Escuela de Padres

Archive for the ‘Acoso o bulling’ Category

El bullying puede ser:

1.- Dañar físicamente a alguien (dar golpes, puñetazos, patear, empujar, hacer zancadillas)

2.- Amenazar con daño físico a una persona o a personas o cosas apreciadas por él (ella)

3.- Dañar las pertenencias de alguien.

4.- Demandar cosas o favores usando el miedo o la fuerza.

5.- Robar las pertenencias de alguien.

6.- Exigir dinero o cosas.

7.- Humillar o avergonzar a alguien de manera deliberada.

8.- Disminuir, decir apodos, insultar o mofarse de una persona o de su familia, cultura o religión.

9.- Usar el sarcasmo o hacer imitaciones.

10.- Tocar en forma inapropiada o mostrar material acerca de una persona que se sabe que resultará ofensivo.

11.- Diseminar rumores.

12.- Excluir o dejar fuera a alguien.

13.- Hacer comentarios racistas, homofóbicos o sexualmente ofensivos.

14.- Escribir graffitis alusivos a una o más personas.

15.- Quitarle a alguien su mejor amigo(a).

16.- Esconder las cosas de alguien.

17.- Poner caras burlonas ante el trabajo de un alumno; no tocar el libro de un alumno cuando estos son repartidos.

18.- Chantajear a alguien.

19.- Susurrar cosas acerca de alguien.

20.- Enviar mensajes de texto, correos electrónicos, etc. con comentarios insultantes, crueles y con la intención de dañar, sobre alguien.

Bullying directo es cuando el bullying se hace directamente a una persona, por ejemplo ésta es empujada, golpeada, agredida a través de un email o a través de no dejarla participar en actividades del grupo, etc.

Bullying indirecto es cuando la agresión se hace a “espaldas” de la persona afectada.
Por ejemplo, se hace correr un rumor, haciendo señas o hablando en el pasillo a sus
espaldas, robándole o haciéndole daño a sus pertenencias sin que ella/él sepa quién lo hizo, excluyéndola/o indirectamente sin ser claros de por qué no lo quieren dejar.

 

¿ESTO ES BULLYING?

Vamos a presentar una serie de casos y tratar de reconocer si es bullying o no.

1.- Jimena le dice a Antonio que si no le entrega el dinero que él trajo para comprar su almuerzo, ella le dará una paliza.

2.- Viviana le dice continuamente a Sandra que use desodorante.

3.- Olivia y Julia se han enamorado del mismo muchacho, y Olivia no le habla a Julia.

4.- Cada vez que Ramón se acerca a un grupo de alumnos, ellos lanzan risitas y cuchichean.

5.- Sergio escupe dentro de una lata de bebida y dice que hará que Juan la beba.

6.- Teresa y Silvia no dejan que Raquel juegue con ellas.

7.- Sebastián y Manuel tuvieron una discusión. Sebastián da un puntapié a la mochila de Manuel, lanzándola lejos.

8.- Pedro acusa a Daniel de haberle robado su juego y tienen una pelea en el pasillo.

9.- Jaime sufre de una discapacidad que no le permite controlar bien sus movimientos. Cuando está muy excitado, sus manos se sacuden. Cada vez que él intenta integrarse a jugar fútbol, un grupo de niños imita sus movimientos.

10.- Los padres de Ismael se han separado. Marcos se lo cuenta a todo el curso.

“GROOMING” (ACOSO VIRTUAL)

1.- Involúcrese y aprenda a manejar las nuevas tecnologías. Le ayudará a saber qué hace su hijo cuando está conectado y los posibles riesgos a los que se enfrenta.

2.- Enseñe a su hijo a ignorar el spam y a no abrir archivos que procedan de personas que no conozca personalmente o sean de su confianza. Explíquele que existen programas capaces de descifrar nuestras claves de acceso al correo electrónico.

