Escuela de Padres

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Tu hijo hace una travesura detrás de otra y se dedica a desobedecer en tus narices mirándote por el rabillo del ojo. ¿Te está provocando o qué?

El problema

Ya tenía tendencia a ser un poco pillo. Pero ahora se ha vuelto claramente insolente. Parece que solo tiene un objetivo: probar tus límites y provocarte.

¿A quién afecta la provocación?

A tu hijo. A fuerza de insolencia y provocación, crea un clima de tensión en casa. Lo riñes, lo castigas…
A ti. Quieres ser paciente, pero a veces no puedes más. Cuando te provoca en público, sientes que tienes un niño mal educado y que no consigues que te respete.

Te provoca para afirmarse

A esta edad, el niño se separa poco a poco de ti, es normal. Se da cuenta de que tiene un pensamiento diferente del tuyo y quiere afirmar su personalidad. En el fondo te hace gracia, porque te impresiona o te maravilla que se parezca unas veces a su madre y otras a su padre.

Qué hay que hacer. No dejes pasar las provocaciones sin reaccionar. Aguántate la risa si no quieres verte obligado a reaccionar con más contundencia para demostrarle que no estás de acuerdo. Un buen truco para resistir sin flaquear: repite las mismas frases mirando a tu hijo a los ojos.
Qué hay que decirle. “Eres un pillo, es divertido, pero esto está prohibido”, o bien, “¿Pero qué pasa aquí? ¿He oído una palabrota?”.

Está experimentando

Juega con el interruptor una vez, dos, tres… y, claro, al final, la bombilla se funde. Tu hijo explora las situaciones provocando tus reacciones. Es curioso, tiene ganas de descubrir el mundo y le gusta experimentar con los objetos que le rodean… ¡y también con sus padres!

Qué hay que hacer. Sobre todo, no le digas que es malo, porque puedes encasillarlo en ese comportamiento. Si es necesario, castígalo en un rincón, de cara a la pared, durante unos segundos. Lo importante es el gesto. Luego llámalo y haz las paces con él.

Qué le tienes que decir. “Sé que a ti esto te parece divertido, pero a mí no me hace ninguna gracia. Espero que no lo vuelvas a hacer. Ya te lo había advertido: esto no se hace, nunca”.

Cuando te provoca, cata lo prohibido

Tienes que marcharte a la oficina y tu hijo quiere quitarse los zapatos justo en el momento de salir, cuando ya lo habías convencido para que se los pusiera…

Qué hay que hacer. No te enfrentes a él cada vez que se opone a algo, no sirve de nada. Ayúdalo a proyectarse en el futuro: luego, en la guardería, o esta noche, podrá quitarse los zapatos. Se trata de hacerle entender que hay una ley familiar que es igual para todos.

Qué hay que decirle. “Sé que no quieres hacer esto y que no estás de acuerdo, pero es así. No eres tú el que decides. Me voy a la oficina y no puedo llegar tarde”, o bien, “Pregunta a papá (o a mamá) si se quitaba los zapatos cuando era pequeño (o pequeña), antes de ir a la guardería”.

Marie Auffret-Pericone con Christine Brunet, psicóloga.

Tendrían cabida en este apartarlo todas las intervenciones que se realicen con este colectivo de personas afectadas de una problemática común.

Se incluyen proyectos que de alguna manera tienen actuación directa con colectivos y/o sectores específicos.

– Proyectos de Infancia.- listos proyectos intentan prevenir y compensar desigualdades sociales orientando procesos de socialización fragilizados, ayudando en procesos educativos, de formación familiar y de atención al menor, relacionándose con los centros educativos, asociaciones de padres, e Instituciones Provinciales y Autonómicas (Delegación de Educación, Servicios de Infancia y Familia…) ofertando actividades y talleres a familias, niños… en definitiva respondiendo a una labor solidaria y una apuesta compensadora de desigualdades.

– Proyectos hacia personas con discapacidad.- Se refiere a proyectos que se dirigen a las personas con algún tipo de discapacidad o sus familiares, con actuaciones relacionadas con la formación, el asesoramiento, el asociacionismo, la integración en actividades de tiempo libre y ocio.

