Escuela de Padres

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El bullying puede ser:

1.- Dañar físicamente a alguien (dar golpes, puñetazos, patear, empujar, hacer zancadillas)

2.- Amenazar con daño físico a una persona o a personas o cosas apreciadas por él (ella)

3.- Dañar las pertenencias de alguien.

4.- Demandar cosas o favores usando el miedo o la fuerza.

5.- Robar las pertenencias de alguien.

6.- Exigir dinero o cosas.

7.- Humillar o avergonzar a alguien de manera deliberada.

8.- Disminuir, decir apodos, insultar o mofarse de una persona o de su familia, cultura o religión.

9.- Usar el sarcasmo o hacer imitaciones.

10.- Tocar en forma inapropiada o mostrar material acerca de una persona que se sabe que resultará ofensivo.

11.- Diseminar rumores.

12.- Excluir o dejar fuera a alguien.

13.- Hacer comentarios racistas, homofóbicos o sexualmente ofensivos.

14.- Escribir graffitis alusivos a una o más personas.

15.- Quitarle a alguien su mejor amigo(a).

16.- Esconder las cosas de alguien.

17.- Poner caras burlonas ante el trabajo de un alumno; no tocar el libro de un alumno cuando estos son repartidos.

18.- Chantajear a alguien.

19.- Susurrar cosas acerca de alguien.

20.- Enviar mensajes de texto, correos electrónicos, etc. con comentarios insultantes, crueles y con la intención de dañar, sobre alguien.

Bullying directo es cuando el bullying se hace directamente a una persona, por ejemplo ésta es empujada, golpeada, agredida a través de un email o a través de no dejarla participar en actividades del grupo, etc.

Bullying indirecto es cuando la agresión se hace a “espaldas” de la persona afectada.
Por ejemplo, se hace correr un rumor, haciendo señas o hablando en el pasillo a sus
espaldas, robándole o haciéndole daño a sus pertenencias sin que ella/él sepa quién lo hizo, excluyéndola/o indirectamente sin ser claros de por qué no lo quieren dejar.

 

¿ESTO ES BULLYING?

Vamos a presentar una serie de casos y tratar de reconocer si es bullying o no.

1.- Jimena le dice a Antonio que si no le entrega el dinero que él trajo para comprar su almuerzo, ella le dará una paliza.

2.- Viviana le dice continuamente a Sandra que use desodorante.

3.- Olivia y Julia se han enamorado del mismo muchacho, y Olivia no le habla a Julia.

4.- Cada vez que Ramón se acerca a un grupo de alumnos, ellos lanzan risitas y cuchichean.

5.- Sergio escupe dentro de una lata de bebida y dice que hará que Juan la beba.

6.- Teresa y Silvia no dejan que Raquel juegue con ellas.

7.- Sebastián y Manuel tuvieron una discusión. Sebastián da un puntapié a la mochila de Manuel, lanzándola lejos.

8.- Pedro acusa a Daniel de haberle robado su juego y tienen una pelea en el pasillo.

9.- Jaime sufre de una discapacidad que no le permite controlar bien sus movimientos. Cuando está muy excitado, sus manos se sacuden. Cada vez que él intenta integrarse a jugar fútbol, un grupo de niños imita sus movimientos.

10.- Los padres de Ismael se han separado. Marcos se lo cuenta a todo el curso.

“GROOMING” (ACOSO VIRTUAL)

1.- Involúcrese y aprenda a manejar las nuevas tecnologías. Le ayudará a saber qué hace su hijo cuando está conectado y los posibles riesgos a los que se enfrenta.

2.- Enseñe a su hijo a ignorar el spam y a no abrir archivos que procedan de personas que no conozca personalmente o sean de su confianza. Explíquele que existen programas capaces de descifrar nuestras claves de acceso al correo electrónico.

3.- Sitúe el ordenador de la casa en una habitación de uso común, donde pueda tenerlo controlado. Evite, en lo posible, colocarlo en el dormitorio de sus hijos.

4.- No instale una webcam en el ordenador. O si lo hace, procure restringir su uso mediante una clave de seguridad que sólo usted conozca.

5.- Hable con su hijo sobre qué hace cuando navega por Internet: qué páginas visita, con quién habla y sobre qué.

6.- Insístale en que no debe revelar datos personales a gente que haya conocido a través de chats, Messenger, MySpace… Y pregúntele periódicamente por los contactos que va agregando a su cuenta de Messenger u otro tipo de mensajería instantánea. ¿Quiénes son? ¿Dónde los ha conocido?

7.- Explíquele que nunca ha de mandar fotos ni vídeos suyos ni de sus amigos a desconocidos.

8.- Háblele de los riesgos de Internet. Que sea un mundo virtual no quiere decir que no pueda acabar afectándole. Con apagar el ordenador a veces no es suficiente.

9.- Si nota que su hijo se comporta de forma extraña –le nota ausente, preocupado, pasa muchas horas conectado-, puede ayudarle este libro: Técnicas de hacker para padres. Cómo controlar lo que hace tu hijo por el ordenador. (Creación Copyright), de Mar Monsoriu.

10.- Si cree que su hijo está siendo víctima de grooming, contacte con la asociación Protégeles (www.protegeles.com). O diríjase a la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía (denuncias.pornografía.infantil@policia.es: 915 82 27 53) y a la Brigada de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil (delitostelematicos@guardiacivil.org). Esa persona puede estar acosando también a otros menores.

