Escuela de Padres

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Para hablar bien, es necesario escribir correctamente, y esto se consigue con mucha lectura y mucha práctica sobre el papel. Cuando alguien comete faltas de ortografía la recomendación general es ‘leer más’, pero esto también puede suplirse con el dictado. 

Los dictados son una de las actividades de lenguaje más tradicionales en cuestión de docencia, y consiste en que el alumno escucha al profesor relatar un texto que tiene que reproducir escribiéndolo con exactitud. Estos ejercicios mejoran la capacidad auditiva de los niños, su atención y concentración y también ayudan a que la escritura y la ortografía tengan mejor calidad. 

Los beneficios de los dictados para niños 

1. Mejora la atención: Para que un dictado acabe de forma satisfactoria no sólo es necesario que todas las palabras y las frases estén escritas con corrección y coherencia, sino que es fundamental que el niño esté atento todo el tiempo. Cuando el docente o el padre en cuestión relate las palabras o frases y los niños vayan escribiéndolas, tendrán que estar todo el tiempo pendientes de cómo se escribe lo que la persona que dictapronuncia, lo que mejorará su capacidad de atender en todo momento a explicaciones u otro tipo de ejercicios académicos. 

2. La concentración aumenta: Al hilo de la atención, la concentración del niño también aumenta cuando se está haciendo un dictado. No sólo tienen que estar pendientes de lo que el profesor o el padre está efectivamente dictando en ese momento, sino que tienen que poner todo de su parte para poder centrarse y saber cómo se escriben las palabras que le están diciendo. 

3. Mejora la ortografía: Cuando una palabra o frase se escribe varias veces, los errores van disminuyendo. Hacer ejercicios contribuye a que las faltas de ortografía vayan siendo cada vez menores. Cuando una palabra se ha escrito de forma incorrecta y poco después se corrige, cuando vuelva a aparecer de nuevo en el mismo texto o en otro dictado, el niño podrá detectar su error y no volver a cometerlo. Además, conforme vayan escribiendo palabras que se expresen igual pero se escriban diferente: a ver y haber, vaya y valla, etc; los niños tendrán que hacer un mayor esfuerzo para saber cómo escribirlas bien. 

4. Ayudan a mejorar el lenguaje: Como la ortografía, el lenguaje también se enriquece a través de los dictados. Cuando los niños están frente a descripciones orales, además de tratar de escribir de forma correcta la palabra o la frase en cuestión, también mejorarán su capacidad de escritura y de comunicación. De esta manera, el lenguaje será más completo conforme vayan haciendo dictados porque aprenderán a decir y a escribir nuevas palabras y expresiones diferentes. 

5. Mayor capacidad activa: Un dictado es también bueno para los niños porque lleva un buen ritmo. Esto quiere decir que aunque la exposición oral sea pausada, y no vaya demasiado rápido, sí es cierto que no se para, y los niños deben estar acostumbrados a mantener su atención todo el tiempo que dure la actividad. 

6. Ayudan a la autocorrección: Cuando las palabras se repiten y aparecen combinaciones con g y j, b y v o algunas palabras que lleven h, los niños suelen tener dudas en cuanto a la ortografía. Aunque al principio se cometan errores y probablemente vuelvan a producirse durante las primeras veces, a fuerza de ver las mismas palabras o similares que se escriban igual, los niños sabrán cada vez más cómo autocorregirse. De este modo, conseguirán mejorar en ortografía antes de poner una falta, o sabrán detectar el error después de terminar el dictado. 

7. Mejoran la comprensión auditiva: Otro de los aspectos más positivos del dictado es la mejora considerable de la comprensión auditiva. Además de la comprensión lectora, los niños deben desarrollar su capacidad de audición para entender y comprender lo que están escuchando. Saber plasmar en un papel lo que se está escuchando con exactitud y sin cometer faltas de ortografía es el éxito del dictado, que además hace un gran favor a la capacidad auditiva de los niños, que descifrarán el discurso pausado del docente y lo pondrán por escrito. 

Marta Marciel

Los proyectos recreativos infantiles son el gran momento para poder jugar, se llevan a cabo en espacios amplios, con disponibilidad de tiempo y lo que es más importante, los niños están predispuestos a ello.

Sin embargo, los espacios naturales de juego están desapareciendo, debido a que en las sociedades urbanizadas de hoy día, existe una alarmante escasez de lugares de esparcimiento público. Este fenómeno unido al poco espacio del que disponen las viviendas actuales, ha restringido el juego a los patios del colegio. Este obstáculo, sería fácilmente salvable si desde instituciones escolares, municipales y padres, promovieran frecuentes escapadas al aire libre. Jiménez Domecq, 2004

En estos proyectos los juegos pueden ser de distintas características y pueden plantearse por su valor intrínseco, para motivar o como método para la realización de actividades.

El juego no tendrá la misma función ni será igual en las diferentes edades del niño. En sus primeros años, el niño aprende jugando. Desde los 6-7 años el juego se convierte en fundamental y la base de las actividades que se llevan a cabo en estos proyectos. Aparece el juego colectivo y los niños ya son capaces de entender, aceptar, modificar y hacer que se respeten las reglas. Hacia los 11-13 años, el juego, aún siendo imprescindible, ya no es la base de las actividades. A estas edades es conveniente realizar juegos movidos que ayuden a tomar conciencia del propio cuerpo y de sus posibilidades, y además ha de potenciarse el juego colectivo.

De la misma manera que en todos los aspectos del proyecto, es necesario programar a qué jugaremos y cuándo lo haremos. Como en cualquier otra actividad, también el juego ha de responder a unos objetivos, en este sentido no tendrá el mismo valor, pongamos el caso, un juego eliminatorio que un juego cooperativo.

La realización de uno u otro juego estará condicionada por una serie de factores:

– Características de los niños y de los adultos.

– Espacio: cerrado, abierto, peligros, etc.

– Climatología.

– Momento del día.

– Relación o no con las demás actividades.