3.- Sitúe el ordenador de la casa en una habitación de uso común, donde pueda tenerlo controlado. Evite, en lo posible, colocarlo en el dormitorio de sus hijos.

4.- No instale una webcam en el ordenador. O si lo hace, procure restringir su uso mediante una clave de seguridad que sólo usted conozca.

5.- Hable con su hijo sobre qué hace cuando navega por Internet: qué páginas visita, con quién habla y sobre qué.

6.- Insístale en que no debe revelar datos personales a gente que haya conocido a través de chats, Messenger, MySpace… Y pregúntele periódicamente por los contactos que va agregando a su cuenta de Messenger u otro tipo de mensajería instantánea. ¿Quiénes son? ¿Dónde los ha conocido?

7.- Explíquele que nunca ha de mandar fotos ni vídeos suyos ni de sus amigos a desconocidos.

8.- Háblele de los riesgos de Internet. Que sea un mundo virtual no quiere decir que no pueda acabar afectándole. Con apagar el ordenador a veces no es suficiente.

9.- Si nota que su hijo se comporta de forma extraña –le nota ausente, preocupado, pasa muchas horas conectado-, puede ayudarle este libro: Técnicas de hacker para padres. Cómo controlar lo que hace tu hijo por el ordenador. (Creación Copyright), de Mar Monsoriu.

10.- Si cree que su hijo está siendo víctima de grooming, contacte con la asociación Protégeles (www.protegeles.com). O diríjase a la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía (denuncias.pornografía.infantil@policia.es: 915 82 27 53) y a la Brigada de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil (delitostelematicos@guardiacivil.org). Esa persona puede estar acosando también a otros menores.

El País Semanal, 25/11/07

Para hacer

  • Este decálogo va dirigido a los padres. ¿Qué piensan los hijos de él?
  • ¿Con qué aspectos estamos de acuerdo? ¿Cuáles corregiríamos?
  • Internet abre muchas posibilidades, pero también tiene sus peligros. ¿Cómo evitarlos?

Algunos padres y madres de chicos víctimas se enfadan profundamente con el centro escolar al entender que no se está prestando suficiente atención a su hijo y que, debido a esto, han sucedido las agresiones. Es evidente que entendemos que, en situaciones de maltrato, la organización, supervisión y cuidado de los alumnos en el centro escolar son muy importantes; si bien a pesar de ello, a veces, las relaciones ocultas entre los alumnos pueden pasar desapercibidas a los ojos de los profesores. Por ello debemos confiar en la escuela y asumir que va a ser nuestra aliada en la mejora de la calidad de vida de nuestro hijo o hija, en el caso de ser víctima de malos tratos por parte de sus compañeros.

Por el contrario, si nuestro hijo está agrediendo a otros compañeros, lo importante será que cese en dicha actitud, que modifique los comportamientos y que comunique aquello que le está haciendo comportarse así. En ocasiones algunos padres o madres en esta situación entienden que la mejor forma de ayudar a sus hijos es mostrándose hostil hacia la persona que le comunica los hechos (profesor tutor, director, orientador,…) y rehúsan aceptar la implicación de su hijo. Es importante, pues, que entendamos que, una vez averiguado el grado de implicación de nuestro hijo en el proceso de maltrato, éste deberá asumir su responsabilidad y que lo peor que le puede ocurrir es no asumir su culpa y sentir permisividad ante los actos violentos, entendiendo así que el ejercicio del poder mediante la fuerza y el daño ajeno vale la pena, y que, por lo tanto, se puede uno salir con la suya y obtener una recompensa social, al demostrar que se es el más fuerte. Si permitimos que nuestro hijo deduzca esta mala enseñanza, le habremos preparado para repetir en el futuro su comportamiento abusivo sobre otras personas en cualquier contexto (escuela, familia, calle, trabajo, pareja,…), pudiendo causarle graves problemas a él y a cualquier persona con la que se relacione.

