Escuela de Padres

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Vuestro hijo o vuestra hija llega con una nota del colegio, o aparece un aviso colgado a la entrada del centro escolar: “atención, en el colegio hay casos de niños con piojos”. Periódicamente estos bichitos tan molestos reaparecen. A continuación ofrecemos las reglas esenciales para eliminarlos.

Cuando nunca se han tenido ni se han visto piojos, cuesta tomarse en serio la presencia de estos desagradables bichitos. Sin embargo, solo se puede acabar con ellos siguiendo un tratamiento. Los piojos no desparecen solos. Por eso hay que eliminarlos metódicamente, respetando unas reglas.

Detectar los piojos en los niños

Si vuestro hijo empieza a rascarse la cabeza, fijaos bien en su pelo. Los piojosson negros y huidizos, de modo que son difíciles de detectar. Pero las liendres, de color marrón claro, se pegan a los cabellos. Cuidado, porque pueden confundirse con la caspa. La caspa se desprende sola del cabello, mientras que las liendres se quedan pegadas. Para quitarlas, hay que cogerlas entre el índice y el pulgar y luego deslizarlas hasta la punta del pelo.

Toda la familia debe utilizar una loción o un champú especial. Las últimas generaciones de productos no tienen insecticidas (a los que los piojos se han hecho resistentes), por lo que son mucho menos agresivos. Aún así, son igual de eficaces.

Eliminar los piojos

Hay que pasar un peine especial antipiojos por cada mechón después del tratamiento capilar. Además hay que quitar las liendres una por una (puede llevar horas). Y es que basta con dejarse una sola para que la pediculosis regrese unos días más tarde.

Lavad la ropa de casa y la del niño a una temperatura de, al menos, 60 ºC. Meted los peluches o los abrigos que no resisten esta temperatura en bolsas de plástico bien cerradas. Teóricamente, los piojos no sobreviven más de 48 horas sin contacto humano.

Cambiarle el pañal nos permite rebajar unos instantes el ritmo frenético del día a día para demostrarle cuánto lo queremos.

Sabemos que los bebés se alimentan y crecen felices no solamente gracias a la comida, sino que también se nutren del contacto directo piel con piel, de amor y de cariño, de la comunicación estrecha que comparten con nosotros. Pero, a veces, el día pasa deprisa y hemos estado tan ajetreados que apenas hemos tenido tiempo de mirarlo a los ojos. Es esa misma prisa la que, en algunas ocasiones, nos lleva a olvidar el enorme valor que tiene ese contacto cercano, esa nutrición afectiva… ¿Por qué no aprovechar cuando le cambiamos el pañal para detener unos minutos el reloj y pararnos, al fin, frente a nuestro hijo con toda nuestra presencia? Con nuestros ojos, nuestra sonrisa, nuestra voz y nuestras manos totalmente disponibles, esas manos que le proporcionan la seguridad emocional que necesita para crecer en armonía.

Cuidar los detalles

Es importante tener todo lo necesario a mano (el nuevo pañal, las toallitas…) y asegurarnos de que la estancia esté caldeada, sobre todo si estamos en esta época del año que hace tanto frío. Cuidar esos detalles será clave para mantener el bienestar del pequeño, sin tener que interrumpir bruscamente esos instantes y pudiendo alargar nutritivamente el a veces mecánico “cambio del pañal”, siendo capaces de convertirlo en unos instantes de unión, complicidad, placer…

Si disponemos de tiempo suficiente como para dedicarle un ratito de caricias, nos quitaremos el reloj, los anillos y las pulseras, e intentaremos calentarnos las manos con unas friegas antes de tocar directamente su piel. Podemos usar un aceite de almendras o de caléndula, a poder ser ecológicos, o bien otras cremas que consideremos adecuadas para la piel de nuestro hijo, pero nuestras manos serán igualmente bienvenidas si no usamos producto alguno.