Para que podamos considerar un juego como educativo hemos de observar si reúne los siguientes requisitos:

  1. Que sea creativo, es decir, versátil, lleno de agilidad. Se debe intentar que los juegos representen vivencias por las que se les recuerde con agrado. El juego debe dar al niño la oportunidad de materializar sus idas, plasmar su originalidad y su fantasía.
  2. Que sea variado, que sea dinámico y estimulante, capaz de captar y mantener el interés del niño y se asegure su continuidad en el tiempo.
  3. Que sea progresivo, el juego debe presentar distintos niveles de dificultad o pequeños problemas que supongan un desafío para el jugador, y que estos se adapten a los graduales progresos y madurez que experimenta jugando.
  4. Que sea seguro. Jugar es fundamental, pero también lo es hacerlo en lugar adecuado. Se ha de poder garantizar la seguridad física necesaria, es decir, que no entrañe peligro potencial de que pueda dañarse al jugar, y que no obstante, pueda desenvolverse abiertamente y con soltura según sus posibilidades de movimiento. De la misma manera, habrá que procurar la seguridad psíquica en el ámbito del desarrollo de la actividad lúdica, y que por ello, el juego se desarrolle en un ambiente distendido, acogedor y alegre que favorezca la creatividad y las actividades grupales.

Sintéticamente, en el momento de programar los juegos hemos de tener presente:

– El espacio.

– La duración.

– Que exijan poco o mucho movimiento.

– Cantidad de participantes que admiten.

– Equipos, si requieren.

– Material.

– Momento más adecuado.

– Conocimiento de cada juego por parte de quien lo va a dirigir.

– Reglas.

– Explicación clara de cada juego.

– Evitar juegos muy habituales. Aprovechar los recursos del medio.

– Juegos de reserva, para improvistos o tiempos muertos.

– Participación directa de los niños y adultos en la preparación del juego.

– Juegos preparados por los niños.

Seguidamente ofrecemos una clasificación de los tipos de juego posibles, para ello, seguiremos la clasificación realizada por Sánchez-Mayoral (1994), para la Escuela al Aire Libre (EALA).

Según esta clasificación se pueden diferenciar entre juegos de interior y juegos de exterior.

1. Juegos de interior

Son todos aquellos juegos que deben realizarse en un espacio cerrado, y son casi siempre de animación y creación de ambiente, suelen ser juegos breves y sencillos. Existen varias posibilidades dentro de este juego:

– Juegos de velada: Son típicos de las veladas de campamento, dirigidos a un grupo reducido, mientras que el resto participar en el juego de forma indirecta, colaborando como complica en la broma o el misterio, (ej. La momia).

– Recursos lúdicos varios: Se engloban aquí diferentes actividades lúdicas que se emplean en locales en días de lluvia que no se puede salir fuera; a diferencia de los anteriores, implican de forma directa y activa a todos los jugadores.

Juegos de mesa: Pasatiempos intelectuales o de azar en tomo a los cuales se congrega un pequeños grupo que participa en ellos de manera estática.

– Juegos de expresión plástica: van desde las típicas fichas de educación infantil en las que los niños pintan y recortan a nivel individual, hasta los talleres de creatividad manual; a medida que aumenta la edad, estas actividades pueden hacerse más cooperativas, implicando a todo el grupo en el proceso de imaginación y preparación del juego.

– Juegos dramáticos: Va desde las historias compartidas a los famosos juegos de rol y la improvisación teatral.

Dinámicas de grupo: son juegos que tienen un objetivo de acción grupal o sociométrica, se incluyen porque hasta la adolescencia resulta difícil diferenciar la condición y el efecto lúdico que una dinámica y un juego pueden adquirir para los chavales.

2. Juegos de exterior

Son aquellos que necesitan espacios amplios y abiertos para poder realizarse, muy frecuentes en los campamentos y colonias de veranos y experiencias similares. Suelen ser más largos y complejos que los de interior, tanto en su preparación como en su desarrollo, especialmente en lo referente a las reglas.

Entre ellos:

– Juegos cortos: son juegos variados y de duración corta o media que se pueden emplear para motivar antes de un juego o actividad más intensa, o en un rato libre que haya poco tiempo.

– Juego predeportivos: son variaciones imaginativas de deportes conocidos, que se juegan en pistas o en plena naturaleza, a veces con un carácter más cooperativo y en general añadiendo alguna dificultad al objetivo original del deporte, como el poner más jugadores o incluir algún instrumento especial.

– Juegos de stalking: su principal objetivo es procurar el desenvolvimiento del niño en la naturaleza, para aprender a orientarse en ella, a perderla el miedo, etc, son juegos de camuflaje, acecho, lucha y persecución, que incorporan elementos de la propia naturaleza, como las rocas o la vegetación, para esconderse y delimitar territorios.

– Juegos de orientación: e los que a través de pistas, señales, planos, mapas, brújulas, etc, se va descubriendo un itinerario que lleva a encontrar a conseguir cosas, desarrollan la percepción y la agudeza visual, utilizándose a menudo para motivar una marcha por la montaña o un taller al aire libre.

– Juegos de competición: son grandes luchas o juegos de competición entre dos equipos muy numerosos, que tratan de capturar el mayor número posible de prisioneros, o apoderarse del tesoro del bando contrario.

– Juegos de jomada: son aquellos que duran un día entero o dos días, combinando el senderismo y otras técnicas de supervivencia en plena naturaleza junto con la orientación y el acecho a otros equipos contra los que se compite, implican un gran desgaste físico y su objetivo suele ser el rastreo o búsqueda de un tesoro.

– Juegos de pruebas: Constituyen grandes líneas de motivación a partir de las cuales encomendar la realización de varios juegos o pruebas de corta duración, cuyo éxito o fracaso sirve para puntuar en un competición general entre equipos.; se llaman Olimpiadas, si las pruebas son deportivas, Gymkhanas, sin son lúdicas. Ocas sin toman como base el tablero de juego, y Quinielas si se inspiran en el enfrentamiento cara a cara de dos columnas de contrincantes.

– Juegos de noche: pueden ser adaptaciones de cualquiera de los anteriores, pero con la particularidad de efectuarse en medio de la oscuridad, se utilizan normalmente para que los niños venzan el miedo a la naturaleza de noche, ofreciendo la posibilidad de disfrutar de la misma con un sentido lúdico.