En ambos casos (alumno-víctima o alumno-agresor) la escuela ha de trabajar conjuntamente con los padres para abordar el conflicto suscitado, buscando respuestas adecuadas que ayuden a restablecer unas relaciones satisfactorias. Por eso te proponemos que:

  • Acudas a la escuela en cuanto tengas indicios, o simplemente sospechas, de que tu hijo está cometiendo actuaciones de maltrato o que está participando conjuntamente en agresiones a otros compañeros.
  • Intenta hablar con tu hijo e indaga sobre los indicios que observas. Explícale que vas a acudir al centro escolar y que tu intención es buscar una colaboración con la escuela para intervenir en el cese del maltrato.
  • Ponte en contacto con el tutor o, en su caso, con la jefatura de estudios, la dirección o el departamento de orientación del centro e infórmales de tus inquietudes.
  • Confía en que la escuela abordará el problema, tanto de manera individual como con el grupo clase que lo está presenciando.
  • Solicita ser informado de los pasos que se están dando y, a su vez, informa de cualquier mejora en la conducta, así como de posibles nuevas agresiones.
  • Mantén reuniones periódicas con el colegio para acordar actuaciones conjuntas y revisarlas.
  • En caso de que tu hijo sea víctima, si observas que aumenta su miedo, o que se produce un rebrote de las agresiones o que éstas no cesan a pesar de la intervención escolar, comunícalo al centro y, dependiendo del nivel de riesgo, indícales tu intención de denunciarlo en otras instancias.
  • Si tu contacto con la escuela no ha sido todo lo satisfactorio que esperabas, házselo saber y exige que se aborde el problema con toda prontitud. En caso de no considerar adecuada la intervención escolar, ponte en contacto con la Asociación de Madres y Padres (AMPA) o con el Servicio de Inspección educativa y solicita ayuda.
  • Si existe un alto riesgo para tu hijo o la agresión ha sido muy grave, dirígete a PROTEGELES o denúncialo directamente a la policía.

Alta ansiedad, estrés y miedo son, al parecer, las tres claves mediante las que se puede detectar si un hijo es víctima de acoso.

El experto JOSÉ MARÍA AVILÉS, miembro del Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid, afirma que las víctimas pueden desarrollar respuestas agresivas y en casos extremos, pensar en el suicidio. Para este especialista, el agresor interioriza “una manera de comportarse que puede desembocar en situaciones de delincuencia muy graves” y sobre los espectadores, afirma que llegan a aprender a mirar para otra parte, e incluso a verlo de forma normal.

Para detectar este fenómeno con más detalle en el acosado, hay que fijarse en la aparición de los siguientes SÍNTOMAS que pueden darse de forma aislada o bien combinados unos con otros:

1. Su hijo/a tiene dificultad para relacionarse con sus compañeros o los profesoresLa información la podemos recoger de los mismos amigos ya que el maltrato se inflige donde no puede ser visto por los adultos. Por otro lado, la víctima se aísla y se niega a contarlo a alguien.

2. Existen indicios evidentes, externos, que resultan más difícil ocultar.

A saber: moratones, rasguños o cortaduras cuyo origen el niño no alcanza a explicar; ropa rasgada o estropeada; objeto dañados o que no aparecen; dolores de cabeza, de estómago o de otro tipo cuya causa no está clara; lágrimas o depresión sin motivo aparente; variaciones de humor o problemas de concentración; accesos de rabia extraños; renuncia a ir a la escuela; trastornos del sueño o eneuresis; renuncia a jugar con los amigos, retraimiento social o temores ante otros niños; rebelión constante contra las normas o excesiva sumisión ante las mismas; miedos irracionales; agresiones a hermanos, especialmente en niños que han sido afectuosos y pacíficos; deseo de tomar otra ruta para ir a la escuela o volver a casa; empeoramiento del rendimiento escolar; peticiones de dinero sin explicación del motivo.

En una situación similar a la descrita es necesario adoptar una serie de MEDIDAS y en un determinado orden.