El tacto es un poderoso medio para el desarrollo fisiológico, psicológico y emocional del bebé. Es un nutrientes que beneficia tanto al bebé como a nosotros porque estimula y fortalece el vínculo establecido, así como la escucha mutua.

También podemos aprovechar para compartir con nuestro hijo lo que justo en ese momento deseamos expresarle, desde contarle por qué hoy nos sentimos de esa determinada manera o si algo nos inquieta hasta realizar cómicas interacciones acerca de lo que nos gusta esa sonrisa, ese piececito o esa barrigota…

Esto solo son ideas. Tú, como cada madre, encontrarás aquella manera en la que te sientas más cómoda; será única y maravillosa, será vuestro propio modo de compartir la intimidad de esa situación.

Respetar sus deseos

Es importante que antes de empezar le pidamos permiso preguntándole si nos deja hacerle un amasijo en las zonas que vamos indicando con nuestros dedos. Observando su respuesta sabremos si le apetece y nos da permiso, si está cansado o si justo entonces necesita otra cosa, como mamar o que lo cojamos aúpa. Las respuestas pueden parecernos sutiles al principio: un bostezo, vuelve la cabeza, una mirada hacia otro lugar… cuando no se siente muy receptivo. Sin embargo, nos muestra una leve sonrisa o una mirada fija cuando está disponible…

Estas son buenas oportunidades para cultivar en nuestro hijo el respeto profundo por su propio cuerpo, la comunicación cercana y el vínculo entre nosotros.

Aunque el control de esfínteres depende de varios factores individuales, existe una edad aproximada en la que un alto porcentaje de niños adquiere este control, es entre los 2 y 3 años y de manera paulatina.

Normalmente la retención nocturna de la orina se adquiere más tarde, ya que el pequeño necesita ciertas habilidades evolutivas para despertarse por la noche al sentir que su vejiga está llena (a partir de los 3 años).

Adquisición de la capacidad para controlar la micción.

Primeros 6 meses El vaciado de la vejiga se produce de forma automática cuando alcanza su volumen máximo.
1-2 años Los niños son conscientes de la capacidad de hacer pis y lo piden
3 años La mayoría es capaz de contraer los músculos pélvicos con el fin de retener la orina.
4 años Controlan voluntariamente la orina entre los 3 y 4 años.

 

La educación del control de los esfínteres puede comenzarse cuando se den los siguientes síntomas en el menor:

  • Le disgusta estar mojado y busca al adulto para que le cambie el pañal.
  • Le molesta el pañal, intenta quitárselo.
  • Deja la actividad que está haciendo cuando va a hacer sus necesidades en el pañal.
  • Entiende y cumple órdenes sencillas e imita comportamientos de sus padres. Comienza a hacer cosas por sí mismo (desvestirse y colabora a la hora de vestirse)
  • Mantiene la atención en actividades durante unos minutos (cuento, canción, juego,…)
  • Permanece varias horas seco, las deposiciones diarias disminuyen.

Cuarto hábito: Cuidar de uno mismo para protegerse y tener energía y salud (y para aprender a cuidar de otras personas)

Aunque, sin duda, realizar ejercicio físico y actividades placenteras es una forma de cuidarse y obtener placer, aquí nos vamos a referir a tres cuestiones básicas de cuidado personal estrechamente relacionadas con la salud, pero con una fuerte influencia en el desarrollo afectivo de las personas. Estas tres formas básicas de cuidado personal son: la alimentación, el descanso y la relajación.

Los hábitos alimenticios son mucho más relevantes en la vida de lo que imaginamos. Comer es un placer y una fuente de relajación. Cuando nuestra atención está puesta en los sentidos, nos relajamos y disfrutamos más del tiempo de la comida, dejando de ser un mero trámite o momento de disciplina. Es un momento muy importante para la comunicación y la vinculación.