El País Semanal, 25/11/07

Para hacer

  • Este decálogo va dirigido a los padres. ¿Qué piensan los hijos de él?
  • ¿Con qué aspectos estamos de acuerdo? ¿Cuáles corregiríamos?
  • Internet abre muchas posibilidades, pero también tiene sus peligros. ¿Cómo evitarlos?

Algunos padres y madres de chicos víctimas se enfadan profundamente con el centro escolar al entender que no se está prestando suficiente atención a su hijo y que, debido a esto, han sucedido las agresiones. Es evidente que entendemos que, en situaciones de maltrato, la organización, supervisión y cuidado de los alumnos en el centro escolar son muy importantes; si bien a pesar de ello, a veces, las relaciones ocultas entre los alumnos pueden pasar desapercibidas a los ojos de los profesores. Por ello debemos confiar en la escuela y asumir que va a ser nuestra aliada en la mejora de la calidad de vida de nuestro hijo o hija, en el caso de ser víctima de malos tratos por parte de sus compañeros.

Por el contrario, si nuestro hijo está agrediendo a otros compañeros, lo importante será que cese en dicha actitud, que modifique los comportamientos y que comunique aquello que le está haciendo comportarse así. En ocasiones algunos padres o madres en esta situación entienden que la mejor forma de ayudar a sus hijos es mostrándose hostil hacia la persona que le comunica los hechos (profesor tutor, director, orientador,…) y rehúsan aceptar la implicación de su hijo. Es importante, pues, que entendamos que, una vez averiguado el grado de implicación de nuestro hijo en el proceso de maltrato, éste deberá asumir su responsabilidad y que lo peor que le puede ocurrir es no asumir su culpa y sentir permisividad ante los actos violentos, entendiendo así que el ejercicio del poder mediante la fuerza y el daño ajeno vale la pena, y que, por lo tanto, se puede uno salir con la suya y obtener una recompensa social, al demostrar que se es el más fuerte. Si permitimos que nuestro hijo deduzca esta mala enseñanza, le habremos preparado para repetir en el futuro su comportamiento abusivo sobre otras personas en cualquier contexto (escuela, familia, calle, trabajo, pareja,…), pudiendo causarle graves problemas a él y a cualquier persona con la que se relacione.

En ambos casos (alumno-víctima o alumno-agresor) la escuela ha de trabajar conjuntamente con los padres para abordar el conflicto suscitado, buscando respuestas adecuadas que ayuden a restablecer unas relaciones satisfactorias. Por eso te proponemos que:

  • Acudas a la escuela en cuanto tengas indicios, o simplemente sospechas, de que tu hijo está cometiendo actuaciones de maltrato o que está participando conjuntamente en agresiones a otros compañeros.
  • Intenta hablar con tu hijo e indaga sobre los indicios que observas. Explícale que vas a acudir al centro escolar y que tu intención es buscar una colaboración con la escuela para intervenir en el cese del maltrato.
  • Ponte en contacto con el tutor o, en su caso, con la jefatura de estudios, la dirección o el departamento de orientación del centro e infórmales de tus inquietudes.
  • Confía en que la escuela abordará el problema, tanto de manera individual como con el grupo clase que lo está presenciando.
  • Solicita ser informado de los pasos que se están dando y, a su vez, informa de cualquier mejora en la conducta, así como de posibles nuevas agresiones.
  • Mantén reuniones periódicas con el colegio para acordar actuaciones conjuntas y revisarlas.
  • En caso de que tu hijo sea víctima, si observas que aumenta su miedo, o que se produce un rebrote de las agresiones o que éstas no cesan a pesar de la intervención escolar, comunícalo al centro y, dependiendo del nivel de riesgo, indícales tu intención de denunciarlo en otras instancias.
  • Si tu contacto con la escuela no ha sido todo lo satisfactorio que esperabas, házselo saber y exige que se aborde el problema con toda prontitud. En caso de no considerar adecuada la intervención escolar, ponte en contacto con la Asociación de Madres y Padres (AMPA) o con el Servicio de Inspección educativa y solicita ayuda.
  • Si existe un alto riesgo para tu hijo o la agresión ha sido muy grave, dirígete a PROTEGELES o denúncialo directamente a la policía.

Alta ansiedad, estrés y miedo son, al parecer, las tres claves mediante las que se puede detectar si un hijo es víctima de acoso.

El experto JOSÉ MARÍA AVILÉS, miembro del Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid, afirma que las víctimas pueden desarrollar respuestas agresivas y en casos extremos, pensar en el suicidio. Para este especialista, el agresor interioriza “una manera de comportarse que puede desembocar en situaciones de delincuencia muy graves” y sobre los espectadores, afirma que llegan a aprender a mirar para otra parte, e incluso a verlo de forma normal.

Para detectar este fenómeno con más detalle en el acosado, hay que fijarse en la aparición de los siguientes SÍNTOMAS que pueden darse de forma aislada o bien combinados unos con otros:

1. Su hijo/a tiene dificultad para relacionarse con sus compañeros o los profesoresLa información la podemos recoger de los mismos amigos ya que el maltrato se inflige donde no puede ser visto por los adultos. Por otro lado, la víctima se aísla y se niega a contarlo a alguien.