El primer paso a dar sería conseguir la confianza del hijo pero este objetivo es muy difícil de conseguir a menos que surja como iniciativa por parte de ellos. Debemos saber que el hijo necesita:

  •  saber que se le escucha y se le cree.
  •  llegar a confiar en la manera en que sus padres se ocuparán del problema 
  • hablar con más franqueza acerca de lo sucedido
  •  aprender a dominar hasta cierto punto su propia situación
  •  aprender técnicas y estrategias para protegerse
  •  volver a tener seguridad en sí mismo.

En esta situación los padres pueden ayudar de la siguiente manera:

  •  haciendo que su hijo participe en la toma de las decisiones sobre lo que hay que hacer;
  •  escuchando atentamente lo que el niño les dice;
  •  diciéndole que le comprenden.

Pero hay determinadas actitudes erróneas de los padres que no ayudan y son las siguientes:

  •  se alteran o se angustian;
  •  se sienten culpables o avergonzados;
  •  le hacen creer al niño que la situación no tiene importancia;
  •  culpan al niño/a o a la escuela;
  •  acusan a otras personas sin estar enterados de los hechos;
  •  exigen saber de inmediato todos los pormenores de lo ocurrido;
  •  o buscan soluciones fáciles.

Para evitar situaciones de este tipo, se debe mantener la sangre fría y dar los siguientes pasos que ayudarán mucho más a resolver el problema:

  •  animar al niño a que cuente todo lo que quiera sobre lo sucedido, a fin de tener una idea exacta de los hechos;
  •  mantener la mente abierta, sin olvidar que lo que están oyendo es sólo una parte de lo ocurrido;
  •  hacerle preguntas al niño, sin alterarse, con suavidad;
  •  ayudarle a reflexionar sobre lo sucedido hasta ahora;
  •  ayudarle a decidir qué hay que hacer para resolver la situación.

Es importante averiguar datos sobre que ocurrió, quién estuvo implicado; dónde ocurrió; cuándo y si hubo testigos y quiénes fueron. Una vez dados estos pasos, se pueden adoptar otras medidas como:

  •  No enfrentarse a los agresores; rara vez funciona, sino que, al contrario, suele agravar la situación.
  •  Hay que comunicarse con el centro escolar cuando se haya llegado a un acuerdo con el hijo sobre la forma, el cuándo, con quién…
  •  Pedir una cita con el director, profesor o persona que se considere más idónea para tratar el asunto.
  •  Se debe evitar presentarse en la escuela sin concertar antes una cita.
  •  Presente de forma tranquila y ordenada la información que tenga.
  •  Señale con su modo de actuar que usted desea colaborar con la escuela en la búsqueda de una solución. Indique lo que usted y su hijo desean hacer y pida que el representante de la escuela también opine al respecto.
  •  Anote las medidas que la escuela promete tomar, y pida otra cita para informarse de las actuaciones realizadas.

Por último, cabría apuntar una serie de instrucciones para ayudar a su hijo/a a hacer frente al problema. Estas pueden ser las siguientes:

1. Si los abusos se están cometiendo camino a la escuela o de regreso a casa, vea si es posible que tome otra ruta, se junte con otros niños o, acaso con la ayuda de la escuela, encuentre un compañero más robusto con quien pueda ir acompañado. Estas medidas podrán ser útiles mientras se está resolviendo el problema.

2. Si a su hijo le cuesta hacer amigos, anímelo para que haga un mayor esfuerzo por conseguirlo, ya que el tener un buen amigo, aunque sea uno solo, puede ser decisivo frente al problema de los malos tratos.