– Recursos lúdicos para fuegos de campamento: son iguales que los ya mencionados juegos de velada, con la particularidad de que sus características obligan a realizarlos en el exterior, bien porque se juegue con agua o fuego, bien porque necesiten espacios abiertos.

– Juegos de agua: aquellos que se juegan en la piscina, en la playa, o en un río, y que pueden ir desde pequeñas pruebas tipo gymkhanas, hasta las típicas guerras de agua.

– Descubiertas: también llamados juegos de ciudad, porque se centran en el recorrido, la investigación y el descubrimiento de las peculiaridades particulares de un municipio, para ello es necesario que los niños indaguen sobre las costumbres, la historia y el arte de ese municipio, contactando directamente con sus habitantes o buscando una serie de pistas que vaya revelándose las respuestas.

– Kermeses: son juegos populares, típico de las fiestas de los pueblos, que pueden realizarse de acuerdo con las celebraciones del municipio o mediante la construcción de una feria o mercadillo por parte de los mismos chicos.

Con el fin de que a través del juego el niño alcance su más óptimo desarrollo, vamos a exponer diversos criterios de selección de juegos en función de variables.

1. Seleccionar juegos en función de la edad

Piaget distingue tres tipos de juegos, en función del desarrollo evolutivo y de la diferentes modalidades que el juego adopta:

  • JUEGO SENSOMOTOR : (aproximadamente de 0 a 2 años)

El niño obtiene el placer al realizar ejercicios sensomotrices, el juego constituye una repetición de movimientos, y el aprendizaje de otros nuevos

  • JUEGO SIMBÓLICO : ( aproximadamente de 2 a 7 años)

Su función principal es la asimilación de lo real al” yo “. Aparece la capacidad de evocación de un objeto o fenómeno ausente, para ello se utilizan objetos representativos como muñecas, peluches, etc.

  • JUEGO REGLADO : ( a partir de los 7 años)

Se combinan la espontaneidad del juego con el cumplimiento de las normas que comporta. Tienen un función esencialmente socializadora, y suelen ser organizados, en equipo y que entrañan algún tipo de competitividad ( canicas, rayuela, etc.)

2. Seleccionar juegos en función de los aspectos que incluye

CHANCE (1979) identifica cuatro clases de juego en función de incluir aspectos físicos, manipulativos, simbólicos o con reglas.

  • JUEGO FÍSICO: el escondite, hacer cosquillas, tirar de la cuerda.
  • JUEGO MANIPULATIVO: centrándose en controlar o dominar el entorno, manipular los objetos, utiliza juguetes, supone el uso de instrumentos, tienen en común una mayor coordinación ojo-mano.

Son los rompecabezas, sonajeros, piezas de encaje, juguetes de cuerda, construcciones

  • JUEGOS SIMBÓLICOS: se manipula la realidad. Incluye los juegos de imaginación o de fantasía, canciones disparatadas y otros juegos de palabras. Supone una deformación deliberada de la realidad.

Se pueden utilizar objetos, aunque de manera simulada.

  • JUEGOS CONVENCIONALES: referidos a aquellos que se rigen por reglas. Los más tempranos pueden denominarse ” rutinas “. Son el escondite, los juegos de cartas, los de tablero.

3. Seleccionar juegos en función de los aspectos de la personalidad que se pretende desarrollar

MOYLES (1990), establece una clasificación del juego derivando tres categorías :

  • JUEGOS FÍSICOS: se necesita y desarrolla la coordinación óculo-manual, óculo-motriz, grafo manual y/o coordinación dinámica general. Implican construcción / destrucción (construcciones, encajes, arcilla), manipulación (instrumentos musicales) creatividad (danza), exploración sensorial (pintura de dedos).
  • JUEGOS INTELECTUALES: implica el desarrollo de la capacidad lingü.stica del sujeto, su nivel de simbolización, su creatividad y / o su capacidad lógico-matemática. Son juegos de comunicación (contar cuentos), de exploración, investigación o resolución de problemas o simulación (jugar a casitas, interpretar un papel en una obra de teatro ), de fantasía, innovación, e imaginación (pintura, dibujo, modelado, diseño).
  • JUEGOS SOCIO-EMOCIONALES: favorecen el desarrollo de la socialización del niño, aumentar su autoconcepto, y le ayudan a adoptar actitudes prosociales que le permitirán integrarse en grupos cada vez más amplios.

Son los que implican interacción (hablar por teléfono Jugar con muñecas), cooperación (jugar al fútbol en equipos), competición (juegos de palabras y números), relajación (escuchar música y bailar), roles (jugar a).

Hemos de destacar que existe una superposición significativa en todas las áreas, puesto que en la actividad humana se implica toda la personalidad del individuo, y ésta no se puede disociar salvo con una intención analítica.

A menudo es realmente muy difícil advertir un progreso dentro de las situaciones lúdicas, y sin duda, ésta es una de la numerosas razones por las que, para muchos adultos, parece poseer un rango más importante la prueba tangible de un progreso plasmado en una tareas de escritura o de números.

Los profesores deben ser capaces de reconocer diferentes aspectos del progreso en los niños a quienes enseñen, deben estar capacitados en la evaluación, observación, supervisión y anotación de lo que ocurra a través de las oportunidades lúdicas y de dispensar los recursos necesarios, porque sólo sabiendo en dónde están los niños en cada momento podrán asegurarse de su progreso y de su comprensión cuando ésta tenga lugar.

Todos los profesores son capaces de actos espontáneos de observación, de tomar notas mentalmente y por escrito, y de una estimación continuada de la situación. No obstante, la toma de notas de observación abiertas y no estructuradas del juego de un niño generará una enorme información sobre su desarrollo, progreso, actitud, sociabilidad, etc., pero en buena parte será analizada en una forma útil en razón de su misma cantidad y de la falta de estructura.

Resulta muy importante decidir lo que se va a observar antes de hacerlo, en parte porque ello representa un ahorro de tiempo pero, más aún, porque la actividad ganará en deliberación y es probable que proporcione más información útil sobre los niños y su progreso.

