepara al niño para que se vaya a dormir a la hora normal, pero no insistas en que se meta en la cama inmediatamente. Deja que juegue tranquilamente con sus juguetes o que mire algunos libros, o que vea un poco la televisión con el resto de la familia (siempre que el programa sea adecuado y que se comprometa a no hacer ruido). Luego, cuando veas que tiene sueño (si bosteza o se frota los ojos), dile con voz suave: “Creo que es hora de que te vayas a dormir”. Es poco probable que en estas condiciones proteste o se levante de la cama repetidas veces. Puede que este cambio en la rutina te enseñe que has estado forzando al niño a irse a dormir cuando no lo necesitaba. Durante este periodo, mira a qué hora se despierta por la mañana. Si lo hace a la misma hora de siempre, probablemente necesita dormir menos, y si lo hace mucho más tarde, sabrás que necesita las mismas horas de sueño que pensabas, pero que el “ajuste” de su reloj biológico es un poco distinto. Es posible que tengas que hacer ajustes tanto al comienzo como al final del periodo de sueño. Este pequeño “experimento” es un primer paso importante.

¿Quién manda?

El segundo personaje de este drama de cada noche es la lucha por el mando. Los niños de dos años destacan por querer controlarlo todo; ¿por qué iba a ser de otra manera a la hora de irse a dormir? Pero tú, como buena madre y por el bien de tu hijo, sientes que debes ser quien manda. Esto conduce a una disputa constante, y con frecuencia a un punto muerto. Una forma eficaz de manejar la necesidad de mando de un niño de esta edad es ceder en cosas que no tengan importancia y mantenerse firme en las que la tengan. Probablemente debes dejar que decida qué comer, siempre que no elija que tres comidas seguidas sean dulces, o debes dejar que elija qué ponerse aunque a veces te preocupe que otros niños se burlen de él por la ropa que lleva. Si te muestras compresiva con la hora de ir a dormir, esto puede resultar satisfactorio para la necesidad de mando del niño y hacer que sienta que se le escucha.

Yo sugiero, en la medida en que sea compatible con la tranquilidad del resto de la familia, que la hora de ir a dormir sea algo que el niño pueda elegir, o al menos algo sobre lo que pueda opinar. Sé un poco flexible y verás cómo obtendrás mejores resultados para la tranquilidad y la armonía familiar.

Ansiedad y miedo

Independientemente de lo seguro que sea un niño, independientemente de lo que se lo quiera y proteja, siempre hay un poco de miedo asociado a la “desconexión” de la conciencia, es decir, al sueño. Los dramas a la hora de irse a dormir reflejan en parte esta ansiedad. Y por la noche, claro está, dormimos sometidos a la condición a la cual más le tememos: la oscuridad. Así, a veces el niño no se quiere ir a dormir debido a las temibles condiciones asociadas a ella: aislamiento (con frecuencia) del resto de la familia, el hecho mismo de estar a oscuras y la pérdida de todas las cosas emocionantes que ha vivido durante el día.

Para ayudar a calmar estos miedos es muy importante que los padres sean conscientes de ellos. Debería ser muy fácil pues todos tenemos los mismos temores pero con un nivel más bajo, pero nosotros tenemos una experiencia que nos asegura que volverá a amanecer de forma rutinaria. De este modo, para ayudar al niño a sobrellevar estos miedos que aún no puede expresar con palabras, deberás darle un poco más de protección a la hora de irse a dormir. Quédate con él en la habitación durante un tiempo después de apagar la luz, estírate a su lado un rato y tranquilízalo asegurándole que amanecerá antes de que se de cuenta. Si necesita que estés presente para que se relaje y se duerma, quizá es mejor que lo hagas en su cama y no en la tuya.

Escribe un nuevo guión

Así, yo diría que el comportamiento del niño está relacionado con alguno de los tres “personajes” de este drama, o con los tres. Y los tres son villanos (cantidad de sueño, necesidad de mando y ansiedad). Si prestas mucha atención al papel que desempeñan en el drama de cada noche, y si haces las correcciones necesarias al guión, puedes eliminarlos de él y hacer que tu obra tenga un final nocturno feliz.

Nota: Este artículo está basado en una de las preguntas hechas por un padre en la página web fisher-price.com. Éste es un asunto complicado y me vi en la necesidad de escribir un artículo completo en vez de una respuesta corta. Ésta era la pregunta:

‘Mi hija de 25 meses no se queda en su cuna por las noches. Tenemos que sacarla de ella pues no quiere dormir y se cae al tratar de salir de la cuna. ¿Qué puedo hacer para que entienda que cuando es la hora de dormir tiene que quedarse en su cuna y no levantarse ni llamarme?’

