Escuela de Padres

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Tu hijo hace una travesura detrás de otra y se dedica a desobedecer en tus narices mirándote por el rabillo del ojo. ¿Te está provocando o qué?

El problema

Ya tenía tendencia a ser un poco pillo. Pero ahora se ha vuelto claramente insolente. Parece que solo tiene un objetivo: probar tus límites y provocarte.

¿A quién afecta la provocación?

A tu hijo. A fuerza de insolencia y provocación, crea un clima de tensión en casa. Lo riñes, lo castigas…
A ti. Quieres ser paciente, pero a veces no puedes más. Cuando te provoca en público, sientes que tienes un niño mal educado y que no consigues que te respete.

Te provoca para afirmarse

A esta edad, el niño se separa poco a poco de ti, es normal. Se da cuenta de que tiene un pensamiento diferente del tuyo y quiere afirmar su personalidad. En el fondo te hace gracia, porque te impresiona o te maravilla que se parezca unas veces a su madre y otras a su padre.

Qué hay que hacer. No dejes pasar las provocaciones sin reaccionar. Aguántate la risa si no quieres verte obligado a reaccionar con más contundencia para demostrarle que no estás de acuerdo. Un buen truco para resistir sin flaquear: repite las mismas frases mirando a tu hijo a los ojos.
Qué hay que decirle. “Eres un pillo, es divertido, pero esto está prohibido”, o bien, “¿Pero qué pasa aquí? ¿He oído una palabrota?”.

Está experimentando

Juega con el interruptor una vez, dos, tres… y, claro, al final, la bombilla se funde. Tu hijo explora las situaciones provocando tus reacciones. Es curioso, tiene ganas de descubrir el mundo y le gusta experimentar con los objetos que le rodean… ¡y también con sus padres!

Qué hay que hacer. Sobre todo, no le digas que es malo, porque puedes encasillarlo en ese comportamiento. Si es necesario, castígalo en un rincón, de cara a la pared, durante unos segundos. Lo importante es el gesto. Luego llámalo y haz las paces con él.

Qué le tienes que decir. “Sé que a ti esto te parece divertido, pero a mí no me hace ninguna gracia. Espero que no lo vuelvas a hacer. Ya te lo había advertido: esto no se hace, nunca”.

Cuando te provoca, cata lo prohibido

Tienes que marcharte a la oficina y tu hijo quiere quitarse los zapatos justo en el momento de salir, cuando ya lo habías convencido para que se los pusiera…

Qué hay que hacer. No te enfrentes a él cada vez que se opone a algo, no sirve de nada. Ayúdalo a proyectarse en el futuro: luego, en la guardería, o esta noche, podrá quitarse los zapatos. Se trata de hacerle entender que hay una ley familiar que es igual para todos.

Qué hay que decirle. “Sé que no quieres hacer esto y que no estás de acuerdo, pero es así. No eres tú el que decides. Me voy a la oficina y no puedo llegar tarde”, o bien, “Pregunta a papá (o a mamá) si se quitaba los zapatos cuando era pequeño (o pequeña), antes de ir a la guardería”.

Marie Auffret-Pericone con Christine Brunet, psicóloga.

En la actualidad, son muchos los padres que se quejan de que sus hijos son unos desagradecidos. Es importante saber que, como todo lo demás, la gratitud es un sentimiento que se desarrolla gracias a la educación que nuestros hijos reciben. Si quieres que tu hijo sea agradecido, comienza por dar ejemplo desde ahora mismo.

“Cuando bebas agua, recuerda la fuente”

Según el filósofo Robert C. Roberts, la gratitud contrasta con tres sentimientos que son el origen y raíz donde se asienta la tristeza: el resentimiento, el arrepentimiento y la envidia. Vemos pues, la gran importancia y necesidad de educar este sentimiento en nuestros hijos ya que les va a ayudar a ser personas felices.

¿Se puede educar la gratitud?

Como cualquier otros sentimiento, la gratitud también se puede (y se debe) educar. Los padres tenemos que hacer lo posible para potenciarlo y educarlo, fomentando al máximo este sentimiento en nuestros hijos.

En un principio, como el resto de los sentimientos, la gratitud es muy inestable e intermitente y dependerá de si le gusta o no hacer algo o si lo hace para “agradar al adulto”. Si esto es así, no pasa absolutamente nada; los padres con mucha paciencia y constancia trabajaremos este sentimiento para que quede asentado formando parte de su personalidad, como cualquier cualidad estable.