Si la observación está excesivamente predeterminada existe el peligro de que las personas vean sólo lo que desean ver, sin embargo es crucial que los profesores aclaren realmente cuáles son sus propósitos fundamentales y sus objetivos de aprendizaje para los niños en situaciones lúdicas porque, sin tal claridad ¿cómo sabremos lo que estamos buscando?. Así KALVERBOER (1977) EXPONE :

“El juego contiene información crucial sobre el nivel de desarrollo de un niño, sus capacidades de organización y su estado emocional. Para que esta información sea útil resultan necesarias la clasificación y la medición”.

De este modo, podríamos decir que la organización de la observación se basaría en la respuesta de

determinadas preguntas :

– ¿ cuál es el propósito del juego ?, si está concebido para que determine un aprendizaje y no una mera ocupación, la siguiente cuestión sería: ¿ qué o cuál aprendizaje esperamos ?

– ¿ se han alcanzado realmente los aprendizajes ?

– ¿ se ha contribuido con ello a un desarrollo global o implicando a todos los ámbitos ?

Los resultados de aprendizaje en el juego van a depender también de la observación de otros elementos no propios del juego en sí:

– Estado inicial de desarrollo y de madurez del pequeño,

– de su capacidad presente para abordar diversos aspectos de la vida escolar,

– de la procedencia social y cultural.

Podríamos considerar la observación en el juego infantil como dentro del modelo de investigación cualitativo.

CAJIDE (1992) llama a la investigación cualitativa como investigación naturalista, trabajo de campo, investigación etnográfica. Este último término referido a la aportación de datos descriptivos de los conceptos, motivaciones, actividades y creencias acerca de los miembros de un grupo .

Bajo este modelo el profesor se convierte en OBSERVADOR e investigador PARTICIPANTE, se inviste del rol de investigador.

La gradación selectiva en los procesos de observación aquí es :

  • OBSERVACIÓN DESCRIPTIVA:

En primer término, describe o abarca el ámbito general en el que se está desarrollando el juego.

  • OBSERVACIONES FOCALIZADAS:

A continuación, centrando la atención en el grupo o individuos que juega, focalizando .

  • OBSERVACIONES SELECTIVAS:

Finalmente, centrándose en sujetos concretos.

El proceso es por tanto encontrar el interés en comprender la conducta humana desde el propio marco de referencia de quien actúa, partir de la realidad dinámica del juego, acercarse paulatinamente a los datos, situarse en una perspectiva desde dentro, practicando una inmersión en el grupo.

Es decir, para comprender la dinámica del juego, sus procesos y problemas posibles, no hay otro modo que entrar en profundidad y con sentido de totalidad, practicar una OBSERVACIÓN PARTICIPANTE, con el fin de entender el juego y los posibles resultados.

* DESARROLLO SOCIO – AFECTIVO

Desde los primeros momentos de la vida, la comunicación gestual – verbal entre los adultos y el bebé, incluye un jugueteo con la voz, con las caricias, con los gestos … que da a las interacciones entre ambos una naturaleza de juego.

* DESARROLLO FÍSICO Y MOTRIZ

Siguiendo a García Orgaz, si observamos el juego de un niño vemos que estimula su desarrollo intelectual, porque cuando un niño juega experimenta con cosas y con ideas. Así consigue además, aprender de forma no frustrante, porque el juego no tiene metas, en el juego no se hace algo buscando una finalidad sino que sus motivaciones son intrínsecas: el juego mismo es la finalidad.

También podemos observar como el juego ayuda al niño a adaptarse a la realidad. Por medio del juego empieza a comprender cómo funcionan las cosas: lo que puede o no puede hacer con los objetos y cómo puede hacerse. Es capaz de crear una realidad sin problemas porque él es el que manda. De esta manera va construyendo un mundo comprensible para él. Además aprender a comprender y a controlar la realidad social, juega a las profesiones de las que tiene alguna información (padres, profesores, médicos, conductores…). Este juego le va permitiendo a aprender reglas de conducta, roles sociales.

Por otro lado el juego también cumple una función biológica, la de consumir energía sobrante, la de relajar, la de causar placer (saltar, correr, trepar, columpiarse…). Una energía que se canalizará después a través de las actividades deportivas.

Y también cumple una importante función terapéutica, porque los niños expresan por medio de sus juegos múltiples problemas, necesidades y emociones. El juego es una actividad con contenido simbólico que los niños emplean para solucionar problemas que no pueden resolver en la realidad, por medio del juego adquieren una sensación de control que distan mucho de poseer en la realidad.

Ordenando un poco lo dicho, podemos afirmar que la actividad lúdica contribuye al desarrollo de una personalidad integral, puesto que favorece:

  • El ámbito físico:

El juego potencia el desarrollo psicomotriz del alumno, en sus diversos aspectos, ayudándole a adquirir habilidades y destrezas de mayor complejidad, progresivamente :

– control postural

– fuerza muscular

– consecución de la marcha

– coordinación óculo-manual o viso-manual

– coordinación óculo-motriz o viso-motriz

– dominio de la lateralidad

– esquema corporal

– equilibrio

– seguridad en los movimientos

– estructuran la representación mental del esquema corporal

Según Garaigordobil (2005), los juegos de movimiento que los niños y niñas realizan a lo largo de la infancia, juegos de movimiento con su cuerpo, con objetos y con los compañeros, fomentan el desarrollo de las funciones psicomotrices, es decir de la coordinación motriz y la estructuración perceptiva.

  • El ámbito intelectual:

A través del juego el niño potencia diferentes capacidades cognitivas y habilidades que le permitirán alcanzar niveles superiores en su desarrollo intelectual:

– observar

– explorar: tocar, oler, gustar, …

– experimentar: tirar, coger, saltar, …

– comparar: establecer semejanzas y diferencias

– analizar: descubrir características diferenciales, asociar y relacionar rasgos,…

– sintetizar: destacar claves, eliminar lo accidental…

– aplicar y solucionar problemas

También adquiere nociones elementales, que igualmente reflejarán su enriquecimiento intelectual:

– cantidad y número

– peso y volumen

– sucesión y orden

– relación: analogía – diferencia

Al mismo tiempo el juego, principalmente el simbólico, es el entorno idóneo en el que se desarrolla el lenguaje:

– potencia la capacidad de simbolización

– aumenta su vocabulario

– puede ofrecer modelos lingüísticos positivos: sintácticos y morfológicos

– posibilita situaciones de expresión variada: oral, plástica, musical, corporal,…

Siguiendo a la autora anteriormente citada, Garaigordobil (2005), jugando los niños aprenden, porque obtienen nuevas experiencias, porque es una oportunidad para cometer aciertos y errores, para aplicar sus conocimientos y para solucionar problemas. El juego rea y desarrolla estructuras de pensamiento, origina y favorece la creatividad infantil; es un instrumento de investigación cognoscitiva del entorno.