3. Invite a casa a los amigos de su hijo, para que se vayan afianzando las amistades iniciadas en la escuela.

4. Hable con su hijo sobre lo ocurrido y propóngale algunas medidas que podría adoptar para ayudarse, tales como: fingir no oír los comentarios hirientes; repetirse a sí mismo, en voz baja, consejos para animarse, tales como: «eso es problema suyo, no mío», o «yo estoy bien»;aprender a portarse de manera más firme, serena y enérgica, para que pueda enfrentarse al agresor sin sentir miedo, ni angustiarse, ni ponerse ofensivo ni violento; y entender que, en el caso de los malos tratos, está bien, y de ninguna manera constituye un acto de delación, contárselo a otro.

Frecuentemente somos testigos de desgraciadas noticias en relación con la violencia escolar. Se ha oído mucho sobre este tema pero vamos a tratar de definir correctamente el concepto de “bullying” y cómo, desde casa, podemos detectar el inicio de un cuadro de acoso fijándonos en algunos detalles que a continuación citaremos. Finalmente, proponemos algunas medidas que pueden tomar para resolver la situación violenta si esta llega a producirse.

Un estudio llevado a cabo por el Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid indica que, el 55 por ciento de los alumnos acosadores sale impune de este tipo de actos.

Según los expertos, el MALTRATO entre escolares aparece cuando de forma repetida un niño más grande, más fuerte y con más poder que otro comete abusos contra éste o, también si un grupo de niños somete a abusos a otro niño solo. Lo que ocurre es que los malos tratos pueden ser de diversos tipos.

Veamos:

1.Verbales: insultos, humillaciones o amenazas.

2. Físicos: golpes, zancadillas, pinchazos, patadas, o bien hurtos o estropeo de los objetos propiedad de la víctima.

3. Sociales: exclusión, difusión de rumores y calumnias contra la víctima.

4. Psicológicos: acecho, o gestos de asco, desprecio o agresividad dirigidos contra la víctima.

Con lo que acabamos de afirmar rompemos el primer error que se está cometiendo y es, pensar que el maltrato es únicamente físico y/o psicológico. El maltrato entre escolares se diferencia de las burlas, tomaduras de pelo, juegos bruscos y peleas características del patio de colegio en que en el caso del maltrato la conducta es continua y el agresor, por lo general, es más grande, más fuerte y más poderoso que la víctima.

Y ¿CUÁL ES EL ORIGEN DE TODA ESTA VIOLENCIA?. LEDIA GUTIÉRREZ, psicóloga familiar, explica que un niño agresivo “solamente está reproduciendo lo que ha visto o ha sufrido en su hogar y llega al colegio a descargar todo lo que está aprendiendo en la familia”.

De ahí viene que emitiera distintos consejos a las familias:

• Deben propiciar momentos de juego, estudio, descanso e interactuar con la familia y, deben dar seguridad y confianza en sí mismo.

• Deben cambiar determinados comportamientos en la familia que permitan al niño sentirse amado, respetado y escuchado.

• Los padres deben enseñarles que responder con violencia no es lo más correcto sino que hay que buscar soluciones pacíficas; deben involucrarse tanto con su hijo como su agresor para lograr acercamientos más amistosos y hacerle ver que la violencia es negativa; no deben enemistarse con la familia del niño agresor, porque estaría dando un ejemplo negativo a su hijo.

Por último, cabría citar algunas consideraciones hacia los profesores que no deben castigar, etiquetar, rechazar y apartar a los niños “violentos” porque estas actitudes lejos de mejorar su comportamiento alteran la situación; deben conversar con el niño para lograr una mejor comunicación y confianza; y deben vigilar y detectar los cambios de conducta de los alumnos y comunicarlo a los padres.

Marisol Muñoz-Kiehne, Ph.D.

