Escuela de Padres

Educar para la no violencia

Posted on: 5 mayo, 2016

Objetivo:

  • Valorar la opción por la NO VIOLENCIA y el trabajo por la paz, dentro del ambiente familiar.

Tiempo:

            60 minutos

Dinámica:

«El juego de los cubiertos»

El animador explica el juego a los padres de familia, dando las características de cada uno de los cubiertos:

El tenedor: pincha, desgarra, molesta. Si se acerca lo hace hiriendo, deja a los demás resentidos.

La cuchara: empuja, anima, lo hace suavemente, sin herir, reúne, facilita las cosas, recoge lo disperso.

El cuchillo: Corta, separa, divide, la isla, hiere.

 

Se invita a reflexionar:

¿Qué papel desempeña usted en su familia: tenedor, cuchara o cuchillo? ¿Qué características de uno o de otro reconoce en usted?

Intente definirse.

Una vez realizada la reflexión personal, los participantes se organizan por parejas y cada uno manifiesta cómo se reconoce.

El ejercicio da la posibilidad a cada participante de expresar qué sintió, qué ha descubierto en el otro y qué puede concluir de la experiencia.

 

PRESENTACIÓN DEL TEMA:

  1. Se entrega a cada participante un cuestionario.
  2. Cada uno responde los interrogantes planteados.
  3. Formar grupos de 5 personas.
  4. Compartir el trabajo realizado.
  5. Elaborar conclusiones.

 

GRAN GRUPO:

Cada grupo comparte las conclusiones únicamente de los numerales 4 y 7 del cuestionario.

CUESTIONARIO

  1. ¿Cuál es la causa más frecuente de las peleas en mi hogar?
  2. ¿Con qué miembro de la familia discuto más y por qué?
  3. ¿Cuando discute con su pareja, sus hijos están presentes? Si ____ No_____ Algunas veces _____
  4. ¿Cree que las discusiones con su pareja afectan a sus hijos? ¿Por qué?
  5. ¿Qué imagen cree que tiene su hijo de usted, frente a la solución de un conflicto? ¿Por qué?
  6. Comente un episodio en el que se comportó de forma agresiva. ¿De qué otra forma habría podido actuar para evitar la violencia?
  7. ¿Cómo podemos manejar nuestros conflictos familiares?

 

IDEAS PARA COMPLEMENTAR EL TEMA:

«De la cultura de la violencia a la de la paz»: Pbro. Carlos Vásquez. SJ.

La negociación, en una democracia participativa parece ser la alternativa más efectiva para que en muchos países podamos construir la Cultura de la Paz. Los analistas políticos coinciden en que ante la Cultura de la Violencia, actualmente visible en los diversos aspectos de la sociedad, debe presentarse una alternativa, valiosa y efectiva que modifique significativamente su comportamiento.

La No Violencia como teoría y forma de vida, aparece como uno dé los grandes descubrimientos del siglo XX. Incluso, junto con otros tan notables como la energía nuclear, la ingeniería genética y el empuje de la tecnología electrónica. Lo admirable del descubrimiento de la No Violencia consiste en que le permite al ser humano asumir el control del conflicto, en cualquiera de sus formas, y asegurar un tratamiento del mismo a la altura de la capacidad racional.

El estilo de vida que genera la práctica de la No Violencia forma personas pacíficas, únicas, capaces de construir la paz. Tal es el testimonio de Mahatma Gandhi y Martín Luther King. A ellos el crédito de asumir el control de la No Violencia para el servicio de la Cultura de la Paz.

Cuando la humanidad logra el control de los descubrimientos que marcan el progreso de su evolución, ha dado un gran paso. Tal sucedió cuando asumió el control de la Ley de gravedad. Entonces pudo pensar significativamente en los vuelos espaciales, en viajar a la luna y también a otros planetas.

 

Manejo del conflicto:

La No Violencia es un manejo adecuado del conflicto, algo que posiblemente no hemos aprendido. Mejor, no nos han educado para ello. Hemos aprendido a manejar el conflicto de modo violento en todas sus formas. Tenemos incluso los instrumentos más sofisticados para responder al conflicto con la negociación y el diálogo. Este es el nuevo aprendizaje que debemos realizar.