  • El ámbito socio-afectivo:

Veamos cuál es el desarrollo afectivo – emocional que produce la actividad lúdica :

– libera tensiones y ansiedad

– potencia su actividad y libera energía sobrante y por lo tanto, puede considerarse que tiene un valor terapéutico

– afianza los vínculos afectivos entre los participantes

Facilita igualmente el proceso socializador del alumno:

– incorpora actitudes positivas: tolerancia, respeto, colaboración, ayuda…

– permite el establecimiento y respeto de normas

– le ayuda a asumir responsabilidades dentro del grupo

– favorece la jerarquización de valores socialmente aceptados

Mediante el juego el niño entra en contacto con sus iguales, lo que le ayuda a ir conociendo a las personas que le rodean, a aprender normas de comportamiento y a descubrirse a sí mismo en el marco de estos intercambios. Garigordobil, 2005.

A menudo los adultos nos planteamos como debemos jugar con los niños. En este sentido hay que tener en cuenta que las actitudes de los adultos ante los juegos de los niños influirán más adelante en lo que los niños piensen de su propia capacidad, influirán en su autoconcepto. Por ello lo ideal es jugar con los niños para disfrutar y en principio sin intención pedagógica.

Si no dejamos que el niño explore por temor a lo que le pueda ocurrir le haremos inseguro, o en cualquier caso, le quitaremos esa oportunidad de aprender.

Los adultos no necesitamos participar directamente en los juegos de los niños para reforzar la importancia de los mismos.

No se debe controlar ni dirigir constantemente el juego del niño porque, de esta manera, lo limitaríamos. El niño debe usar los juguetes como desee, y no como los adultos piensan que debe utilizarse.

En cambio, sí se pueden hacer propuestas de juego al niño. Por ejemplo, si tiene problemas de control de esfínteres, se le puede sugerir que ponga a hacer pis en un orinal a un muñeco, o jugar con él a llenar y vaciar frascos. Si se niega a comer, se puede jugar a dar de comer a las muñecas, o jugar a las comiditas.

Si le dan miedo los animales, se puede jugar al zoo, con marionetas de animales, con animales de peluche… O si le está costando adaptarse al colegio, se puede jugar a los viajes y a las despedidas.

En cualquier caso, hemos de tener presente la necesidad de estimular en el niño su juego de ficción, (sin el objeto presente), jugar a hacer como sí…, imaginando situaciones y personajes como si fueran reales.

Los adultos pueden iniciar el juego, pero siempre se debe dejar el control al niño, pues sólo así resolverá sus temores.

En conclusión, aunque cualquier juego cumple una función en el desarrollo psicológico del niño, no es conveniente convertir todo en juego, y también tiene que aprender a diferenciarlos de las rutinas cotidianas.

Cuando jugamos realizamos una actividad que no tiene un fin ulterior a ella misma.

En el trabajo buscamos a través de la actividad la producción de algún objeto, servicio o producto.

Se tiende a pensar que el juego es placer y el trabajo es deber. Aunque el siguiente dato es poco conocido y al parecer increíble, la palabra trabajo significa etimológicamente (tripalium) un instrumento de castigo y de tortura. La semántica aquí, como en muchos otros casos, viene a ser como una ventana hacia la psicología de los pueblos. Las pueblos latinos que adoptaron esta palabra, en vez de la palabra original (en latín se decía labor, en italiano se dice lavoro, se delatan como poco laboriosos y proyectan su escaso entusiasmo por las actividades productivas. Nótese que vocablos correspondientes anglosajonas (por ejemplo, work en inglés y werk en alemán), denotan directamente la obra, no el esfuerzo penoso ni la experiencia ingrata.

Sin embargo, tal dicotomía es inexacta.

Tanto el juego como el trabajo son las expresiones naturales de la actividad y de la creatividad del hombre; si bien el juego predomina en la primera etapa de la vida, trabajo es el estímulo principal en las sucesivas.

En relación con esto último puede formularse una proporcionalidad casi matemática:

TRABAJO = ADULTO

JUEGO = NIÑO

O, dicho de otra manera, el trabajo es al adulto lo que el juego es al niño.

Si no hay dicotomía o separación drástica, si se desvanece la línea divisoria entre ambos entonces, se nos facilita verlos como forma complementarias. Más aun, como facetas de una misma realidad. Ambos, el trabajo y el juego, son:

– actividad del sujeto.

– despliegue de energías expresión proyectiva del sujeto

– superación y transformación de la realidad que nos rodea

– ejercicio de creatividad

En ocasiones el juego puede llevar a provocar que se empleen cantidades de energía superiores a las requeridas para una tarea obligatoria, pero no se viven como una obligación. Muy al contrario, se desea y ejecuta con el entusiasmo propio de una afición. Jiménez, 2004

1. Desde el punto de vista de la psicología evolutiva

Durante mucho tiempo el criterio más utilizado para clasificar los juegos ha sido la edad, siguiendo la ya tradicional clasificación de Piaget. Así, desde una perspectiva psicoevolutiva el juego puede ser de tres tipos:

– Juego de ejercicio: Abarca los dos primeros años de vida del niño. Consiste en la repetición de actividades de tipo motor que inicialmente tienen como fin adquirir destrezas para la autonomía personal, pero al final pasan a realizarse por el mero placer del movimiento corporal y sirven para consolidar lo aprendido. Es un juego de carácter individual, aunque en ocasiones los niños son estimulados por los adultos a través de ejercicios que sirven para llamar su atención o facilitarle la realización de actividades motrices más elaboradas.