Podemos ayudar a nuestros hijos e hijas a desarrollar hábitos saludables de alimentación:

  • Posibilitando una dieta variada poniendo límites saludables respecto a los momentos e ingesta y el tipo de alimentos si suponen un exceso de azúcares, grasas animales o están carentes de nutrientes esenciales. Cuando el niño o la niña quiera comer éstos diariamente, simplemente nos negaremos explicándoles que no son buenos para las personas y en especial, para ellos, que están creciendo.
  • Posponiendo, inhibiendo y regulando el impulso ante determinados alimentos (por ejemplo, controlando el comer sin control entre horas o ante determinados alimentos que no son saludables).
  • Respetar el apetito y los gustos de la persona. El niño debe sentir que puede comer lo que necesite, no para satisfacer a otras personas.
  • No condicionar la aceptación a lo que come o deja de comer.

Una de las ventajas de seguir estas pautas y de no presionarles para que coman es que las sensaciones corporales se constituyen como señales fiables de lo que uno necesita. Comer más o menos, será una conducta ajustada a la cantidad o tipo de alimento que se necesite realmente: Se aprende a comer para satisfacer el apetito, por placer y para cuidarse. El niño cuando come, lo hace desde la relajación porque no se juega la aceptación de nadie.

La falta de sueño guarda relación con muchos problemas de salud y con trastornos de conducta y emocionales, provocando irascibilidad, ansiedad, apatía y falta de concentración en las tareas escolares. El cerebro está en desarrollo y necesita del descanso tanto como de la alimentación.

La relajación podemos experimentarla de forma espontánea cuando dejamos de hacer ejercicio, terminamos de comer, nos tumbamos, escuchamos una melodía tranquila o contemplamos un paisaje maravilloso. Tener esas oportunidades con nuestro hijo o hija y expresarle nuestra sensación de bienestar cuando eso ocurre, es una forma de enseñarle a valorarlo.

Saber relajarse consiste principalmente en:

  • Distensar la musculatura del cuerpo y autorregular la respiración.
  • Mantener la atención centrada en las sensaciones de bienestar del propio cuerpo o en algún estímulo externo o idea e imagen que nos proporcione paz, bienestar o sabiduría.

Por último, un modo muy directo de enseñar la relajación es vivir la vida sin prisas… concentrados en lo que hacemos, con orden, sin hablar de lo que queda por hacer cuando ya se está haciendo algo, y sin darle varias instrucciones a la vez.

Desarrollar hábitos de vida saludables es aprender a valorar la salud, como un objetivo importante del desarrollo personal. Cuando uno se siente valioso o valiosa, desea cuidarse, mejorarse y protegerse de influencias perjudiciales. Por eso, los hábitos de autocuidado se consideran un factor protector frente a los problemas derivados del consumo de drogas.

El acné

Posted on: 6 agosto, 2012

¿Es un tema? No lo dude, es un tema.

Casi el 100% de los jóvenes tienen en algún momento de su pubertad, en mayor o menor grado, lesiones en la cara o en la espalda que repercuten en su bienestar individual y en sus relaciones sociales y llegan a a no querer salir de casa en alguna ocasión; se sienten acomplejados y tienen problemas con sus compañeros o con las personas del sexo opuesto. Pueden derivar en ansiedad y en depresión.

El acné suele ser de aparición más temprana y de menos gravedad y duración en las chicas.

Es recomendable la limpieza de la cara dos veces al día y la utilización de productos específicos para ello. Ser constante en los tratamientos y no tocar los granos del acné. Si se utilizan cosméticos, que sean especiales para pieles grasas.

Evitar en las comidas la bollería, el alcohol, el chocolate, las grasas, los frutos secos y los quesos fuertes. Es recomendable tomar mucha fruta, verduras y cereales, y beber agua.

Respecto a la higiene, deben crearse hábitos; no puede ser que cada día haya que encontrar razones para lavarse los dientes.

Si se enseñan, se adquieren desde muy pequeños e irán afianzándose según madure el niño y se involucren los padres. si lo hacen ellos primero, serán un modelo para sus hijos, pero conviene ayudarlos y supervisarlos al principio. Alrededor de los 10 años realizarán estas actividades ellos solos de manera correcta.