Existen diversas organizaciones no gubernamentales, y asociaciones de carácter altruista que realizan su trabajo en el ámbito de la adolescencia en sus más diversas áreas; entre ellas destacan las siguientes con ámbito de actuación estatal:

– UNICEF.- Los programas de UNICEF tratan de asegurar que los niños reciban el mejor cuidado posible desde el nacimiento y desarrollen todo su potencial, e ingresen en la escuela gozando de buena salud y dispuestos a aprender. También lleva a cabo investigaciones y realiza evaluación de sus programas a fin de perfeccionarse trabajo en los distintos países.

También interviene en las situaciones de emergencia para contribuir a resolver las necesidades urgentes de los niños y las mujeres de las regiones del mundo azotadas por cualquier tipo de crisis.

– Aldeas infantiles SOS: Su objetivo es ofrecer a los niños una familia, un hogar estable y una formación sólida para alcanzar una vida autónoma. Adopta un modelo familiar de carácter universal cuyo contenido está definido por las características sociales y culturales propias de cada país.

– Cruz Roja-Juventud-: esta asociación ha puesto en marcha servicios en este campo dirigidas tanto al tiempo libre como a la formación ocupacional de los jóvenes.

– APRONI- (Asociación de Ayuda y Protección al niño).- Es una asociación sin ánimo de lucro cuyo ámbito geográfico es nacional. Desde principios del año 2001 es una ONGD (Organización No Gubernamental para el Desarrollo). Facilita el acogimiento de menores y su inserción sociolaboral, se dedica a la atención y acogimiento de menores que se encuentran en situación de riesgo social, carencia o necesidad y realiza actividades de cooperación Internacional al desarrollo y Ayuda Humanitaria con otros países.

Otras asociaciones dirigidas a la Infancia: Fundación sueño y vida (fundación para realizar los sueños de todos los niños españoles con cualquier enfermedad Terminal), Infancia sin fronteras (dedicada al apadrinamiento de niños). Save the Children (ONG dedicada a defender y promociona: los derechos de la Infancia en el marco de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas)…

– Otras asociaciones de carácter local, provincial y autonómico.

Las entidades asociativas dedicadas al sector adolescente o juvenil suponen un 4,25% de todas las, asociaciones de carácter estatal.

Los años intermedios de la niñez se caracterizan por un alto nivel de actividad y por los graduales progresos fisiológicos que le ayudan a refinar las habilidades motoras y la coordinación. Estos progresos son evidentes no solo en los juegos de los niños sino también en sus dominios de destrezas como la escritura.

El desarrollo motor del niño en esta etapa se caracteriza porque alrededor de los seis años empiezan los primeros cambios de configuración. Esta transformación consiste en que las extremidades se alargan y robustecen, con lo cual la cabeza y el tronco ceden en importancia.

La fuerza crece de un modo regular desempeñando desde los seis años un papel importante en los juegos de lucha y acrobacia. Los movimientos del cuerpo se van haciendo cada vez más armónicos. Los niños adquieren la capacidad de controlar su cuerpo. Por lo general son ágiles y mantienen bien el equilibrio.

A los seis años el niño se encuentra en pleno proceso de desarrollo cognitivo empezando a dominar la percepción analítica. Ya empieza a distinguir con mayor claridad los objetos como independientes unos de otros. También empieza a tener una percepción de esos objetos más detallada y analítica (empieza a ser capaz de distinguir las distintas partes de que se componen esos objetos).

Según Piaget (1984) el desarrollo intelectual en esta etapa se caracteriza porque el pensamiento del niño presenta tres modificaciones. La primera es una creciente participación del pensamiento verbal y lógico.

Esta característica en su pensamiento le irá capacitando cada vez más para elaborar conceptos y prever soluciones para los problemas.

Una segunda novedad es la captación por el niño de la invariabilidad de la cantidad o materia.

Y una tercera adquisición de este periodo es según Piaget la posibilidad de captar simultáneamente, relacionar, ponderar y ordenar los diversos estados de una cosa (por ejemplo la altura y anchura) o pasos de un problema.

En el desarrollo afectivo del niño en esta etapa cabe distinguir dos fases distintas: fase de transición (seis a siete años aproximadamente) y la tase de serenidad emocional (de los ocho a los diez años).

La fase de transición se caracteriza por la propensión al cansancio originada por los cambios bruscos en el organismo, por la gran labilidad de los sentimientos de ánimo (pasan con rapidez de la risa al llanto), por las fobias nocturnas, propensión al descontento…

En la segundas etapa o fase de serenidad emocional el desarrollo de la voluntad permite al niño un mayor control de si misma una actitud optimista, un alto sentimiento de sí mismo que le lleva a un afán por hacerse valer.