2. Existen indicios evidentes, externos, que resultan más difícil ocultar.

A saber: moratones, rasguños o cortaduras cuyo origen el niño no alcanza a explicar; ropa rasgada o estropeada; objeto dañados o que no aparecen; dolores de cabeza, de estómago o de otro tipo cuya causa no está clara; lágrimas o depresión sin motivo aparente; variaciones de humor o problemas de concentración; accesos de rabia extraños; renuncia a ir a la escuela; trastornos del sueño o eneuresis; renuncia a jugar con los amigos, retraimiento social o temores ante otros niños; rebelión constante contra las normas o excesiva sumisión ante las mismas; miedos irracionales; agresiones a hermanos, especialmente en niños que han sido afectuosos y pacíficos; deseo de tomar otra ruta para ir a la escuela o volver a casa; empeoramiento del rendimiento escolar; peticiones de dinero sin explicación del motivo.

En una situación similar a la descrita es necesario adoptar una serie de MEDIDAS y en un determinado orden.

El primer paso a dar sería conseguir la confianza del hijo pero este objetivo es muy difícil de conseguir a menos que surja como iniciativa por parte de ellos. Debemos saber que el hijo necesita:

  •  saber que se le escucha y se le cree.
  •  llegar a confiar en la manera en que sus padres se ocuparán del problema 
  • hablar con más franqueza acerca de lo sucedido
  •  aprender a dominar hasta cierto punto su propia situación
  •  aprender técnicas y estrategias para protegerse
  •  volver a tener seguridad en sí mismo.

En esta situación los padres pueden ayudar de la siguiente manera:

  •  haciendo que su hijo participe en la toma de las decisiones sobre lo que hay que hacer;
  •  escuchando atentamente lo que el niño les dice;
  •  diciéndole que le comprenden.

Pero hay determinadas actitudes erróneas de los padres que no ayudan y son las siguientes:

  •  se alteran o se angustian;
  •  se sienten culpables o avergonzados;
  •  le hacen creer al niño que la situación no tiene importancia;
  •  culpan al niño/a o a la escuela;
  •  acusan a otras personas sin estar enterados de los hechos;
  •  exigen saber de inmediato todos los pormenores de lo ocurrido;
  •  o buscan soluciones fáciles.

Para evitar situaciones de este tipo, se debe mantener la sangre fría y dar los siguientes pasos que ayudarán mucho más a resolver el problema:

  •  animar al niño a que cuente todo lo que quiera sobre lo sucedido, a fin de tener una idea exacta de los hechos;
  •  mantener la mente abierta, sin olvidar que lo que están oyendo es sólo una parte de lo ocurrido;
  •  hacerle preguntas al niño, sin alterarse, con suavidad;
  •  ayudarle a reflexionar sobre lo sucedido hasta ahora;
  •  ayudarle a decidir qué hay que hacer para resolver la situación.

Es importante averiguar datos sobre que ocurrió, quién estuvo implicado; dónde ocurrió; cuándo y si hubo testigos y quiénes fueron. Una vez dados estos pasos, se pueden adoptar otras medidas como:

  •  No enfrentarse a los agresores; rara vez funciona, sino que, al contrario, suele agravar la situación.
  •  Hay que comunicarse con el centro escolar cuando se haya llegado a un acuerdo con el hijo sobre la forma, el cuándo, con quién…
  •  Pedir una cita con el director, profesor o persona que se considere más idónea para tratar el asunto.
  •  Se debe evitar presentarse en la escuela sin concertar antes una cita.
  •  Presente de forma tranquila y ordenada la información que tenga.
  •  Señale con su modo de actuar que usted desea colaborar con la escuela en la búsqueda de una solución. Indique lo que usted y su hijo desean hacer y pida que el representante de la escuela también opine al respecto.
  •  Anote las medidas que la escuela promete tomar, y pida otra cita para informarse de las actuaciones realizadas.

Por último, cabría apuntar una serie de instrucciones para ayudar a su hijo/a a hacer frente al problema. Estas pueden ser las siguientes:

1. Si los abusos se están cometiendo camino a la escuela o de regreso a casa, vea si es posible que tome otra ruta, se junte con otros niños o, acaso con la ayuda de la escuela, encuentre un compañero más robusto con quien pueda ir acompañado. Estas medidas podrán ser útiles mientras se está resolviendo el problema.

2. Si a su hijo le cuesta hacer amigos, anímelo para que haga un mayor esfuerzo por conseguirlo, ya que el tener un buen amigo, aunque sea uno solo, puede ser decisivo frente al problema de los malos tratos.

3. Invite a casa a los amigos de su hijo, para que se vayan afianzando las amistades iniciadas en la escuela.

4. Hable con su hijo sobre lo ocurrido y propóngale algunas medidas que podría adoptar para ayudarse, tales como: fingir no oír los comentarios hirientes; repetirse a sí mismo, en voz baja, consejos para animarse, tales como: «eso es problema suyo, no mío», o «yo estoy bien»;aprender a portarse de manera más firme, serena y enérgica, para que pueda enfrentarse al agresor sin sentir miedo, ni angustiarse, ni ponerse ofensivo ni violento; y entender que, en el caso de los malos tratos, está bien, y de ninguna manera constituye un acto de delación, contárselo a otro.