– Juego simbólico: Abarca de los 3 a los 7 años. En este juego el niño desarrolla actividades en las que utiliza símbolos haciendo como si estuviera realizando alguna acción, pero sin ejecutarla realmente. Imita escenas de la vida real modificándolas de acuerdo a sus necesidades lúdicas, y los objetos adquieren un significado en la actividad: los trozos de papel son billetes, un bolígrafo es una jeringuilla, el palo de una escoba es un caballo, etc. Los juguetes sirven de apoyo a este tipo de juego, especialmente los de construcción. En la recreación de la realidad también se representan los papeles sociales más conocidos por el niño: los padres, el médico, el maestro,., todos ellos sometidos a la interpretación personal del niño.

– Juego de reglas: desde los 7 años hasta la adolescencia. Es un juego de carácter social que se realiza en grupo, mediante reglas y un reparto de roles que todos los jugadores deben respetar. En este tipo de juegos se reflejan dos aspectos, la cooperación y la competición. La primera, ya que sin la colaboración de todos no fondona el juego; la segunda, porque generalmente o una persona o un grupo gana. Esto requiere situarse en el punto de vista del otro para tratar de anticiparse y no dejarle ganar, así como la elaboración de estrategias de coordinación que son muy importantes para el desarrollo social y para la superación del egocentrismo.

Los juegos de reglas son un aprendizaje de estrategias de interacción social, que facilitan el control de la agresividad e implican un ejercicio de responsabilidad y democracia. (Garaigordobil, 2005)

2. Desde el punto de vista de la pedagogía del ocio

Callois, desde el punto de vista del tiempo libre y del ocio, clasifica los juegos en:

– Juegos de competición: deportes, juegos intelectuales de estrategia.

– Juegos de azar: rifas, casinos, ferias, loterías, pitonisas.

– Juegos de simulación: teatro, circo, carnavales, rol, dinámicas de grupo.

– Juegos de riesgo: acrobacias, carruseles o aventuras que buscan la sensación de angustia física, y también situaciones terroríficas, desorientadoras o monstruosas que causan la ansiedad física.

Clasificación esta que será desarrollada y adaptada a las condiciones reales de los juegos de tiempo libre que los animadores realizan con los niños en campamentos, centros de ocio, colonias, excursiones., en el último punto del tema.

3. Desde el punto de vista del J.R. Myles.

Este autor distingue durante la etapa de infantil y primaria tres tipos de juegos:

– Juego físico

– Juego intelectual

– Juego socioemocional

Vamos a analizarlos:

– Juego físico

Tiene como forma básica el ejercicio del sistema motor tanto grueso, como fino así como facilitar el desarrollo psicomotor.

Los detalles en que se basa este tipo de juegos son:

  • Para el ejercicio del sistema motor grueso: construcción y destrucción

Tenemos como ejemplos la utilización de piezas de construcción, o la arcilla, la arena, o bloques de madera.

  • Para el ejercicio del sistema motor fino: manipulación y coordinación

Tenemos como ejemplos que facilitan estos ejercicios los ladrillos entrelazados, o los instrumentos musicales.

  • Para favorecer el desarrollo psicomotor en general: movimiento creativo, exploración sensorial juego con un objeto y audacia.

Los ejemplos más favorecedores los encontramos en las barras para trepar, la danza, encontrar una mesa u otro objeto.

– Juego intelectual

El objetivo de estos juegos es conseguir un óptimo desarrollo cognitivo y favorecer el aprendizaje, apoyando incluso distintas áreas, así encontramos la forma básica de juegos lingüísticos, científicos, simbólico / matemático y creativo, pasemos a analizarlos someramente:

  • Favoreciendo el desarrollo lingüístico, encontramos juegos que se basan en: comunicación/función/explicación/adquisición.

Los juegos o ejemplos más claros son escuchar, contar relatos, el teléfono roto…

  • Favoreciendo la adquisición de aspectos científicos, encontramos actividades basadas en: exploración/ investigación/resolución de problemas.

Los ejemplos más claros el jugar con las cosas, por ejemplo con el agua, cocinar…

  • Favoreciendo el desarrollo de aspectos simbólicos y matemáticos, encontramos juegos basados en: representación/simulación/minimundos

Ejemplos más claros los de juegos como la casa de muñecas, o jugar a casitas, interpretación dramática, o juegos de números…

  • Favoreciendo el desarrollo de la creatividad encontramos juegos basados en: estética/imaginación/fantasía/realidad/innovación.

Los ejemplos que encontramos pueden ser entre otros la pintura, el dibujo, el modelado, el diseño…

– Juego socioemocional

Estos juegos son utilizados para observar las posibles carencias que pueden tener los niños de tipo afectivo y para potenciar, en cambio sentimientos de afecto, socialización, integración en los grupos, empatía y comunicación. Vamos a clasificar los distintos tipos de o formas de juegos :

  • Con un objetivo terapéutico, encontramos juegos que se basan en: agresión/regresión/relajación/soledad/juego paralelo.

Con estos juegos el niño consigue sacar de sí mismo los sentimientos que le provocan una inadaptación al grupo y al entorno social, encontramos que es útil la madera, la arcilla, y sobre todo utilizar la música

  • Con un objetivo de desarrollo también linguüístico, encontramos juegos que favorecen o están basados en: comunicación/interacción/cooperación.

Ejemplos más comunes el juego de muñecas o el del teléfono…

  • Con el objetivo de desarrollar comprensión podemos observar juegos basados en comprensión/sensibilidad.

Para ello los ejemplos que más lo favorecen va a ser el juego con animales domésticos y el juego con otros niños..

  • Juego de tipo repetitivo, con el fin de desarrollar el: dominio/control.

Para favorecer estos aspectos es válido jugar a “cualquier cosa “, todos los juegos los favorecen…

  • Con el objetivo de desarrollar un correcto autoconcepto, encontramos juegos basados en: roles/moralidad/emulación/etnicidad.

Encontramos así juegos como el rincón doméstico, el taller de servicio, el debate en la medida posible

  • Con el objetivo simplemente lúdico, encontramos juegos basados en la: competición/reglas.

Encontramos juegos de palabras y de números.