Después de vacaciones, es necesario que los niños vuelvan a los horarios normales. Por eso, tenga en cuenta estos consejos para que vayan a la cama sin pataletas.

Hacer que los niños se acuesten a la hora indicada y se levanten temprano para ir al jardín o al colegio, puede ser una de las empresas más complicadas tras la época de vacaciones, en la que no solo los niños sino también los padres cambian sus ritmos y suelen ser algo laxos con las normas.

Por ello, es necesario hacer el “ejercicio” de retomar el ritmo, días antes de la fecha real de ingreso a las actividades escolares, para que todos en familia se habitúen a la cotidianidad y no sea un proceso traumático recuperar el sueño y las rutinas.

Tengo una niña de 4 años; en las fiestas de fin de año nos visitaron familiares y amigos, por lo que tuvo que dormir con nosotros o con su hermana de 15 años. Ahora no quiere volver a su cuarto, ¿qué hago?

La psicóloga Isabel Cristina Bettin, del Gimnasio Los Coabos, indica que es frecuente que en época de vacaciones las normas y los límites se relajen y se den consecuencias en el reajuste. Lo primero que debe hacerse es evitar que el niño pierda las rutinas, cuando se debe cambiar algo se hace siempre respetando los roles y las normas. Si el niño cede su cama, debe dormir en una colchoneta o sofá, y no en la cama de sus padres o hermanos, esto con el fin de conservar el rol y el lugar que le corresponde. Lo más importante es que los padres sean consistentes y firmes en las normas y límites.

No logro que mi hijo se acueste temprano ahora que pasaron las vacaciones y hay que ir al jardín, ¿qué puedo hacer?

El pediatra y puericultor Darío Botero Cadavid die que unos 15 días, en lo posible, máximo una semana antes de regresar al jardín o al colegio, hay que concertar horarios, empezar a acostarse más temprano y seguir rutinas: dejar de jugar, cenar, preparar la ropa para descansar, lavarse los dientes, etc., y hacer ver que existe un límite para la hora de ir a dormir; claro está que estas acciones deben hacerse con paciencia y mucho amor.

El sueño se ve directamente afectado por la relación que se establece con el medio que le rodea, allí desempeñan un papel sobresaliente las rutinas familiares y la higiene del sueño. Por eso, al llegar el período escolar las necesidades cambian y hay que hablar con los niños sobre los nuevos retos escolares para que sepan que deben adecuarse de nuevo.

Antes de ir a dormir, dicen los expertos, hay que dejar la sobreestimación, como la que dan la televisión, los videojuegos o una cena cargada de azúcar o demasiado pesada. Hay que evitar el ruido extremo, buscar la comodidad de la ropa de descanso, bajar luces y realizar actividades que inviten al sueño, como una lectura de los cuentos que al niño le agradan, un baño y música relajantes.

Ahora que volvió al cole, mi niño está haciendo pataleta para levantarse. Llora y se muestra malgeniado, ¿cómo debo actuar?

Luisa Fernanda Pardo, especialista en psicología clínica infantil, del adolescente y la familia, y docente de la Universidad Minuto de Dios, dice que es muy común que los niños se alteren por despertarlos temprano para ir al jardín o al colegio, porque vienen de un período en el que la disciplina ha sido flexible y los horarios y rutinas pueden haberse modificado.

Es importante que los padres o cuidadores pregunten a los niños cómo se sienten, para conocer qué les genera malestar, a lo que se le llama validación emocional. Si se les deja expresar lo que sienten, se les transmite seguridad, y aquello que les molesta, como no poder seguir durmiendo, puede disminuir. Además resulta efectivo que cada día en que el niño, aun disgustado, se levante, se le reconozca su esfuerzo, para que perciba que lo que hace es lo correcto y vaya retomando el ritmo. Si, por el contrario, discuten con él o lo recriminan por no levantarse temprano, es probable que adquiera mayor rebeldía. Pronto verá que cada día irá retomando los horarios normales y su comportamiento mejorará.

El problema con mi niña es que está durmiendo mucho más de la cuenta, y es complicado levantarla a tiempo. ¿Me pueden dar algunos “tips” para ello?

Lo recomendado es que los niños duerman mínimo 10 horas diarias, si su hija es dormilona acuéstela más temprano, tipo 7 de la noche. En la medida en que van creciendo, la hora de acostarse se puede ir retrasando, dice Isabel Cristina Bettin, psicóloga del Gimnasio Los Caobos.