Podremos decir que ha quedado consolidado del todo cuando el niño sea capaz de comprender que, aunque no se le complazca en todo lo que hace o dice, lo hacemos por su bien. Antes de conseguir esto, podremos observar como la gratitud irá siempre de la mano de la gratificación positiva. Por eso es importantísimo que continuamente reconozcamos a nuestro hijo lo bien que hace las cosas, haciendo uso frecuente de los refuerzos positivos.

¿Qué podemos hacer? Tareas para los padres

En primer lugar es necesario señalar que vamos a educar este sentimiento (o el contrario) tanto por acción como por omisión, es decir, a través del ejemplo. ¿Cómo vamos a esperar que nuestros hijos agradezcan a los demás las cosas si nosotros somos los primeros que no lo hacemos?

Debemos abrir los ojos de nuestros hijos, a través de nuestro ejemplo, y hacerles ver que ser agradecidos no es simplemente pronunciar unas palabras de manera automática y mecánica. No basta con un simple “gracias” y ya está. La gratitud nace del corazón, de nuestro interior, del aprecio a lo que alguien hace por nosotros. Por eso, cuando alguien haga algo por nosotros, tenemos que mostrarles a nuestros hijos cómo actuamos nosotros para que también ellos empiecen a obrar de ese modo.
Veamos con detenimiento algunas ideas para trabajar la gratitud con nuestros hijos de una
manera práctica y útil:

1. Hablar sobre la gratitud

¿Qué entiende tu hijo por gratitud? ¿Sabe identificar ese sentimiento?

Averigua lo que sabe acerca de esta virtud para poder explicarle muchas más cosas de las que ya conoce. Es importante que tu hijo comience a poner nombre a este sentimiento y aprenda progresivamente a identificarlo y relacionarlo con otros.

Podemos comenzar por hacerle al niño las siguientes preguntas:

* ¿Sabes qué es la gratitud?
* ¿Cómo puede una persona demostrar la gratitud a los demás?
* ¿A quiénes demostraremos gratitud?
* ¿De qué forma?

Deja a tu hijo que conteste abiertamente. Luego, explícale con tus palabras y en un lenguaje sencillo y adaptado a su edad, qué es la gratitud. Por ejemplo, que apreciar y querer mucho a quiénes nos cuidan es una manera de agradecer lo que hacen por nosotros: el profesor nos ayuda en el colegio, el médico cuando vamos al centro de salud, los padres en casa cada día, etc. Les explicaremos que la gratitud se demuestra con expresiones de afecto, cariño, portándonos bien con esas personas, etc.

2. Escribir una carta para alguien especial

• Pide a tu hijo que escriba una carta a quién él considere que tiene algo que agradecer, por ejemplo a los abuelos, a su profesora, al amigo especial que siempre le ayuda, etc.

• Debe escribir cómo se siente por lo que ha recibido de esta persona a la que está escribiendo. Esta carta se la enviará o, si es posible, buscará a la persona a la que ha escrito y se la leerá personalmente.

• Si el niño es todavía muy pequeño y no sabe escribir, ayúdale a escribirla. Deja que te diga lo que quiere trasmitir. Incluye al final de la carta un dibujo hecho por tu hijo.

• Para educar con el ejemplo, tú también puedes escribir una carta de agradecimiento, por ejemplo al profesor de tu hijo por su esfuerzo durante todo el curso escolar.

3. Escribir un diario de gratitud

Anima a tu hijo a que, cada día, antes de acostarse dedique unos minutos a escribir acerca de tres cosas
por las que está agradecido. Estas cosas pueden ser de dos tipos:

• Generales: estar vivo, poder ver, contar con la amistad de las personas que el niño aprecia, etc.

• Concretas: aprender algo nuevo, recibir un elogio, la ayuda de un compañero, etc.

Si no sabe escribir, dile que te diga cuáles son sus motivos de agradecimiento y los anotas en su diario de gratitud.

Según M. Selligman, “escribir este diario nos ayuda a fortalecer el agradecimiento a la vida y de este modo, cultivar el hábito de ser feliz”.

4. ¿Qué harías tú?