Los tipos de juegos se superponen y se mezclan entre sí de forma que cuantos más objetivos persigan más enriquecidos serán los juegos y más divertidos.

Las características fundamentales del juego en la infancia están basadas en los siguientes principios:

– El juego debe aceptarse como un proceso, no necesariamente con un resultado pero capaz de tener alguno si lo desea el participante.

– El juego no es la antítesis del trabajo: ambos son parte de la totalidad de nuestras vidas.

– El juego es necesario para los niños pero también para los adultos.

– El juego siempre está estructurado por el entorno, los materiales o contextos en que se produce.

– La exploración constituye un paso preliminar a formas más retadoras del juego que, en el entorno escolar, probablemente estarán dirigidas por el profesor.

– Un juego adecuadamente dirigido asegurará al niño un aprendizaje a partir de su estado actual de conocimientos y destrezas.

– Los padres tienen derecho a esperar que el juego en las escuelas se organice de un modo Significativo y distinto del practicado en casa y en otros sitios. Si pueden ver que esto es así es más probable que le otorguen valor e importancia.

– El juego es potencialmente un excelente medio de aprendizaje.

A través del juego el niño va experimentando y dando significación a todo aquello que vive, selecciona aquellos aspectos de la realidad que le son útiles, comprende el esfuerzo de producción que requiere el elaborar las cosas, e interioriza lo vivido. El desarrollo de una postura crítica, la orientación personal ante los hechos, la emergencia de valoraciones, e incluso la expresión de opiniones y actitudes, son algunas consecuencias del proceso educativo de la actividad lúdica.

En definitiva, analizando desde un punto de vista productivo al juego podemos afirmar, siguiendo a Llull, que el juego es algo superfluo e inútil, pero resulta muy necesario desde una perspectiva sociocultural, puesto que se trata de una expresión más de la existencia humana; y para el niño, además, es un medio de conquistar progresivamente su autonomía personal.

El juego, actividad por excelencia de la infancia, es vital e indispensable para el desarrollo humano. El juego temprano y variado contribuye de un modo muy positivo a todos los aspectos del crecimiento. Está estrechamente vinculado a las cuatro dimensiones básicas del desarrollo infantil: psicomotor, intelectual, social y afectivo-emocional. (Garaigordobil, 2005)

El vocablo JUEGO, proviene del vocablo latino JOCUS, que significa diversión, broma. Por consiguiente, el juego es gozoso; lleva en sí humor, diversión y risa.

Jugar es dedicarse a una actividad para divertirse, para obtener placer. El jugo sólo tiene fin en sí mismo; el niño juega por jugar. Si el niño aprende algo, de alguna manera es accidental, porque no es su fin primero. Sin embargo es fuente de numerosos descubrimientos, le permite distintas formas de realización, aprende las reglas, las costumbres y los valores que rigen su entorno. (Ferland, 2005)

El Diccionario de las Ciencias de la Educación (1983) lo define como:

“Actividad lúdica que comporta un fin en sí misma, con la independencia de que en ocasiones se realice por un motivo extrínseco”.

Las teorías científicas que han explicado el sentido y las propiedades del juego podrían resumirse en las siguientes:

1. Teorías clásicas

Estas teorías sobre el juego infantil se desarrollan en el primer tercio del siglo XX y siguen ejerciendo una notable influencia sobre las investigaciones actuales.

1.1. Teoría de SPENCER (1859)

Considera el juego como resultado de un exceso de energía acumulada. Este modelo de descarga de energía sobrante orientará la atención de los estudiosos del juego hacia los juegos motores, en los que el derroche de energía física es muy notable.

1.2. Teoría de la recapitulación de HALL (1904)

Esta teoría abarca el juego desde una perspectiva evolucionista y trata de clasificar los juegos infantiles y de encontrar un orden en su aparición que refleje en cada individuo la lógica de la evolución de la especie. Según este autor, el juego con el agua es anterior en el niño que el juego de trepar a los árboles y ello precisamente porque los peces precedieron a los monos en el orden de aparición como especies. Esta teoría junto con la anterior sirven para plantear el juego infantil como un concepto clave en el desarrollo humano.

1.3. Teoría del pre-eiercicio de GRQOS (1898)

Groos concibe el juego como un modo de ejercitar o practicar los instintos antes de que estos estén completamente desarrollados. Plantea que si los organismos juegan debe ser porque de ello se deriva alguna ventaja en la lucha por la supervivencia. Groos encuentra esa ventaja en la práctica de los instintos.

2. Teorías modernas

2.1. Teorías de FREUD

Freud vincula el juego a la expresión de instintos y más concretamente al instinto de placer. Freud criticó la explicación funcionalista del juego proporcionada por Groos. Como sucede en el caso de los sueños, el juego infantil es una de las maneras por medio de las cuales esas tendencias reprimidas encuentran modo de expresarse.

2.2. Teoría de PIAGET

Para Piaget las diversas formas que el juego adopta a lo largo del desarrollo infantil son consecuencia directa de las transformaciones que sufren, en el mismo lapso de tiempo, las estructuras intelectuales. El tipo de juego es en parte un reflejo de estas estructuras y el juego contribuye al establecimiento de nuevas estructuras mentales.

2.3. Teoría socio-histórica de VYGOTSKY (1938)

El enfoque de la escuela soviética fue formulado originalmente por Vygotski en 1933 y desarrollado por sus discípulos. Elkonin (1980) expone de modo más sistemático los presupuestos de la teoría. Vygotski advierte contra el peligro de desintegrar la unidad fundamental del juego en sus componentes (percepción, memoria, pensamiento…). Esta unidad radica en la naturaleza social de los roles representados por los niños mientras juegan. Se trata de una reconstrucción de las interacciones de los adultos que el niño entiende sólo de un modo fraccionado y que solo puede tener lugar gracias a la cooperación e interacción social con otros niños que asuman papeles complementarios al suyo.

2.4. Teoría de la enculturación de SUTTON-SMITH (1964)

Esta teoría plantea la relación existente entre el tipo de valores inculcados por una determinada cultura y la clase de juegos que con objeto de asegurar la transmisión de tales valores son promovidos por cada cultura.