Además, dice la experta, se debe cumplir con el horario, tratar de que sea continuo y constante. Dígale con anticipación que es hora de dormir. Haga la rutina diaria de lavarse los dientes; ir al baño; ponerse el pijama; rezar si usted lo acostumbra, y finalmente léale un cuento o cuéntele una historia corta.

Si quiere, puede utilizar la imaginación e invitar al niño de manera dulce a dormir, usando la fantasía y diciéndole que la hormona del crecimiento se despierta a las 8 de anoche, pero que para que él sea grande y fuerte, debe descansar.

Siempre he hecho con mis hijos cosas como leer un cuento, música suave y ese tipo de cosas antes de ir a dormir, pero en época de descanso como que me relajo con el tema. ¿Es bueno iniciar la rutina antes de que los niños regresen al colegio para ir cogiendo ritmo?

Indudablemente, sostiene Luisa Fernanda Pardo, especialista en psicología clínica infantil del adolescente y la familia, docente de la Univerdad Uniminuto. Lo más recomendado es que los padres o cuidadores inicien unas semanas antes estas rutinas, para que llegado el momento de retomar el jardín o el colegio no sea complicado. Además, esto les permite detectar falencias y trabajar sobre ellas antes de volver a la vida escolar.

Al respecto, la psicóloga clínica, Angela Giraldo de la Fundación Cardioinfantil, dice que hay que tener un cuenta la personalidad de los niños, pues para muchos es más fácil recuperar la rutina, pero para otros, es complicado, por lo que hay que empezar el trabajo desde antes de volver al colegio o jardín.

A la hora d eir a dormir, mi hija no quiere porque dice que hay alguien bajo la cama. ¿Estará teniendo pesadillas? ¿Qué puedo decirle o hacer?

No existe un método infalible, pero si crea una rutina tranquila antes de acostarlo (un baño caliente, un cuento especial, una canción, y una luz baja) puede ayudar a alejar las pesadillas. Procure leerle cuentos en los que la hora de dormir se asocie a situaciones tranquilas y alegres, explica Ana Lía Suescún, pedagoga y experta en puericultura.

Las razones que la están alterando pueden ser muchas, desde un cambio en su rutina de sueño, algún efecto en el ambiente, como un traslado de cuarto, de casa, hasta la pérdida de una mascota o un ser querido. Aquí usted debe analizar si algo así puede tenerlo impactado. Igualmente, hay que descartar que esté enferma o incómoda por algo. Si después de esto, las pesadillas continúan y tiene miedo a la hora de ir a dormir, consulte a su pediatra. Puede que su comportamiento sea la señal de algún problema en su rutina diaria.

Astrid López Árias

La decisión es personal, por supuesto. Pero si todavía no tienes una postura clara ante el tema, quizá estos argumentos (a favor y en contra) te ayuden a decidirte.

Los motivos para el NO… A lo largo de la mayor parte de la Historia los bebés han dormido juntos sus madres. En parte porque no tenían otra opción y en parte porque les resultaba práctico. La principal razón que aducen los expertos que creen más conveniente que el bebé duerma solo en su cuna (compartiendo o no habitación con los padres) es que el colecho puede suponer un riesgo para su salud: hablan del peligro de “aplastarlo”, de que quede atrapado entre las sábanas, de que pase demasiado calor y aumente el riesgo de muerte súbita…

El doctor Juan Casado, por ejemplo, dice en El gran libro de la Pediatría que “en los primeros meses puedes dejarle dormir en tu habitación, pero en su cuna, nunca dentro de tu cama…”. Por su parte, la Asociación Española de Pediatría respalda esta idea: “La forma más segura de dormir para los menores de seis meses es en su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres. El colecho es una práctica beneficiosa para el mantenimiento de la lactancia, pero también se considera un factor que aumenta el riesgo de muerte súbita, por lo que no debe ser recomendado en lactantes menores de tres meses”.

Y las razones para el SÍ… Los partidos del cohecho aseguran que al dormir en la misma cama que su mamá los niños reciben mayor sensación de seguridad, porque están en contacto con su piel. Y además es estupendo para la lactancia, ya que maman más a menudo, lo que hace que su ciclo de sueño sea algo diferente: los bebés que practican el cohecho pasan menos tiempo en la fase más profunda del sueño, que es cuando parece que existe más riesgo de muerte súbita. Este es el argumento principal de los defensores del colecho cuando se les habla del mayor riesgo de muerte súbita en bebés que duermen con sus padres. Por otro lado, comentan que para las mamás es muy práctico dormir con el bebé, ya que tienen que levantarse menos veces cuando éste las reclama y en la mayoría de las ocasiones pueden calmarlo y seguir durmiendo en seguida. Unicef habla así de esta práctica en su informe junto a la Foundation for the Study of Infant Deaths: “Si está amamantando, lo más probable es que le sea más cómodo dormir con el bebé en la misma cama…”