En esta actividad debes proponer a tu hijo una situación concreta que en un futuro podría encontrarse en la vida real. Le diremos lo siguiente:

Imagina que estás llorando en medio de la calle porque te has perdido y empiezas a asustarte porque pasa mucha gente pero nadie te hace caso. No sabes como volver a casa. De repente, aparece una señora que se acerca y te pregunta qué es lo que te pasa y cuando se lo cuentas te ayuda y te trae hasta casa.

Seguidamente le diremos que nos conteste a estas cuestiones:

* ¿Qué harías tú si te pasara eso?
* ¿Qué le dirías a esa señora que te ha ayudado?
* ¿Qué sentirías por ella?
* ¿Le agradecerías el favor que te ha hecho? ¿De qué forma?

A continuación, seguiremos hablándole pero cambiando la historia:

Ahora imagina que otro día estás jugando al fútbol con tus amigos en el parque y se acerca esta misma mujer preocupadísima porque ha perdido a su perrito cuando lo estaba paseando.

Entonces, pregúntale: ¿Tú qué harías? ¿Seguir jugando el partido o ir a ayudarla? ¿De qué forma la ayudarías?

Esta actividad te servirá para trabajar el concepto de la gratitud y de la empatía.

5. La paloma y la hormiga

Enséñale a tu hijo la importancia, no solo de ser agradecidos, sino también de devolver los favores que recibimos. Para ello, léele la siguiente fábula de Esopo, “La paloma y la hormiga”.

Obligada por la sed, una hormiga bajó a un manantial; arrastrada por la corriente, estaba a punto de ahogarse.

Viéndola en esta emergencia una paloma, desprendió de un árbol una ramita, la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga y la salvó.

Mientras tanto un cazador de pájaros se adelantó con su arma preparada para cazar a la paloma. Lo vio la hormiga y lo picó en el talón, haciendo soltar al cazador su arma. Aprovechó el momento la paloma para alzar el vuelo.

Debemos ser agradecidos y devolver los favores que recibimos.

Errores comunes
Como hemos visto, educar la gratitud no es nada sencillo. Necesitamos ser constantes y evitar cometer algunos errores que son bastante frecuentes. Veamos algunos de ellos:

– Restar importancia al sentimiento de gratitud cuando nuestros hijos son pequeños. Solemos decir “si total, nadie da las gracias por nada… ¿para qué se lo voy a enseñar?”. A medida que crecen y llegan a la temida adolescencia decimos: “que desagradecidos son estos jóvenes de hoy en día”. Entonces es cuando deberíamos preguntarnos con toda sinceridad: ¿qué he hecho yo para que esto sea así?

– En ocasiones, tampoco sabemos aceptar el agradecimiento de nuestros hijos y les contestamos “no es nada” o “no es necesario que me lo agradezcas”. Al contrario, debemos estimularlo y decirle: “Muchas gracias a ti, hijo. Significa mucho para mí que estés agradecido”.

– No siempre educamos dando ejemplo ya que en ocasiones tampoco agradecemos a nuestros hijos lo que hacen por nosotros.

Quizás si todos nos aplicásemos a diario la siguiente máxima hebrea nos irían mejor las cosas y podríamos adecentar un poco este mundo:

“El que da no debe volver a acordarse, pero el que recibe nunca debe olvidar”

Objetivo:

  • Dar elementos para que cada participante identifique la escala de valores, como medio práctico para alcanzar la educación eficaz.

Tiempo:

            60 minutos

Ambientación:

Dinámica: «Juguemos a conocernos»

Se coloca una escarapela-número a cada participante y hace entrega de una hoja con los siguientes datos:

  1. ¿Por qué está feliz el número?
  2. ¿Cómo se llama el hijo de la hermana del papá del número?
  3. ¿Cuál es la expectativa del número?
  4. Elabore un acróstico con el nombre del número:
  5. Pida al número… interpretar una canción
  6. ¿Cuántas cuartas tiene la cintura del número?
  7. Pregunte al número… su nombre?
  8. Pida al número… que lo salude.
  9. Consiga la firma del número.
  10. Pregúntele al número… ¿Qué signo es?

Cada participante responderá la pregunta buscando a otro padre de familia, debe escribir en su hoja el número correspondiente del padre entrevistado. Ningún número puede ser repetido.

Una vez estén todos los datos, se hace una pequeña evaluación del ejercicio:

            ¿Cómo se sintieron?

            ¿Para qué les sirvió?

            ¿Qué aprendieron?