2.5. Teoría ecológica de BRONFENBRENNER (1979)

Siguiendo el planteamiento de este autor, otros muchos autores plantean el efecto que sobre el juego pueden tener determinados factores ambientales tanto físicos como culturales. El planteamiento general es que la comprensión de la conducta de los individuos exige analizar en función de estos contextos que a su vez influyen unos sobre otros.

En definitiva, todas las teorías coinciden en afirmar que el juego es una actividad distinta del trabajo u otras obligaciones, que se realiza por que sí, por el mero placer que extraña efectuarlo.

Las ideas, nociones, pensamientos y experiencias que se adquieren a lo largo de los años en la educación y la enseñanza aparecen como resultado de diversas interacciones con muy diferentes personas, algunos quedan grabados para siempre en la memoria, mientras que otros se absorben y asimilan como parte de nuestro propio ser. Así sucede con los pensamientos y acciones relativos al juego.

El juego es, indudablemente, un medio por el que los seres humanos exploran diversas experiencias en diferentes casos y con distintos fines. Dentro de situaciones educativas, el juego no sólo proporciona un auténtico medio de aprendizaje sino que permite que unos adultos preparados adquieran conocimientos respecto a los niños y sus necesidades. En el contexto escolar, esto significa que los profesores deben ser capaces de comprender donde están los niños en su aprendizaje y en su desarrollo general, lo que a su vez indica a los educadores el punto de partida para la promoción de un nuevo aprendizaje, tanto en el campo cognitivo como en el afectivo.

El juego representa una actividad lúdica rica en formas y propuestas. Jugando el niño se desarrolla, física, emocional y socialmente, a la vez que estimula el desarrollo de su inteligencia, a través de un crecimiento sano y armónico, siendo una de las fuentes más importantes de progreso y aprendizajes. Marín, 2005.

Los profesores y otras personas inmersas en educación y la asistencia de los niños pequeños deben investigar y establecer, qué entienden por juego, desarrollar un profundo constructor de juego que posea un rigor académico aceptable, satisfacer a los padres y a otras personas que puedan participar en todos los juegos que necesiten en otros contextos ajenos a la escuela.

El juego asegura que le cerebro, y sobre todo en los niños, estén en una continua actividad y estímulo. En los más pequeños el juego está positivamente asociado con el desarrollo general y con la maduración (Millar 1968). Posee la ventaja de proporcionar diversión y placer, por tanto puede existir en el contexto de la resolución de conflictos y de ansiedad, al mismo tiempo la situación del juego proporciona estimulación, variedad, interés, concentración y motivación, puede proporcionar un escape de las presiones de la realidad, aliviar a veces el aburrimiento y, en ciertos casos, simplemente relajación.

El juego induce a los niños a desarrollar percepciones acerca de otras personas, y a comprender las demandas en los dos sentidos de expectación y tolerancia. En muchas situaciones lúdicas existen implícitamente oportunidades para la exploración de conceptos como el de la libertad y conducen, con el tiempo, a proporcionar vías de paso hacia el desarrollo de la independencia. En un nivel más básico, el juego brinda situaciones en donde practicar destrezas, tanto físicas como mentales, repitiéndolas tantas veces como sea necesario para conseguir confianza y dominio. Además, permite una oportunidad de explorar las propias potencialidades y limitaciones.

El juego no es sólo una posibilidad de autoexpresión para los niños, sino también de autodescubrimiento, exploración y experimentación con sensaciones, movimientos, relaciones, a través de las cuales llegan a conocerse a sí mismos y a formar conceptos sobre el mundo. (Garaigordobil, 2005)

Los niños, pueden jugar conforme a su propio estilo, extrayendo de esa experiencia cualquier aprendizaje para el que estén “dispuestos” en ese momento.

Al observar a los niños, parece claro, que existen en motivación y satisfacción mucho mayores en el aprendizaje a través de este tipo de situación, cuando los sujetos pueden basar el nuevo aprendizaje en lo que ya resulta familiar y que, por eso, accede hasta ellos de un modo más natural.

Esta etapa del “conocer” proporciona, esencialmente a los niños pequeños, la confianza necesaria para desear saber más. Porque como Claxton indica (1984):

“El aprendizaje es fundamentalmente un desarrollo, no sólo una acumulación, y debe siempre proceder de y retomar a lo que es conocido.”

Los niños pequeños revelan a menudo en su juego todas estas características y aún más. Como proceso y como modo, el juego proporciona un “ethos de aprendizaje” en el que se pueden atender las necesidades básicas del aprendizaje infantil. Entre tales necesidades figuran la oportunidad de:

– Practicar, elegir, perseverar, imitar, imaginar, dominar, y obtener competencia y confianza.

– Adquirir un nuevo conocimiento, unas destrezas, un pensamiento coherente y lógico y una comprensión.

Alcanzar la posibilidad de crear, observar, experimentar, moverse, cooperar, sentir, pensar, aprender de memoria y recordar.

– Comunicarse, interrogar, interactuar con otros y ser parte de una experiencia social más amplia en la que resultan vitales la flexibilidad, la tolerancia y la autodisciplina.

Conocer y valorarse a sí mismos y las propias fuerzas y comprender las limitaciones personales.

– Ser activos dentro de un ambiente sereno y seguro que estimule y consolide el desarrollo de las normas y de los valores sociales.

El juego abierto, aquello a lo que podríamos denominar verdadera situación lúdica, presenta a los niños un extenso campo de posibilidades atendiendo a sus necesidades de aprendizaje y ampliando su aprendizaje explícito. Parte de la tarea del profesor consiste en proporcionar situaciones de juego libre y dirigido, en las que intentar atender a las necesidades de aprendizaje de los niños. En ese papel, puede considerarse al profesor como un iniciador que hace posible el aprendizaje.

Sin embargo, el papel más importante del profesor es, el que realiza cuando ha de decidir qué es lo que el niño ha aprendido (el papel de investigación y evaluación) para proseguir con el mantenimiento y promoción del aprendizaje y volver a su rol de iniciador.

Este proceso, forma parte de la necesidad de actualización y formación del profesorado que garantice que éstos tengan una competencia cada vez mayor con el fin de mantener y conservar el rol del juego en el desarrollo de los alumnos.