En cuanto al desarrollo social es importante destacar que en la clase se forman enseguida grupos aislados de dos a cinco niños entre los cuales existe una simpatía especial. Pero la clase como un todo es una formación organizada artificialmente y tarda mucho tiempo en constituirse como comunidad. El hecho de que los niños se acusen con frecuencia unos a otros, como el que traten de conseguir las preferencias en la atención del profesor demuestra que no existe todavía un verdadero sentimiento de solidaridad.

Quién da cohesión al grupo es el profesor en razón de su prestigio de adulto, de la función que desempeña, así como los lazos afectivos que establece con los niños.

En el periodo de ocho a diez años se incrementa la formación de pandillas generalmente homogéneas en cuanto a edad y sexo. El niño necesita del grupo para autoafirmarse. Alrededor de los diez años existe un rechazo mutuo entre niños y niñas.

Las actividades físico-motoras de los preescolares ponen los cimientos de su futuro desarrollo cognoscitivo y socio-emocional. En cuanto a este desarrollo motor el niño aproximadamente a los doce meses comienza a andar todavía de forma insegura y con muchos esfuerzos.

La posición erguida lleva modificaciones en la visión y percepción. Alrededor de los dieciocho meses su marcha es segura, puede correr, subirse a una silla y si se le ayuda, los peldaños de una escalera. A los dos años, corre bien, no se cae, patea una pelota, sube y baja las escaleras, sostiene un vaso y bebe de él. Es capaz de construir una torre de seis o siete cubos.

A los tres años es capaz de pascar en triciclo, controlar las frenadas bruscas y subir y bajar escaleras alternando los pies.

A los cuatro años es capaz de mantener brevemente su cuerpo sobre un solo pie y brincar y jugar en el columpio. Posee una coordinación motora mucho más fina y es capaz de abrocharse los botones.

A los cinco años posee un gobierno mayor de la actividad corporal: salta sin dificultad y se mantiene de puntillas unos segundos, mayor control de los utensilios (el cepillo de dientes, el lápiz…). A partir de aquí el niño se enfrentará a nuevas adquisiciones motrices como saltar a la comba, patinar, montar en bicicleta…

Durante el desarrollo perceptivo ocurren dos importante cambios relacionados con la maduración: uno es un progresivo cambio de preferencia desde la percepción sensorial-cenestésica a la percepción visual y verbal.

Existe un paso progresivo de los niños de dos a seis años: de una actividad exploratoria de los objetos en los que domina la manipulación de los mismos a otra más dominantemente visual. Quien posibilita este progreso es según Piaget (1937) la capacidad que adquiere el niño durante este periodo de representar simbólicamente la realidad. Otra característica de esta etapa es que adquiere la capacidad de integrar la información de diversas modalidades sensoriales.

Sobre la percepción de la forma de los objetos cabe señalar que sigue siendo difusa y globalista. Presta poca atención a los detalles. Solo cerca de los seis años prestará atención a estos detalles hasta conseguir una percepción integrada.

Sobre la percepción del espacio gracias a las funciones psicomotrices, el niño va conquistando cada vez más el espacio lejano. En cuanto a las pequeñas distancias, en el segundo año existe ya una construcción de dimensión y magnitud.

La percepción del tiempo se da alrededor de los dos o tres años de forma muy elemental. El niño se orienta en el tiempo a través de signos extratemporales. Hacia los cuatro años comienza a comprender y usar correctamente los adverbios temporales (hoy, antes, mañana…). Este progreso estriba en el auge de la memoria, cada vez mayor, que permite al niño ordenar temporalmente experiencias conservadas durante un lapso mayor de tiempo. Estos intervalos todavía son relativamente pequeños.

En cuanto al desarrollo intelectual en esta etapa el niño va a pasar de la fase sensoriomotriz a la fase simbólica. Según Piaget va a lograr sustituir una acción o un objeto por su signo.

Entre los doce y los dieciocho meses se dan las Reacciones Circulares Terciarias y el descubrimiento de nuevos medios por exploración o experiencia activa. En este nivel, el niño reitera las reacciones cíclicas aprendidas pero las varia buscando nuevos resultados.

Entre los dieciocho meses y los dos años se da el nivel de invención de nuevos medios por combinación mental. Ahora el niño ya es capaz de representar el mundo exterior pero usa como representaciones imágenes motoras imitativas (por ejemplo una representación del acto de abrir una puerta será el ejercicio de abrir y cerrar los brazos por el niño).