Frecuentemente somos testigos de desgraciadas noticias en relación con la violencia escolar. Se ha oído mucho sobre este tema pero vamos a tratar de definir correctamente el concepto de “bullying” y cómo, desde casa, podemos detectar el inicio de un cuadro de acoso fijándonos en algunos detalles que a continuación citaremos. Finalmente, proponemos algunas medidas que pueden tomar para resolver la situación violenta si esta llega a producirse.

Un estudio llevado a cabo por el Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid indica que, el 55 por ciento de los alumnos acosadores sale impune de este tipo de actos.

Según los expertos, el MALTRATO entre escolares aparece cuando de forma repetida un niño más grande, más fuerte y con más poder que otro comete abusos contra éste o, también si un grupo de niños somete a abusos a otro niño solo. Lo que ocurre es que los malos tratos pueden ser de diversos tipos.

Veamos:

1.Verbales: insultos, humillaciones o amenazas.

2. Físicos: golpes, zancadillas, pinchazos, patadas, o bien hurtos o estropeo de los objetos propiedad de la víctima.

3. Sociales: exclusión, difusión de rumores y calumnias contra la víctima.

4. Psicológicos: acecho, o gestos de asco, desprecio o agresividad dirigidos contra la víctima.

Con lo que acabamos de afirmar rompemos el primer error que se está cometiendo y es, pensar que el maltrato es únicamente físico y/o psicológico. El maltrato entre escolares se diferencia de las burlas, tomaduras de pelo, juegos bruscos y peleas características del patio de colegio en que en el caso del maltrato la conducta es continua y el agresor, por lo general, es más grande, más fuerte y más poderoso que la víctima.

Y ¿CUÁL ES EL ORIGEN DE TODA ESTA VIOLENCIA?. LEDIA GUTIÉRREZ, psicóloga familiar, explica que un niño agresivo “solamente está reproduciendo lo que ha visto o ha sufrido en su hogar y llega al colegio a descargar todo lo que está aprendiendo en la familia”.

De ahí viene que emitiera distintos consejos a las familias:

• Deben propiciar momentos de juego, estudio, descanso e interactuar con la familia y, deben dar seguridad y confianza en sí mismo.

• Deben cambiar determinados comportamientos en la familia que permitan al niño sentirse amado, respetado y escuchado.

• Los padres deben enseñarles que responder con violencia no es lo más correcto sino que hay que buscar soluciones pacíficas; deben involucrarse tanto con su hijo como su agresor para lograr acercamientos más amistosos y hacerle ver que la violencia es negativa; no deben enemistarse con la familia del niño agresor, porque estaría dando un ejemplo negativo a su hijo.

Por último, cabría citar algunas consideraciones hacia los profesores que no deben castigar, etiquetar, rechazar y apartar a los niños “violentos” porque estas actitudes lejos de mejorar su comportamiento alteran la situación; deben conversar con el niño para lograr una mejor comunicación y confianza; y deben vigilar y detectar los cambios de conducta de los alumnos y comunicarlo a los padres.

Marisol Muñoz-Kiehne, Ph.D.

Supervisión:

  • ¡Ojos abiertos! Observar cuidadosamente la apariencia y comportamiento de sus niños a diario
  • Supervisar el juego y las actividades de sus niños
  • Prestar atención a las relaciones de sus niños con otras personas
  • Estar alerta al entorno físico de los lugares que sus niños frecuentan
  • Estar alerta al ambiente social de los lugares que sus niños frecuentan
  • ¡Cuidado con quien los cuidan! Escoger a conciencia a quién le encarga sus niños
  • ¡Cuidado con quien se juntan! Conocer las amistades de sus niños

Comunicación:

  • Demostrarles a sus niños a diario que son importantes y valiosos
  • Hablar frecuente y honestamente con sus niños
  • Hacerles preguntas y responder a las preguntas de sus niños
  • Enseñar a sus niños a reconocer y expresar sus sentimientos, tales como la incomodidad y el temor
  • Discutir regularmente las reglas de seguridad con sus niños
  • Discutir las noticias según el nivel de comprensión de sus niños
  • Repasar los planes de emergencias con sus niños
  • Jugar “¿Qué harías si…?” con sus niños

Educación:

  • ¡Lo antes, mejor! Nunca es muy temprano para empezar a enseñarles a protegerse
  • Enseñarles a sus niños su nombre, dirección, y teléfono
  • Enseñarles a sus niños a no compartir información personal con desconocidos
  • Enseñarles a consultar a los adultos antes de contestar la puerta o el teléfono
  • Enseñarles a consultar a los adultos antes de aceptar regalos o invitaciones
  • Enseñarles la diferencia entre los secretos saludables (sorpresas) y los secretos peligrosos
  • Enseñarles a cómo mantener distancia física segura
  • Educarles sobre las partes privadas del cuerpo de sus niños, y quién puede tocarlas y cuándo
  • Practicar estrategias para lidiar con invitaciones amistosas
  • Practicar estrategias para lidiar con la intimidación
  • Ensayar el decir “¡No!”
  • Ensayar el pedir ayuda
  • Recordarles que el abuso nunca es culpa de los niños
  • Utilizar recursos educativos (libros, juegos) sobre cómo prevenir el abuso de los niños

Según los expertos el acoso escolar, la ausencia de reglas, la falta de supervisión y de control razonable de la conducta de los hijos/as, o una disciplina no adecuada, muy rígida o falta de comunicación, presencia de tensiones y peleas en la familia, pueden llevar al desarrollo de conductas agresivas.