 

PRESENTACIÓN DEL TEMA:

  1. Cada participante recibe una copia del texto «Las dos islas».
  2. Analizar el caso empleando para ello cinco minutos. Luego ordenar los personajes de acuerdo con el valor bajo el cual considera, que actúan.

Organizar grupos de 5 personas. Determinar el orden preferencial del grupo. Cada participante expondrá su punto de vista, argumentando las razones que le llevaron a establecer el orden preferencial.

Terminada la tarea del grupo, se responden los puntos para la discusión referenciados en el texto «Las dos islas».

 

GRAN GRUPO:

Cada grupo da a conocer la conclusión sobre los puntos de reflexión.

LAS DOS ISLAS

Aquí hay dos islas. En una están Alicia, Bertha y Cosme; en la otra Delio y Ernesto. Alicia y Delio están enamorados y quieren casarse. Delio le ha enviado un mensaje a Alicia, pidiendo venir a su isla para casarse. Alicia no tiene medios para llegar hasta la isla donde está Delio y el mar está infestado de tiburones. Pero Cosme es dueño de la única barca. Alicia pide a Cosme llevarla a la otra isla.

Cosme promete llevarla, pero bajo la condición de que pase dos noches con él. Alicia se niega a hacer tal cosa. Sin embargo, lo piensa. Alicia habla con su madre, Bertha; le explica la situación y le pregunta si puede pasar dos noches con Cosme. Bertha contesta: «No te puedo decir lo que debes hacer. Tienes que tomar tus propias decisiones».

Alicia lo sigue pensando. Finalmente, va donde Cosme y acepta su propuesta. Cosme la lleva a la isla de Delio. Siendo una persona honesta, Alicia le cuenta a Delio lo sucedido. Delio contesta: «Si usted es esa clase de mujer, ya no puedo casarme».

Ernesto escucha la conversación, y le dice a Alicia: «Está bien yo me caso con usted. No me importa lo que ha hecho. Necesito a alguien que cuide la casa y cocine. Nos casamos y tal vez el amor llegue después». Alicia y Ernesto se casan. Fin del cuento.

 

Puntos de discusión:

  1. ¿Sería diferente si Alicia tuviera 16 años o 40 años de edad?
  2. ¿No estaba Cosme actuando bajo el sistema de empresa libre?
  3. ¿Y Ernesto no se aprovechó de la situación tanto como Cosme?
  4. ¿Había algo de inmoral en pasar dos noches juntos?
  5. ¿Cosme quiso decir «duerma conmigo», cuando dijo «pase dos noches conmigo»?

 

Puntos de reflexión:

  1. ¿Cuáles son las influencias reales que ejerce la familia para formar valores?
  2. ¿Qué otras fuentes transmiten valores o anti valores al interior de la familia?
  3. ¿Los valores que se inculcan son realmente los que hacen falta para cumplir su función innovadora en la sociedad?

 

IDEAS PARA COMPLEMENTAR EL TEMA:

Los valores tienen una influencia definitiva en elecciones que hace el individuo a diario.

¿Qué son los valores? No existe una definición única, los autores han construido sus propias definiciones. Sin embargo podemos decir que los valores son parámetros de convivencia a través de los cuales, el individuo escoge comportamientos alternativos. Son guías para tomar decisiones.

La formación de valores se inicia en la infancia, con relación padres e hijos y continúa el resto de la vida a tisú del contacto con hermanos, amigos, maestros, instituciones: la sociedad en general.

Nuestros valores tienden a ser producto de la experiencia, no se hallan en la enciclopedia. Como padres y educadores, no podemos imponerles valores a nuestros hijos, como tampoco podemos disponer el medio en que han de crecer y obtener experiencia.

Podremos ser autoritarios en lo que se refiere a la verdad y al error; en cuanto a las aspiraciones, propósitos, actitudes, intereses y creencias, podremos cuestionar, pero nunca institucionalizar leyes. Por definición y por derecho social, los valores son asunto personal.