En todo caso, si practicas el colecho estas precauciones son esenciales:

  • La cama debe ser amplia, el colchón firme y la ropa de cama, la misma para el bebé que para la mamá para asegurar una correcta temperatura. La cabeza del bebé nunca debe quedar cubierta y hay que asegurarse de que no pueda caerse ni verse atrapado entre el colchón y la pared.
  • Las mamás tienen un vínculo con el bebé que, sobre todo al principio, los papás no poseen. Por eso es preferible que si se practica el colecho el bebé se acueste junto a la madre.
  • El colecho está contraindicado si el adulto fuma o toma alcohol o fármacos que causen un sueño pesado.

Sandra Sánchez

Educar a los niños en un ambiente de seguridad y cercanía en el que sepan que siempre estamos ahí, les ayuda a superar ese miedo momentáneo y les enseña a enfrentarse y superar otro tipo de miedos el día de mañana.

Sin embargo no debemos alarmarnos, ya que salvo que estos episodios generen efectos secundarios importantes del tipo ansiedad, irritabilidad, dificultad para conciliar el sueño, etc., no vamos a necesitar de consejo o intervención psicológica. Poniendo toda nuestra atención para ayudar a nuestro hijo a pasar por esta etapa conseguiremos superarla.

Primero de todo debemos saber qué son las pesadillas y qué efectos provocan en nuestros hijos. Se trata de sueños que se producen en una fase determinada del ciclo del sueño, en concreto la fase REM, fase muy activa del cerebro en la que el niño elabora sueños muy detallados que le producen experiencias muy reales cargadas de emociones muy intensas de miedo y ansiedad, suelen producirse en la segunda mitad de la noche. Durante la pesadilla nuestro hijo despertará angustiado y podrá relatarnos al despertar la historia vivida y los monstruos, fantasmas, animales imaginarios o “malos” que querían hacerle daño.

En el caso de los terrores nocturnos, el niño no despierta fácilmente si no que llora, grita e incluso verbaliza en estado de somnolencia, apenas recuerda el contenido del sueño y experimenta una gran ansiedad. Los terrores nocturnos se desarrollan en una fase diferente, no REM, del ciclo del sueño, suele darse en la primera mitad de la noche.

Ambos episodios suelen remitir a medida que el niño se va haciendo mayor, aunque todos los adultos en algún momento sufren también de pesadillas, y forma parte, según la psicología establece, el proceso mauritano del niño, siempre que no vaya asociado a vivencias traumáticas, accidentes o lesiones sufridas previamente, en cuyo caso también se haría necesaria una intervención de tipo psicológico según la gravedad.

Como vemos las pesadillas no pueden evitarse como tales, pero es cierto que si podemos, como padres, evitar situaciones que van a favorecer su aparición. El ver películas de miedo o inapropiadas para la edad del niño, sobre todo antes de dormir, los cuentos con figuras de terror, el permitir que amiguitos o hermanos mayores se diviertan asustando a los más pequeños… son todas ellas actividades a evitar.

Pero qué hacer cuando el niño se despierta angustiado, sudando y gritando en medio de la noche?

Lo primero de todo y en cualquier caso tener establecido un buen hábito para ir a dormir (ambiente relajado, baño y cena ligera, un cuento o una canción antes de dormir, un amigo de sueños…), después unas cuantas pautas sencillas y repetidas en cada episodio que ocurra:

  1. Acudir inmediatamente y hacerle sentir que no está solo. Nuestra presencia a su lado es el primer paso para recuperar la seguridad.
  2. Ofrecerle consuelo y cariño en ese momento. Debe saber que es lógico asustarse de una pesadilla y que no es malo asustarse. No le recrimine por ser pequeño y por asustarse.
  3. Explique a su hijo que los sueños no pueden hacernos daño y que es algo que nos ocurre a todos, que puede volver a dormirse sin miedo.
  4. Aproveche la imaginación infantil para hacer desaparecer los sueños malos de la habitación con sus “poderes mágicos de padre”, incluyendo el armario y debajo de la cama si el niño lo necesita.
  5. Ayude al niño a conciliar el sueño nuevamente, si hace falta puede dejar una luz encendida, ofrecerle su peluche o amigo de dormir y permanecer un rato a su lado, con palabras y recuerdos agradables.
  6. Por último evite trasladar al niño a la cama de los padres acostarse a su lado aunque nos venza el sueño, todo ello generará hábitos inadecuados que luego nos costará eliminar.