De los dos a los seis años comienza el periodo de las operaciones concretas cuyo subperíodo primero es el periodo preoperacional que abarca de los dos a los cuatro años y donde el niño ya es capaz de diferenciar significantes de significados, puede elaborar una imagen interna que representa un objeto ausente.

De los cuatro a los seis años el pensamiento del niño sufre algunas modificaciones: captación por parte del niño de la invariabilidad de la cantidad o materia, posibilidad de ordenar y relacionar los estados de una cosa (anchura y altura) y ya es capaz de secuenciar los pasos de un problema.

Todos los padres pueden observar un cambio de conducta en sus hijos en torno a los dos años en relación al desarrollo afectivo. El niño se vuelve poco a poco desobediente lo que provoca los primeros conflictos con padres y educadores. Es característico que quiera imponer su voluntad continuamente. Este nuevo comportamiento que presenta una mezcla de rebeldía y de negativa recibe el nombre de obstinación.

Por efecto de la maduración y del aprendizaje, la vida emocional del niño sufre profundos cambios. El comportamiento emocional tiende a estabilizarse y tiende a ser menos explosivo y casual. Lo que las emociones pierden en violencia lo ganan en variedad y riqueza. A medida que la vida social del niño se enriquece, sus emociones tienden a socializarse.

En esta edad existen dos procesos claves en el desarrollo del lenguaje. El lenguaje receptivo y el lenguaje expresivo. A menudo el lenguaje receptivo o comprensivo se desarrolla con mayor rapidez que la producción del leguaje. El niño va adquiriendo poco a poco los distintos fonemas. Ingram (1976) y Boch (1984) estudiaron las diferentes estrategias propias que se ponen en marcha para la adquisición fonológica. Estos autores consideran que los fonemas se adquieren a través de tres procesos, denominados procesos de simplificación fonológica (sustitución, asimilación y simplificación).

En relación con la adquisición de vocabulario, el niño pasará por diferentes etapas, de esta forma el sentido de las primeras palabras que aprende se irá afinando paulatinamente gracias al desarrollo cognitivo del niño, a la estimulación recibida por el entorno y a los diferentes modelos que éste le va ofreciendo. Cualquier novedad que vaya asimilando, servirá para que el niño modifique la organización semántica que tiene en ese momento.

Todos los autores coinciden en dividir la infancia en varias etapas. Sin embargo estas suelen variar bastante do unos a otros autores. Utilizamos a continuación la expuesta por Grace Graig en su libro DESARROLLO PSICOLOGICO:

Etapa del lactante: 0-2 años

Edad Preescolar: 2-6 años

La niñez: 6-10 años

1. Los lactantes

Durante los dos primeros años de vida los lactantes muestran considerables variaciones en su tasa de crecimiento y desarrollo. GESELL sostiene que el desarrollo depende de la maduración.

Uno de los tipos de comportamiento más simple que se encuentra en la base del descubrimiento y orientación en el mundo son los reflejos. Los reflejos son reacciones simples involuntarias a sencillos estímulos exteriores que poseen una gran utilidad como mecanismos de supervivencia, de defensa y de adaptación en los 4-5 meses del recién nacido.

El buen funcionamiento de los reflejos indica maduración normal del sistema médulo-espinal.

Los principales reflejos en el recién nacido son: reflejo de succión, el de parpadeo, el reflejo de agarrar, reflejo de Moro (desaparece; si persiste más allá tic los 3 ó 4 meses indica anormalidad neurológica, reflejo de la espina dorsal, reflejo de andar, reflejo de estiramiento, reflejo de acarear con los pies (si este reflejo no desaparece, más tarde el niño no podrá ponerse de pie)

Lo normal es que estos reflejos vayan desapareciendo entre el 4º y el 5º mes, de lo contrario el niño no podrá desarrollarse normalmente.

En el desarrollo motor el niño pasa por una fase tónico-refleja caracterizada por la postura que tiene el niño cuando está extendido boca arriba con la cabeza girada hacia un lado y el brazo de ese lado extendido mientras que el del lado contrario está flexionado. A los 4 meses entra en una fase simétrica en la cual los movimientos de los brazos se correlacionan con los movimientos de la cabeza y no se sabe utilizarlos independientemente. Posteriormente pasa a la fase semirrecta y erecta. En un periodo de 15 meses el niño pasa de una posición yacente a la de un bípedo. Este mismo esquema es igual para la adquisición de las destrezas manual y digital. Poco a poco la capacidad de aprensión va adquiriendo mayor finura.