Hay una idea muy extendida que es la de ver el conflicto como algo negativo y, por tanto, algo a eludir. Esta idea probablemente esté basada en diversos motivos:

– lo relacionamos con la forma en la que habitualmente hemos visto que se suelen enfrentar o “resolver”: la violencia, la anulación o destrucción de una de las partes y no, una solución justa y mutuamente satisfactoria. Desde las primeras edades los modelos que hemos visto apuntan en esta dirección: series infantiles de televisión, juegos, películas, cuentos,…
– todas las personas sabemos que enfrentar un conflicto significa “quemar” muchas energías y tiempo, así como pasar un rato no excesivamente agradable.
– la mayoría sentimos (incluidos educadores y educadoras) que NO hemos sido educadas para enfrentar los conflictos de una manera positiva y que, por tanto, nos faltan herramientas y recursos. En los programas de las facultades de pedagogía y de ciencias de la educación se echan a faltar temas como la resolución de conflictos.
– tenemos una gran resistencia al cambio. Aunque las cosas no estén bien y lo veamos claro, muchas veces preferimos mantenerlas así antes que asumir los riesgos que significa meternos en un proceso de transformación.

No obstante, creemos que el conflicto es consustancial a las relaciones humanas. Interaccionamos con otras personas con las que vamos a discrepar y con las que vamos a tener intereses y necesidades contrapuestas. El conflicto además es ineludible, y por mucho que cerremos los ojos o lo evitemos, él, continúa su dinámica. Es algo vivo que sigue su curso a pesar de nuestra huida, haciéndose cada vez más grande e inmanejable.

Pero vamos incluso más allá, consideramos que el conflicto es positivo. Se podrían dar muchos motivos, pero resaltamos dos:

– Consideramos la diversidad y la diferencia como un valor.Vivimos en un solo mundo, plural y en el que la diversidad desde la cooperación y la solidaridad, es una fuente de crecimiento y enriquecimiento mutuo. Convivir en esa diferencia conlleva el contraste y por tanto las divergencias, disputas y conflictos.
– Consideramos que sólo a través de entrar en conflicto con las estructuras
injustas y/o aquellas personas que las mantienen, la sociedad puede avanzar hacia modelos mejores. Es decir, consideramos el conflicto como la principal palanca de transformación social, algo que como educadores y educadoras por la paz debe ser, precisamente, uno de nuestros objetivos básicos.
– Consideramos el conflicto como una oportunidad para aprender. Si el conflicto es algo connatural a las relaciones humanas aprender a intervenir en ellos será algo fundamental. Si en lugar de evitar o luchar con los conflictos, los abordamos con los chicos/as podemos convertirlos en una oportunidad para que aprendan a analizarlos y enfrentarlos. Resolver un conflicto por si mismos, además de hacerles sentir más a gusto con el acuerdo, les dará más capacidades para resolver otros en el futuro.

El reto que se nos plantea será, cómo aprender a enfrentar y resolver los conflictos de una manera constructiva, “noviolenta”. Esto conlleva comprender qué es el conflicto y conocer sus componentes, así como desarrollar actitudes y estrategias para resolverlo. Entendemos por resolver los conflictos, a diferencia de manejarlos o gestionarlos, el proceso que nos lleva a abordarlos, hasta llegar a descubrir y resolver las causas profundas que lo originaron. No obstante, la resolución de un conflicto no implica que a continuación no surjan otros. En la medida que estamos vivos y seguimos interaccionando y creciendo, seguirán apareciendo conflictos que nos darán oportunidades para avanzar o retroceder, según cómo los enfrentemos y resolvamos.

Por tanto, desde la educación para la paz vemos el conflicto como algo positivo e ineludible que debe ser centro de nuestro trabajo. Para ello trabajaremos con aquellos conflictos que cotidianamente tenemos más cerca (interpersonales, intragrupales, etc.) en lo que llamamos microanálisis, y con los grandes conflictos (sociales, comunitarios, internacionales, …) en lo que llamaremos macroanálisis. En las primeras edades nos quedaremos fundamentalmente en el ámbito del microanálisis y las relaciones interpersonales, mientras que en los cursos superiores, sin descuidar este aspecto, trabajaremos cada vez más los conflictos sociales e internacionales.

El objetivo principal no es que el profesorado aprenda a resolver los conflictos de los alumnos y alumnas, sino trabajar con ellos para que aprendan a resolverlos por sí mismos, convirtiendo esa resolución no sólo en un éxito presente, sino en un aprendizaje para otras situaciones que se les darán en la vida cotidiana.