También dicen que la mejor manera de enseñarle a los hijos e hijas buenos modales es hacerlo con un EJEMPLO COHERENTE.

Ofrecer modelos atractivos, estables emocionalmente, alegres, asertivos socialmente, que saben expresar y entender las emociones y las formas de interacción, conductas prosociales, altruistas, es importantísimo para que construyan una idea positiva y socialmente eficaz de ser persona.

Hay que educar en el desarrollo de conductas asertivas, para que sepan autoafirmar sus derechos sin dejarse manipular por los demás, desarrollar una capacidad que se aprende y que supone saber decir que no, mostrar las propias opiniones, saber pedir favores y reaccionar ante un ataque, saber expresar los sentimientos.

La persona asertiva es aquella que sabe RESPETARSE Y RESPETAR a los demás, que se enfrenta a los problemas de forma positiva, sabiendo mantener el contacto visual, además de saber contagiar entusiasmo transmitiendo seguridad y confianza en sí misma.

CONSEJOS PRÁCTICOS

Para prevenir el acoso se debe tener en cuenta:

  • Preocuparse por los hijos/as, hablar con ellos/as siempre que lo necesiten, creando un canal fluido de comunicación, evitando los monólogos. Hay que entender que se aprende y se conocen mejor a los hijos/as, ESCUCHÁNDOLES.
  • Estar pendiente de los síntomas evidentes de nerviosismo, falta de apetito, insomnio, bajo rendimiento o fobia escolar.
  • Supervisar las conductas atendiendo al qué, dónde, con quién e incluso, por qué.
  • Determinar los límites y las normas, exigiendo que se cumplan.
  • Educar las emociones, para que sepan comportarse con los demás y saber convivir.
  • Observar los cambios de ánimo o de hábitos de los hijos/as, por si fuera necesario ampliar la observación.

Hay otras plagas que azotan a las familias: La violencia familiar, el consumo de drogas, el alcoholismo, la pobreza, las bandas juveniles, la desnutrición, las guerras, el cambio climático, el alza de precios, la violencia social, el crimen, los embarazos juveniles, el aborto, falta de seguros médicos, mala educación escolar, deterioro salarial, familias disfuncionales, la depresión, el suicidio, etc. Pero no debemos ser pesimistas, pues aunque haya todos estos problemas, hay muchas más personas que obran bien, que las que obran mal, aunque aquellas nunca son noticia.

Una de las plagas que más duelen en las familias y en la sociedad es el abuso sexual infantil, que cada día hay más. Las otras plagas no son menos importantes, ni se debe bajar la guardia para tratar de corregirlas. Esta situación puede ser debida a muchos factores. Falta de formación de los paders, falta de rigor en el control y educación de los hijos, libertinaje en los matrimonios, escenas en la calle, publicidad malsana en los medios de comunicación, etc. Incluso se produce en el seno de las familias por los parientes o amigos más cercanos.

Abusadores infantiles

  1. Quiénes son. Estadísticamente está demostardo que la mayoría de los abusadores son parientes, amigos o personas muy relacionadas con los niños. Suelen ser personas enfermas o mentalmente desequilibrados, que aprovechan el poco o ningún cuidado, que los padres tienen con sus hijos, para abusar de ellos. La ignorancia de los problemas que atañen a los hijos o la excesiva confianza de los padres, hacia las personas de su entorno, propician a que los abusadores, tengan muchas facilidades para cumplir sus malsanos objetivos.
  2. Dónde actúan. Los abusadores están siempre al acecho, de cualquier oportunidad y actúan, tan pronto como ven un resquicio en la dejadez de las obligaciones de los paders. Principalmenet, actúan dentro de las familias, donde les han dado la confianza de acercamiento a los niños, en las organizaciones donde hay niños y más dificilmente en la calle, engañando a los niños para llevarlos a sitios, donde nadie pueda ver sus fechorías.
  3. Cómo actúan. Los abusadores hacen todo lo posible, para ganarse la confianza de los niños con regalos, promesas. También se ganan la confianza de los padres de sus futuras víctimas, fingiendo una bondad y cariño hacia los niños, que les aleje de cualquier posible sospecha. Dedican una gran cantidad de tiempo, acechando a lo qeu consideran su posible presa. En cuanto los padres tienen el menor descuido, caen encima como los depredadores que son. Saben que no pueden materializar sus criminales instintos, si previamente no han conseguido la confianza de su presa y la de sus guardianes. Esas son sus técnias de acoso y abuso, que tantas veces la policía y los educadores han podido constatar.