En cuanto al desarrollo perceptivo el niño al nacer percibe los objetos que le rodean así como sus formas, de forma confusa pues sus ojos son poco capaces todavía de acomodación y coordinación. A las diez semanas de vida, el bebé prefiere mirar los contornos en vez de los centros. Inicialmente los lactantes perciben el mundo como una imagen plana. A los seis meses ya es capaz de captar las diferencias de distancia.

La percepción de los objetos y su tamaño, así como la profundidad y el espacio, no le viene dad al lactante a través de una modalidad sensorial. En ella influyen también las sensaciones del tacto, del oído, las sensaciones de equilibrio y propioceptivas. así como la psicomotricidad.

Hacia los cinco meses el niño no solo contempla las cosas, sino que las coge de forma activa y consciente, gracias a la coordinación del sentido del tacto con el de la vista. El niño no se orienta por las propiedades ópticas sino por las cualidades que descubre al manejarlas: rueda, se detiene, sirve para meter ruido…

El lactante no tiene percepciones aisladas cuando comprueba la existencia de una cosa, sino que su percepción está relacionada íntimamente con un sentimiento. Poco a poco el niño realiza una síntesis perceptiva que es la imagen de su propio cuerpo. Esta imagen lleva consigo sensaciones muy particulares (visuales, táctiles, de equilibrio…)

Hacia el cuarto o quinto mes, mira sus manos, luego sus pies. Al sexto mes toma interés por su propio cuerpo. Al final del primer año muestra y señala las distintas partes del cuerpo a petición del adulto.

En cuanto al desarrollo intelectual, según Piaget el desarrollo del pensamiento en esta etapa corresponde a los cuatro primeros estadios de la etapa sensoriomotríz. En esta etapa las interacciones del niño con el medio están gobernadas por acciones sensoriales (ver, oír…) o por acciones motóricas (aprehensión, tacto, succión…) A través de esta etapa el niño va formando nuevos patrones o sistemas organizados de acción que cada vez van a ser más intencionados.

El primer nivel de esta etapa corresponde al ejercicio de los reflejas los cuales son reacciones innatas a los estímulos. Alrededor de los 2-3 meses se dan las reacciones circulares primarias las cuales son conductas que el sujeto tiende a repetir y están centradas en sí mismo. Son reacciones puramente funcionales ( el niño coge por coger, mira por mirar…). Según Piaget son reacciones circulares primarias la succión, la mirada fija, fonación de ciertos sonidos…

El tercer nivel se da entre los 4-7 meses y son las reacciones circulares secundarias. Aquí el niño trata solo de repetir o prolongar un esquema descubierto por puro placer funcional. El niño sigue empleando nuevos parrones de comportamiento de forma accidental y los aprende. Comienza poco a poco a aparecer la acción intencional (8-12 meses)

En el cuarto nivel se da la coordinación de los esquemas secundarios (mirar, oír, tirar…) dando lugar a un esquema combinado (mirar para ver un juguete, tirar de él para cogerlo…). El niño ya es capaz de aplicar esos esquemas a situaciones nuevas para producir esquemas diferentes.

En relación con el desarrollo afectivo la vida del recién nacido se reduce casi exclusivamente a reacciones emotivas, quedando excluido todo sentimiento Esta vida emocional en los primeros cuatro meses de vida se halla ligada a sensaciones orgánicas: hambre, sed, placer, dolor, cansancio…

Entre el tercer y el sexto mes las vivencias de placer suelen predominar sobre las de displacer.

Las emociones del recién nacido son intensas y desproporcionadas a la causa que las haya motivado.

Ante un estimulo su organización motórica actúa globalmente. Estas emociones son momentáneas: duran poco tiempo y terminan bruscamente. Estos cambios bruscos se atribuyen a tres factores. A su carencia de comprensión total de la situación debido a su desarrollo intelectual inmaduro, al poco alcance de su atención y a que desahoga fácilmente sus emociones acumuladas. De modo general se puede afirmar que la lactancia es un periodo de la vida en el que la afectividad ejerce una influencia dominante sobre la conducta del niño y sus funciones psicológicas.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el desarrollo del lenguaje donde el niño es capaz de mostrar desde que nace una gran facilidad para tomar parte en rutinas de intercambio social. Los bebés reaccionan específicamente ante ciertos patrones visuales (especialmente los que configuran las expresiones faciales) como auditivos (son capaces de distinguir sonidos que forman parte de la voz humana y reaccionar sincrónicamente a los mismos). Junto a estas conductas tenemos un adulto que se acomoda constantemente a las necesidades del niño, siendo esta una de las claves para poder comenzar la incorporación de los complicados procesos comunicativo-lingüísticos que el niño realiza.