Supervisión:

  • ¡Ojos abiertos! Observar cuidadosamente la apariencia y comportamiento de sus niños a diario
  • Supervisar el juego y las actividades de sus niños
  • Prestar atención a las relaciones de sus niños con otras personas
  • Estar alerta al entorno físico de los lugares que sus niños frecuentan
  • Estar alerta al ambiente social de los lugares que sus niños frecuentan
  • ¡Cuidado con quien los cuidan! Escoger a conciencia a quién le encarga sus niños
  • ¡Cuidado con quien se juntan! Conocer las amistades de sus niños

Comunicación:

  • Demostrarles a sus niños a diario que son importantes y valiosos
  • Hablar frecuente y honestamente con sus niños
  • Hacerles preguntas y responder a las preguntas de sus niños
  • Enseñar a sus niños a reconocer y expresar sus sentimientos, tales como la incomodidad y el temor
  • Discutir regularmente las reglas de seguridad con sus niños
  • Discutir las noticias según el nivel de comprensión de sus niños
  • Repasar los planes de emergencias con sus niños
  • Jugar “¿Qué harías si…?” con sus niños

Educación:

  • ¡Lo antes, mejor! Nunca es muy temprano para empezar a enseñarles a protegerse
  • Enseñarles a sus niños su nombre, dirección, y teléfono
  • Enseñarles a sus niños a no compartir información personal con desconocidos
  • Enseñarles a consultar a los adultos antes de contestar la puerta o el teléfono
  • Enseñarles a consultar a los adultos antes de aceptar regalos o invitaciones
  • Enseñarles la diferencia entre los secretos saludables (sorpresas) y los secretos peligrosos
  • Enseñarles a cómo mantener distancia física segura
  • Educarles sobre las partes privadas del cuerpo de sus niños, y quién puede tocarlas y cuándo
  • Practicar estrategias para lidiar con invitaciones amistosas
  • Practicar estrategias para lidiar con la intimidación
  • Ensayar el decir “¡No!”
  • Ensayar el pedir ayuda
  • Recordarles que el abuso nunca es culpa de los niños
  • Utilizar recursos educativos (libros, juegos) sobre cómo prevenir el abuso de los niños

Según los expertos el acoso escolar, la ausencia de reglas, la falta de supervisión y de control razonable de la conducta de los hijos/as, o una disciplina no adecuada, muy rígida o falta de comunicación, presencia de tensiones y peleas en la familia, pueden llevar al desarrollo de conductas agresivas.

También dicen que la mejor manera de enseñarle a los hijos e hijas buenos modales es hacerlo con un EJEMPLO COHERENTE.

Ofrecer modelos atractivos, estables emocionalmente, alegres, asertivos socialmente, que saben expresar y entender las emociones y las formas de interacción, conductas prosociales, altruistas, es importantísimo para que construyan una idea positiva y socialmente eficaz de ser persona.

Hay que educar en el desarrollo de conductas asertivas, para que sepan autoafirmar sus derechos sin dejarse manipular por los demás, desarrollar una capacidad que se aprende y que supone saber decir que no, mostrar las propias opiniones, saber pedir favores y reaccionar ante un ataque, saber expresar los sentimientos.

La persona asertiva es aquella que sabe RESPETARSE Y RESPETAR a los demás, que se enfrenta a los problemas de forma positiva, sabiendo mantener el contacto visual, además de saber contagiar entusiasmo transmitiendo seguridad y confianza en sí misma.

CONSEJOS PRÁCTICOS

Para prevenir el acoso se debe tener en cuenta:

  • Preocuparse por los hijos/as, hablar con ellos/as siempre que lo necesiten, creando un canal fluido de comunicación, evitando los monólogos. Hay que entender que se aprende y se conocen mejor a los hijos/as, ESCUCHÁNDOLES.
  • Estar pendiente de los síntomas evidentes de nerviosismo, falta de apetito, insomnio, bajo rendimiento o fobia escolar.
  • Supervisar las conductas atendiendo al qué, dónde, con quién e incluso, por qué.
  • Determinar los límites y las normas, exigiendo que se cumplan.
  • Educar las emociones, para que sepan comportarse con los demás y saber convivir.
  • Observar los cambios de ánimo o de hábitos de los hijos/as, por si fuera necesario ampliar la observación.