Principales áreas donde se debe poner énfasis

  1. Formación y educación de los padres. La formación de los padres es la piedra angular para que no sucedan estas cosas. Los padres tienen que formarse profundamente a través de libros, consultas a profesionales, escuchar a los religiosos, maestros, policías, asistir a conferencias y estudios, etc. Ser conscientes de las obligaciones familiares de educación y prevención, que voluntariamente han asumido para con sus hijos o personas a su cargo. Hay muchos libros y muy buenos en las bibliotecas públicas, que enseñan todos los conceptos que los padres deben aprender, apra poder educar a sus hijos y así evitar que ocurran los abusos sexuales y los otros peligros, que acechan a los hijos.
  2. Enseñanza a los hijos. Los padres deben, con much cariño y conocimiento, pero de forma muy clara y contundente, abrir los ojos de sus hijos.
    1. Informarles de la santidad del cuerpo de cada persona, y porque es de su propiedad privada, y que en ningún momento puede ser utilizada por nadie. Hacerles hincapié en función de cada una de las edades, en la pureza y castidad que deben mantener con su cuerpo, para que esas enseñanzas, traducidas en acciones concretas, vayan creando costumbre, después hábitos  y se conviertan en virtud, al ir pasando los años.
    2. Enseñar a los hijos sobre la intimidad del cuerpo, que no debe ser exhibido desnudo, ni medio desnudo, ni en el entorno familiar y menos públicamente. Pero los padres y principalmente las madres, deben dar ejemplo con su modestia con los escotes, minifaldas, ropas muy ceñidas, etc. También en las posturas y actitudes. Si setos conceptos de imagen, se enseñan a los hijos desde pequeños, además de irles formando en las virtudes y valores humanos, se va creando una muralla externa, ante los ojos de los deperdadores. El que evita la ocasión evita al abusador.
    3. Explicarles claramente, cuales son las pretensiones malignas, de los depredadores sexuales y los fines que persiguen.
    4. Hacerlse distinguir, los principales síntomas que los depredadores sexuales, eralizan para acercarse a los hijos.
    5. Fomentar la confianza de los hijos hacia los padres, para que les cuenten todas las situaciones que vayan ocurriendo, que se salgan de la normalidad.
    6. Dedicar tiempo a los hijos, para irles sonsacando las cosas que a los hijos les parezcan difíciles de contar, pero que estén bajo cualquier hilo de sospecha de los padres.
  3. Precauciones para proteger a los hijos. Como está demostrado que la mayoría de los abusos los producen las personas allegadas a las víctimas, los padres deben estar continuamente vigilantes en los familiares, las visitas de personas mayores.
    1. Preguntar a los profesionales, cuales son las principales características de los depredadores sexuales, para tenerlas muy presente, cuando se les acerque alguna persona con esas características.
    2. No eliminar a nadie, como posible sospechoso de abuso sexual con los hijos, pues siempre sucede, que los depredadores son lobos con piel de oveja, que aprovechan la amistad con los padres o su ignorancia, para meterse dentro de la familia. Algunas veces, los padres abren la puerta de su casa, a personas que tienen los estereotipos de los abusadores. Es como dejar el gallienero al cuidado de los zorros.
    3. Poner condiciones no negociables, con los que parientes o amigos, que convivan en la casa, la visiten o tengan relaciones con los hijos. Las normas deben ser muy claras y contundentes. A la menor sospecha de actuaciones o acercamientos perniciosos, cortarlos fulminantemente. Los gestos, miradas, acercamientos, regalos, posturas, etc. son los síntomas con los que tienen que tener más precaución. Si es necesario, avisar a la policía, para que actúe inmediatamente.
    4. El abusador siempre se muestra simpático al lado del niño, disfruta de una capacidad de atracción, que le permite ganarse su confianza sin necesidad de usar la fuerza. con los adultos, el abusador se siente incómodo. Procura rodearse de niños a través del trabajo y el tiempo libre.
    5. El Internet es uno de los graves factores de riesgo para los jóvenes. Los abusadores, se sienten cómodos detrás del anonimato y la privacidad de esta herramienta de información.
  4. Comportamiento de los hijos. Los padres tienen que estar muy atentos a como se portan los hijos. Vigilando las conversaciones con las personas mayores, las posturas, vestidos, insinuaciones, intentos de verse en la soledad de la casa, propuestas de salidas de paseos, a los cines, etc. Continuamente deben recordar a los hijos, las enseñanzas que previamente les han dado, para que no bajen la guardia.
    1. Los padres deben estar pendientes de las posibles insinuaciones o provocaciones, que los hijos puedan realizar a los posibles abusadores, así como a los tipos de juegos que propongan, aunque a primera vista puedan resultar inofensivos. Hay gallinas que por motivo de edad, inexperiencia o ignorancia, provocan a los zorros que se han quedado cuidando el corral. Después no valen las lamentaciones. Las situaciones futuras, deben ser previstas por los padres con mucha anticipación.
  5. Medidas cuando han ocurrido los hechos. Lo primero es conseguir que los hijos se abran en confianza con los padres, para que cuenten los hechos y la situación real. En función de los hechos, los padres deberán recurrir a las distintas organizaciones, que tiene experiencia profesional en estos casos. Puede ser la policía, la Iglesia, la escuela y las innumerables organizaciones profesionales, del cuidad de la salud física y mental. En el Internet y en todas las ciudades, hay listados de esas organizaciones, donde los padres recibirán consejos y soluciones, ya probadas por su experiencia para ponerlas en práctica. En este momento es, cuando más cerca deben estar los paders y los hijos, pues es cuando más se necesitan mutuamente. Entonces aflorará la educación recibida, la mutua confianza y los principios morales y sociales inculcados.