Resulta irrenunciable ir exigiendo que ciertos hábitos se cumplan en toda ocasión y circunstancia. La ducha diaria y el lavado del cabello deben ser inicialmente visados y luego supervisados.

Ninguna explicación de falta de tiempo puede prevalecer sobre unas conductas necesarias para la salud individual y la correcta socialización.

Lavarse las manos (antes de las comidas o tras ir al baño), cepillarse los dientes tres veces a día, cortarse las uñas… son actos esenciales que han de convertirse en automáticos. Unos momentos agradables que elevan al ser humano sobre el resto de los animales.

Deben aprender a vestirse y desvestirse, comenzando con ropas sencillas en un primer momento e ir añadiendo dificultades según vayan creciendo (abrochar y desabrochar botones, subir cremalleras…). Siempre teniendo en cuenta que los padres deben ser los modelos a seguir.

Hay que aprovechar también para enseñarles qué tipo de ropa hay que ponerse dependiendo del momento del día, la actividad a realizar y la estación del año en la que se encuentre.

El baño puede ser una buena oportunidad para trabajar la adquisición de estas rutinas, ya que el niño tiene que desvestirse, lavarse bien, secarse y vestirse, todo ello en un ambiente relajado y de juego.

No se debe ordenar como algo negativo que hay que realizar, sino como un derecho que se incentiva. Acicalarse, estar a gusto con uno mismo, oler bien, sentirse limpio mejoran la calidad de vida.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la higiene alimentaria comprende todas las medidas necesarias para garantizar la inocuidad sanitaria de los alimentos, manteniendo a la vez el resto de cualidades que les son propias, con especial atenicón al contenido nutricional.

La higiene de los alimentos abarca desde la manipulación de los alimentos de origen vegetal, la cría, alimentación, comercialización y sacrificio de los animales así como todos los procesos sanitarios encaminados a prevenir que las bacterias de origen humano lleguen a los alimentos.

La contaminación de alimentos se produce desde diferentes fuentes, así: el aire, el agua, el suelo, los seres humanos, los animales y demás seres vivos.

La OMS nos ofrece cinco claves para la inocuidad de los alimentos:

  1. Mantenga la limpieza.

– Lávese las manos antes y después de preparar los alimentos y a menudo durante su preparación.

– Lávese las manos después de ir al baño, así como después de estornudar o sonarse la nariz.

– Lave y desinfecte todas las superficies y equipos que vaya a usar.

– Proteja los alimentos y las áreas de la cocina de insectos, mascotas,… Guarde los alimentos en recipientes cerrados.

  1. Separe alimentos crudos y cocinados.

– Use utensilios adecuados para manipular la carne, pollo, pescado y otros alimentos crudos, como cuchillos y tablas de cortar.

– Conserve los alimentos en recipientes separados, para evitar contacto entre crudos y cocidos.

  1. Cocine completamente.

– Cocine completamente los alimentos, especialmente carne, pollo, huevos y pescado.

– Hierva los alimentos como sopas o guisos.

  1. Mantenga los alimentos a temperaturas seguras.

– No deje los alimentos cocidos a temperatura ambiente por más de 2 horas.

– Refrigere lo más pronto posible los alimentos cocinados.

– Mantenga la comida caliente.

– No guarde comida mucho tiempo, aunque sea en el refrigerador.

– Evite descongelar los alimentos a temperatura ambiente. Sáquelos del congelador con tiempo suficiente y páselos al refrigerador durante el tiempo necesario para su descongelación

  1. Use agua y materias primas seguras.

– Use agua tratada, que resulta segura.

– Seleccione alimentos sanos y frescos.

– Elija alimentos ya procesados, tales como leche pasteurizada.

– Lave bien las frutas, verduras y hortalizas, especialmente si van a consumirse crudas.

Asegúrese de que los alimentos no han sobrepasado su fecha de caducidad.