En el primer mes de vida los niños ya comienzan a emitir las primeras vocalizaciones que serán la base para realizar los patrones consonante-vocales Alrededor de los dos meses se producen las protoconversaciones (diálogos muy primitivos caracterizados por el contacto ocular, sonrisas, gorjeos y alternancia en las expresiones). En el tiempo que va de los cuatro a los ocho meses, las conductas sociales se van naciendo más complejas y especificas. Bruner (1994) es quien mejor ha estudiado este periodo, centrándose en el análisis de las rutinas lúdicas que el denomina formatos (contextos estables que le permiten al niño reconocer la estructura de la interacción y anticiparse en ocasiones al adulto, quien regula externamente al niño guiándole.

Sobre los seis meses y en adelante, repite sílabas con secuencias cada vez más complejas (balbuceo). Estas vocalizaciones empiezan a adquirir algunas características del lenguaje propiamente dicho: entonación, ritmo, tono…

La primera vocal que aparece suele ser la a y las primeras vocales suelen ser oclusivas (b, p, m). La combinación de estos sonidos dará lugar a las primeras palabras: papá, mamá…

Alrededor de los ocho meses el niño empieza a dar muestras claras de conducta intencional.

Hacia los nueve meses comienza a comunicar a través de los gestos deícticos (señalar, dar, mostrar…) Ante la imposibilidad de alcanzar algún objeto, mirará al adulto y al objeto alternativamente señalando hacia el mismo y probablemente vocalizando simultáneamente. Estamos en presencia de los protoimperativos.

Hacia los doce meses, el niño adjudica al adulto el estatus de interlocutor, es alguien con el que desea compartir cierta información. Aparece así la conducta protodeclarativa. El niño muestra objetos al adulto con la intención de compartirlos con él.

También a partir de ahora va comprendiendo palabras familiares, al mismo tiempo que las vocalizaciones son más precisas y mejor controladas en cuanto a altura tonal e intensidad.

Solemos pensar que, cuanto más complejo, mejor pero es preferible que sea simple y despierte sus ganas de explorar y descubrir.

Hasta hace unos años, no pasaba nada si el niño recibía un exceso de estímulos, porque se pensaba que, cuando no estaba preparado para recibirlos, simplemente los ignoraba. En cambio, estudios recientes de neurociencia indican que esto puede provocar deficiencias importantes en su capacidad de aprendizaje, ya sea por un bloqueo emocional, por dificultades de concentración o por modificaciones en su sistema de memoria. También la intolerancia a la frustración y la necesidad constante de incentivos pueden estar asociadas a un exceso de estímulos en los primeros años de vida.

¿Y cuándo los sobrestimamos? Pues cuando nos obsesionamos en obtener rendimiento de todo lo que les ofrecemos: juguetes con un sinfín de colores, luces, formas y sonidos, pantallas con juegos o dibujos para que aprendan más y más rápido, e incluso al rebajar las horas d sueño durante el día para aprovecharlas con más ejercicios.

En su justa medida

Los estímulos son todo lo que nos entra a través de los sentidos: vista, oído, tacto, gusto y olfato. Así, brindárselos a nuestros hijos se convierte en un medio de comunicación excelente cuando se plantea desde la confianza, el amor, la ternura y respetando sus ritmos. Se trata de ofrecerles palabras y besos que manifiestan nuestra felicidad ante sus progresos y esfuerzos. Y, por supuesto, rodeándolos de los juguetes adecuados en cantidad, variedad y funciones, porque los buenos no pretenden anticipar las etapas de desarrollo de un niño, sino colaborar en ellas despertando su curiosidad. Un exceso de juguetes cargados de funciones y ofrecidos como ejercicios que deben realizarse, y no como un juego de exploración, nos aleja del objetivo, pudiendo llegar a convertirlo en una tarea.