Los niños deberían esperar llegar a la edad adulta en un entorno seguro y que le brinde todo su apoyo, ser alimentados, vestidos y cuidados, recibir un apoyo y un amor incondicional de por lo menos un adulto, y tener totalmente la oportunidad de jugar y de recibir una educación con otros menores de su edad. Tienen derecho a esperar que mientras se convierten en adultos desarrollarán sus potencialidades y recibirán una educación que les prepare a la vida adulta, de modo que puedan ganarse su vida y, si lo desean, formar su propia familia. Tienen derecho a esperar amar y ser amados, a ser protegidos y a que se les brinde la oportunidad de hablar, de elegir y de actuar por sí mismos de acuerdo con su edad. En resumen, deberían tener derecho a la supervivencia, al desarrollo y a la participación.

No vivimos en un mundo que conceda este mínimo bagaje a todos los niños. En efecto, el método más ampliamente aceptado para medir la pobreza de un país es medir el número de niños que mueren antes de cumplir los cinco años.

En las comunidades desfavorecidas, a menudo los niños sufren de desnutrición y carecen de una vivienda adecuada, son víctimas de enfermedades que pueden evitarse o curarse. No tienen acceso a agua potable ni a buenas condiciones de salubridad. En las zonas de conflicto o como refugiados, los niños carecen de la educación que se supone ha de prepararles para la vida.

Muchos niños carecen de educación y del derecho de jugar, porque tienen que trabajar a una edad demasiado temprana. Las niñas tienen mucho mayores probabilidades de verse obligadas a abandonar la escuela para hacerse cargo de las labores domésticas a una edad muy temprana.

Se abusa de los niños física y sexualmente en todo tipo de comunidades y en todo tipo de países, y a menudo este hecho se esconde y se niega. La mayor parte de los abusos se producen dentro del hogar por personas emparentadas o conocidas del niño. Las conferencias y los acuerdos internacionales han hecho hincapié en la explotación comercial de los niños. Ello se debe a que los niños son cada vez más blanco de esta industria y porque esta explotación cínica y organizada de los niños requiere tomar medidas tanto a nivel internacional como nacional. No obstante, en el momento de planificar o trabajar en un reportaje acerca de los abusos contra los niños, es importante recordar el grado de abuso escondido que existe en la comunidad, ya sea en el seno de las familias o en las instituciones. Este abuso parece tener lugar en todo tipo de sociedades y ha de hacerse hincapié en que no se trata de un problema particularmente relacionado con los países en desarrollo o pobres. Sin embargo, la explotación comercial de los niños afecta a las familias que viven en la miseria, ya sea que vivan en países pobres o en comunidades desfavorecidas de países ricos. Posiblemente, los niños corran mayores riesgos de padecer todo tipo de explotación donde existen comunidades pobres en el seno de países ricos (como los Estados Unidos o en Europa), o donde existen países empobrecidos que colindan con vecinos más ricos, como por ejemplo en el caso de los niños de Albania que son objeto de trata en Grecia o Italia. Los estudios realizados con adultos, en los países occidentales ricos o en países en desarrollo más pobres indica que por lo general se subestima el grado de abuso sexual que padecen los niños y que se da a conocer poco.

¿Por qué se producen los abusos?

La responsabilidad primera de defender los derechos de los niños incumbe a los adultos, padres, familiares, comunidades, el Estado. Los niños corren un riesgo porque el mundo adulto ha fallado de alguna manera. Informar sobre los derechos de los niños rara vez puede hacerse sin informar sobre la situación de su comunidad. ¿Cuáles son las presiones que hacen que en los países con libre venta de armas algunos jóvenes acaben en bandas armadas? ¿Por qué se obliga a las niñas a abandonar la escuela con mayor frecuencia que a los niños? ¿Qué pasa con los niños cuyas madres son enviadas a la cárcel? ¿Qué es lo que hace que esa madre utilice a su hijo para mendigar en las calles? ¿Por qué, si amamos a nuestros hijos, los golpeamos con tanta frecuencia? ¿Ayudan nuestros servicios sociales a las familias a proteger a los niños o las ayudan a desintegrarse? ¿Qué pasa detrás del muro de esa institución en la que internamos a los niños que padecen discapacidades? Estas preguntas no incumben únicamente a los periodistas, sino a toda persona interesada en los derechos de la infancia. Estas preguntas no sólo se centran en el problema inmediato, sino en descubrir algunas de las causas fundamentales que propician el abuso.

Por ejemplo, en algunas comunidades pobres, niñas que apenas están saliendo de la infancia, a veces con 13 años de edad, son obligadas a casarse y quedan embarazadas incluso antes de que su cuerpo haya terminado su metamorfosis, poniendo de este modo en peligro su propia vida y la de su bebé. La niña, que aún no se ha convertido en mujer, abandona su familia para vivir en la familia de un marido que probablemente le duplica la edad. Va a depender de la voluntad de los demás miembros de la familia, especialmente de su marido y de su suegra, que domina el hogar. La niña puede estar expuesta a padecer abusos sexuales de la parte de su marido y otros abusos psicológicos o físicos de parte de él y de su familia política. Si su marido le es infiel, corre el riesgo de contraer una enfermedad sexualmente transmisible, incluso el SIDA. No puede decidir utilizar anticonceptivos ni disponer de ellos libremente, de tal manera que no puede controlar su fecundidad ni espaciar los nacimientos. Puede verse privada de asistencia médica.