Marisol Muñoz-Kiehne, PhD

Ya que…

  • Las estadísticas recientes calculan que una de cada cuatro mujeres va a ser maltratada físicamente por su pareja.
  • Se estima que el maltrato verbal y emocional es aún más frecuente.
  • La violencia doméstica afecta a todo grupo social y a todo miembro de la familia.
  • La violencia familiar es el precursor principal de las muertes de niños por abuso o negligencia.
  • Los niños siempre son víctimas en estas situaciones, aún cuando no se les abuse directamente, o cuando parezca que son muy pequeños para darse cuenta.
  • Los estudios señalan que los niños que han sido testigos de violencia en su hogar corren riesgos altos de ser abusados, involucrarse en conductas delincuentes, y cometer abuso según crecen.
  • La violencia familiar es un patrón que tiende a repetirse, y empeorarse con el tiempo.
  • La violencia consiste de conductas aprendidas las cuales tienden a ser pasadas de generación en generación.

Recordemos…

  • Busquemos educación, información y orientación.
  • Trabajemos por la prevención, la intervención, o la sanación de las heridas que causa la violencia familiar.
  • La violencia familiar es asunto de todos.
  • Hombres: no hay excusas, pero hay soluciones para su violencia.
  • Mujeres: liberarse de relaciones abusivas no es fácil, pero es posible. Y, “mejor sola que mal acompañada.”
  • Niños: hay esperanza y ayuda.

La violencia familiar incluye abuso:

  • Verbal
  • Emocional
  • Físico
  • Sexual
  • Económico

Algunos síntomas y efectos de la violencia familiar en los niños:

  • Tristeza y depresión
  • Ira y agresión
  • Temores y preocupación
  • Pesadillas y Pandillas
  • Problemas en el desarrollo
  • Problemas en el aprendizaje
  • Problemas en las relaciones interpersonales

¿ Qué hacer?

  • Buscar protección y refugio
  • Buscar apoyo y ayuda (para los adultos y para los niños)
    – Médica
    – Emocional
    – Legal
    – Económica
  • Crear un plan de seguridad
    – Salida de emergencia
    – Contactos de emergencia
    – Objetos importantes (documentos, medicinas)
    – Enseñar a los niños a usar el 911

Recursos:

  • Línea Nacional de Emergencias sobre Violencia Doméstic
  • Algunas agencias que ofrecen refugio, apoyo y abogacía:
  • Panfleto “Manual de violencia doméstica: Guía de sobrevivencia,” del Centro de Prevención del Crimen y Violencia, Procurador General del Estado de California. (Puede conseguirse gratis llamando o escribiendo a la oficina).
  • Libro “Mejor sola que mal acompañada” y “¡No más!: Guía para la mujer golpeada,” de Myrna Zambrano
  • Libro “Violencia masculina en el hogar: Alternativas y soluciones,” de Antonio Ramírez.

La adolescencia supone un proceso de maduración personal, una etapa de transición a la vida adulta que comienza con la pubertad y los cambios fisiológicos a los 11-12 años aproximadamente hasta los 18-20 más o menos. Se trata de un período de construcción de la identidad personal, de cambios fisiológicos, preocupación por el físico, por la imagen personal y de necesidad de reconocimiento social.

Piaget habla de un período de operaciones formales, un pensamiento lógico que se caracteriza por el desarrollo de la capacidad de pensar más allá de la realidad concreta, incluyendo ideas abstractas. El adolescente comienza a desarrollar estrategias hipotético-deductivas, de manera que ante un problema, elabora sus hipótesis para comprobar posteriormente si se confirman.

Es una etapa en la que se generan lazos más estrechos con el grupo de iguales, siendo necesaria la integración en un grupo. Las amistades van a contribuir al desarrollo de la personalidad y al proceso de socialización e integración en la sociedad.

El adolescente espera del grupo que le permita el desarrollo de su autonomía, pero una vez que es independiente abandona el grupo porque la noción de autonomía y la de grupo se oponen. Por lo tanto, es normal que el adolescente, llegado el momento, se salga del grupo para comprometerse en relaciones más personales.

Por lo tanto, los adolescentes se van a encontrar con dos grandes fuentes de influencia social en su desarrollo: los amigos que adquieren un papel fundamental en este momento y la familia, especialmente los padres/madres. En este sentido, hay investigaciones que demuestran que las estrechas relaciones positivas, tanto con la familia, como con los amigos, contribuyen a una mejor adaptación social del adolescente.