¿De verdad creemos que el tener muchas funcionalidades, colores o sonidos hace mejor a un juguete? Sabemos que no, porque vemos cómo nuestro hijo se entusiasma con una sencilla muñeca de trapo o disfruta saltando en un charco. Observemos sus juegos sin prisa, pongamos palabras a sus acciones y dejémosles sentir nuestra presencia con nuestra mirada, nuestras sonrisas y nuestro entusiasmo ante sus descubrimientos. Ofrezcámosles juguetes que despierten sus ganas de mirar, tocar, oler, imaginar, explorar y disfrutémoslos juntos. No tengamos dudas, nuestros hijos crecerán sanos e inteligentes y, sobre todo, felices.

Inma Marín

El período de 1 a 3 años es esencial para el desarrollo biológico, psicológico y social de tu hijo, ya que en él adquirirá las capacidades físicas y psicosociales necesarias para su futuro. Aplica estas claves y le ayudarás a lograrlo.

1.- Trátale siempre con cariño, sin olvidar que los límites también son necesarios para convertirle en un adulto seguro de sí mismo. Razónale tus decisiones, especialmente las que se opongan a sus caprichos injustificados.

2.- Cuando te dirijas a él, habla mirándole a la cara, despacio y claro, como si te entendiera (aunque piensen que todavía es demasiado pequeño para hacerlo).

3.- Juega y pasea con él yendo a su ritmo, no al de los adultos: así irá adquiriendo conocimiento de la realidad. Elige juguetes sencillos (palos, ruedas, cubos, esferas, papel y lápiz…) para que pueda captar sus características materiales mediante la vista, el tacto y el oído, y evita los complicados y aquellos cuya composición y funcionamiento no pueda entender y promuevan una inhibición intelectual frente a la realidad. Además, es esencial evitar que permanezca de forma prolongada ante la televisión.

4.- Empieza a enseñarle desde muy pronto hábitos saludables como la importancia de lavarse las manos antes y después de las comidas, de la limpieza dental… Recuerda que la mejor enseñanza es un buen ejemplo.

5.- Introduce progresivamente alimentos tipo adulto, primero modificando su textura para que sean semilíquidos o blandos (en sopas, purés, machacados con tenedor) y luego enseñándole paulatinamente a masticar. Ten presente que su dieta debe ser pobre en sal e incluir fruta fresca, verdura o ensalada, legumbres, cereales o pan, carne, pescado y huevo. Además, procura una ingesta diaria de al menos medio litro de leche o de derivados lácteos como el yogur, utiliza aceite de oliva como fuente de grasa y evita las golosinas, la bollería industrial y los sabores fuertes o picantes (especias, conservas y embutidos).

6.- Toma las medidas necesarias para prevenir accidentes e intoxicaciones en el hogar. No le dejes solo en lugares como la bañera, la cocina o la piscina; protege enchufes y conexiones eléctricas, evita que se acerque a fogones y electrodomésticos a altas temperaturas; mantén medicamentos y productos de limpieza debidamente cerrados y almacenados y enséñale a subir y bajar escaleras.

7.- Cuando caminéis por la calle, vigílale y retenlo si hay tráfico. Si va en el coche, sitúale en el asiento trasero bien sujeto en una silla de seguridad homologada.

8.- Promueve su socialización. Llevarle a la guardería es buena idea porque allí se enriquecerá su lenguaje, se diversificará su conducta, se reforzarán las experiencias del hogar, adquirirá hábitos saludables, mejorará su condición física, corregirá malos hábitos… Además, será más fácil detectar precozmente deficiencias físicas y psíquicas.

9.- Llévale al pediatra periódicamente para los controles necesarios de salud (peso, talla, perímetro craneal, tensión arterial, detección de defectos ortopédicos, visuales y auditivos) y promoción de la salud bucodental (prevención de las caries y de defectos dentales).

10.- No olvides vacunarle. Entre los 12 meses y los 3 años se inicia y completa la vacunación sistemática contra el sarampión, rubeola y parotiditis (triple lírica, SRP) y se recomiendan las dos dosis de vacuna contra la varicela. Se administrarán también las dosis de recuerdo de las vacunas sistemáticas de la difteria, tétanos y tosferina (DTPa), del “Haemophilus influenza” (Hib), de la poliomielitis (VPI), del meningococo C (Men C) y del neumococo (VNC). Y se pone la dosis de recuerdo de la vacuna recomendada contra el meningococo B (Men B).

Prof. Juan Brines Solanes, Catedrático de Pediatría. Universitat de Valencia