En lo que respecta al acceso a los alimentos, probablemente ocupa el último lugar en la jerarquía familiar. Esta niña no tiene ningún control sobre los aspectos esenciales de su vida. Una niña que haya tenido esta experiencia no tendrá la fuerza necesaria para defender a su propia hija, que será obligada, llegando el momento, a casarse demasiado pronto. Los investigadores o reporteros que intentaran conocer las razones por las que esta joven madre ha cedido en matrimonio demasiado pronto a su propia hija y pensaran que lo hace porque no la quiere cometerían un grave error.

Los niños se enfrentan a múltiples riesgos

El lazo común que une a todas las formas de abuso es que los niños no tienen el poder de controlar su vida y que los adultos, por su parte, no los protegen o son incapaces de hacerlo. Los niños pueden ser privados de poder porque tienen miedo o son objeto de amenazas físicas, o porque los adultos que deben protegerlos están lejos de ellos, o porque ellos mismos o su célula familiar depende económicamente del autor de los abusos, o porque son víctimas de una burocracia que se muestra indiferente a las necesidades de un niño. Privado de poder y de protección, el niño es vulnerable por diferentes razones cuando otras personas ejercen su poder sobre él. Los niños en pleno crecimiento, expuestos a peligros o que carecen de la protección de los adultos, a menudo corren múltiples riesgos, incluso a veces de la parte de los que supuestamente deben protegerlos. La presente guía fue elaborada a raíz de una conferencia mundial sobre la explotación sexual de los niños, pero naturalmente, no se trata de la única forma de explotación o de abuso sobre la que un periodista desearía trabajar.

  • Los niños de clases sociales desfavorecidas pueden sufrir por la falta de atención, simplemente porque no hay nadie para cuidarlos mientras que sus padres trabajan para satisfacer las necesidades de la familia, o lo mismo ocurre con los niños de clases favorecidas porque sus padres, en lugar de ofrecerles su amor y su tiempo, prefieren preocuparse de sus riquezas materiales.
  • Millones de niños se ven obligados a trabajar durante largas horas, ya sea para sostener a su familia, o porque son explotados con fines comerciales.
  • Las niñas son víctimas de varios tipos de discriminación: no gozan de los mismos derechos que sus hermanos en lo que respecta a la comida, la educación o decidir libremente su porvenir.
  • Las guerras, la sequía o las catástrofes naturales fuerzan a los niños a refugiarse en otro lugar. Son muchos niños que se ven obligados contra su voluntad a participar en la guerra.
  • En la mayor parte de las grandes ciudades, hay niños que carecen de hogar y viven por sus propios medios. Los niños de la calle son vulnerables a todo tipo de explotación y abusos.
  • Los niños internados en instituciones cerradas corren un gran riesgo de padecer abusos, ya que no hay nadie que sea testigo de la situación y pueda denunciarla con el fin de protegerlos. Entre los niños que corren estos riesgos adicionales se encuentran los que viven en internados, en establecimientos penitenciarios, o instituciones para niños con discapacidades.
  • Los niños con discapacidades pueden perder sus derechos, porque no son valorados por la sociedad y por ello pueden llegar a perder la estima de su propia familia. Aun cuando se admite su derecho a los cuidados materiales, pueden negárseles el derecho de jugar, de aprender y de expresarse.
  • Los niños que viven ilegalmente o semilegalmente en un país corren un mayor riesgo de ser explotados y tener que mendigar o prostituirse.

La explotación sexual es sólo uno de los peligros que amenazan a los menores vulnerables, y rara vez se trata de un fenómeno aislado. Los niños de todas las categorías anteriores corren el riesgo de padecer abusos sexuales como un factor de opresión adicional en sus vidas.

Por ejemplo, el reclutamiento de niños en las fuerzas armadas, o el secuestro de niños a los que se obliga a luchar en los ejércitos clandestinos o guerrillas, es una violación grave de los derechos fundamentales del niño, ya que le roba su infancia y lo ponen en grave peligro de muerte inmediata. Asimismo, los abusos sexuales cometidos sobre niños soldados también son muy frecuentes, mientras que las niñas son obligadas a servir de “esposas” a los combatientes de mayor edad. Se las utiliza ya como esclavas sexuales, ya como criadas para todo y además deben combatir como soldados.

Asimismo, para los niños de la calle las agresiones o la explotación sexual es sólo un riesgo entre muchos otros. La explotación sexual puede también tener relación con el trabajo infantil con fines comerciales, es decir, que los menores a menudo dependen de adultos que desean explotarlos comercialmente.

Los niños se han vuelto todavía más vulnerables desde la aparición del VIH/SIDA, especialmente debido a dos mitos persistentes. Uno es que las relaciones sexuales con una virgen pueden curar esta enfermedad. Este mido (totalmente falso, naturalmente) ha hecho aumentar el riesgo que corren las niñas de ser violadas y, en el caso más extremo, ha dado lugar a los terribles casos de “violaciones de bebés” en Sudáfrica. El otro mito es que las relaciones sexuales con un menor implican menores riesgos de contraer el SIDA. Este mito ha alentado al comercio del sexo a buscar niñas cada vez de más corta edad con mucho mayor interés por cuanto pueden exigir precios más altos por esta razón. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, un menor es fisiológicamente menos capaz de resistir a una infección que un hombre o una mujer adultos. Por lo tanto, un o una menor de edad obligado a prostituirse tiene mayores probabilidades de contraer una enfermedad sexualmente transmisible.