Los padres y madres deben tener claro, por lo tanto, que se encuentran en una etapa en la que los hijos/as necesitan cariño, afecto, apoyo, comprensión y paciencia ya que, están sufriendo una serie de cambios en su forma de pensar y en su aspecto físico, que en un primer momento, no saben como afrontar y por lo tanto necesitan la ayuda de los adultos. También deben entender que si hay apoyo en el hogar los adolescentes se acercan pero si no lo encuentran, lo buscan en las amistades. Sin duda la intervención de los padres/madres es decisiva y la calidad de relación que se establece o el tipo de disciplina son determinantes.

CONSEJOS PRÁCTICOS

  • Participar en la vida de los hijos/as, fomentando una relación positiva y una comunicación eficaz.
  • Demostrar INTERÉS, amor incondicional y comprensión, estableciendo límites y normas adecuados.
  • HABLAR con los hijos/as sobre las cosas que son más importantes para ellos, aunque nos parezcan temas sensibles o complicados.
  • ESCUCHAR atentamente lo que dicen y ayudarles a relacionarse bien porque serán más felices en el centro educativo y en la vida.
  • Dar oportunidades para tener éxito, ayudándoles a conocer sus puntos fuertes porque el éxito aumenta y desarrolla la autoestima y la seguridad en sí mismos.
  • Conocer y supervisar sus AMISTADES y también las familias.
  • Dar ejemplo de buen comportamiento, valores y principios. Aprender por IMITACIÓN.
  • ESTAR ATENTOS a señales de algún problema. Si no podemos o no sabemos afrontarlo, hay que buscar la ayuda conveniente en el entorno próximo, sin agobiarse, porque todo tiene una solución. Es cuestión de contar con el apoyo preciso y la orientación adecuada.
  • Nunca hay que desanimarse. La adolescencia pasará.

1.- Evitar la sobreprotección: Que los menores aprendan a enfrentar los problemas a partir de sus propias experiencias. Es positivo ayudarles a repasar sus materias, pero en ningún caso hacerles las tareas.

2.- Autoestima: Felicite al niño por haber terminado las tareas y demuéstrele que está orgulloso de él por su esfuerzo. Un niño tímido si se pone nervioso antes de una prueba, es bueno que alguno de los padres o incluso el profesor les diga que le va a ir bien porque ellos son capaces y estudiaron. Esa sencilla afirmación les da gran seguridad y confianza en sí mismo.

3.- Dar tranquilidad: Los papás deben estar disponibles para sus hijos, y éstos deben sentir su apoyo incondicional. Cuando los niños están bajo presión los padres deben hacerles sentir que los entienden. Una buena comunicación y el hacerles saber que no son los únicos que tienen problemas, los tranquiliza mucho.

4.- Manejar el stress: Los niños aprenden de cómo se comportan sus propios padres, por esta razón es bueno que se le de el ejemplo y en el caso de situaciones complejas los padres deben de demostrar que se pueden resolver los problemas, sin golpes ni gritos.

5.- Técnicas de relajación: Buscar un ambiente adecuado y sin ruidos propicio para crear situaciones en donde el niño puede desplegar su imaginación y de ésta manera lograr relajarse.

6.- Alimentación adecuada: se debe evitar la comida chatarrra, la dieta debe de tener una cantidad adecuada de calorías para su edad y un balance entre carbohidratos, grasas y proteínas incorporando frutas y verduras.

7.- Actividades agradables: incentivarlo a que realice las actividades que más le gustan, para que le ayude efectivamente a reducir el stress.

8.- Horarios claros: es necesario realizar un “rayado de cancha” al niño, es decir establecer los límites y mantener una rutina es fundamental para los casos de horarios de estudios, de comida, de juego, incluso de descanso. También es bueno elaborar padre e hijo en conjunto un calendario en donde se establezcan los horarios de realización de tareas y actividades escolares.

9.- Hábitos de estudio: los padres tienen el rol de asegurarles un lugar tranquilo de estudio, con buena iluminación, sin ruidos, tranquilo, sin televisión ni otro estímulo que los distraiga. Es importante que éste lugar sea siempre el mismo, para que el menor se acostumbre a él y no tenga constantemente elementos que llamen su atención.

10.- Facilitarles las tareas: es importantísimo que los padres se involucren en los estudios de los hijos, ayudándoles a que tengan los materiales para sus trabajos y tareas, y cuando estén más grandes facilitándoles para que se junten con otros compañeros y trabajen en grupo.

Virginia Maggi V.