El conflicto es un tipo de enfrentamiento en que cada una de las partes trata de ganar. Esto ocurre entre los esposos, entre padres e hijos, entre educadores y alumnos, entre gremios, entre partidos políticos y entre países. Dondequiera que haya un tipo de enfrentamiento (social, político, económico, religioso, cultural etc.) y en el que una de las partes trate de ganar, estamos en presencia de un conflicto.

Hemos sido educados en general, para el manejo violento del conflicto. Las actitudes que hemos aprendido para afrontarlo nos lo demuestran:

La neutralidad: es sencillamente esquivar el conflicto, pensando y comportándose como quien no tiene que ver en el asunto. Es el esposo, por ejemplo, que afirma no tener nada que ver en la educación de los hijos; «eso es cuestión de mujeres». O también obramos así cuando, ante el fenómeno de los sicarios, pensamos que es un problema de orden público.

La huida: Evasivas para afrontar el conflicto, escape físico, pero sobre todo psicológico. Ocurre cuando desaparecemos de nuestras oficinas para evitar discutir; o en el hogar para impedir un conflicto con la pareja. Hay personas que para escapar del problema llegan tarde a casa, salen temprano y finalmente desaparecen los fines de semana. Así pasan meses, el conflicto continúa y la carga se hace cada vez más pesada.

La pelea: es la forma más usual como respondemos al conflicto, aprendimos a pelear desde niños y a responder agresivamente a cualquier amenaza o abuso que se cometa contra nosotros. Es la expresión de nuestra arrogancia y, en la mayoría de veces, del machismo predominante en las relaciones interpersonales. Existen personas que al enojarse, acompañan su mal momento con insultos, gritos y golpes. Parece que la única manera de expresar disgusto es a través de palabras altisonantes y gestos agresivos. Nada extraño, en este contexto, que hoy se utilicen formas brutales de ofensa como la amenaza de muerte, el boleteo, la extorsión y el homicidio.

La capitulación: es la renuncia a expresar nuestros gustos cuando se diferencian de los deseos de otros. Tanto en el hogar, en la empresa, como en la vida estudiantil se imponen las cosas, se abusa de la autoridad y la persona decide capitular, es decir callar y reprimir sus ideas, sus sentimientos y usar una máscara «todo está bien». Pocos saben que esta conducta es el precio más caro que se paga por la paz; pero represiones como éstas, finalmente estallan y es cuando en el hogar, la empresa, la universidad, se dice lo que nunca hubiera deseado decirse. El arrepentimiento llega demasiado tarde y sólo queda asumir las consecuencias de lo dicho.

Desafortunadamente hemos sido testigos de estas reacciones en nosotros o en quienes nos rodean. La resistencia pasiva: consecuencia de la actitud anterior, reaccionamos muchas veces con la resistencia pasiva: suele escucharse con atención el programa de nuevas políticas y estrategias; nadie opina ante quienes las promulgan. Pero pocas personas las aplican, popularmente se expresa como la «huelga de brazos caídos». Pero en el fondo, como en las actitudes anteriores, lo que realmente existe es una agresividad reprimida que se convierte en resistencia pasiva.

Chisme, ironía y sarcasmo: formas equivalentes a la pelea y que utilizamos con gran habilidad, para desquitarnos de aquellos que nos confrontan o a quienes no podemos vencer. Son armas cobardes que hacen daño a nuestra personalidad.

Existen culturas en que la ironía se convierte en medio de expresión, aceptada como estilo de manifestación en el campo político, familiar o personal. Con actitudes como éstas afrontamos el conflicto, incluso sin damos cuenta, las hemos aprendido, casi por osmosis.

El conflicto acompaña siempre la vida, lo obvio es manejarlo desde niños, adecuadamente, a la altura de nuestro ser racional. Pero concebimos la paz y la felicidad como ausencia de conflicto. En realidad la paz y la felicidad se alcanzan cuando se es capaz de manejar el conflicto. La paz no es ausencia de conflicto; es ausencia de injusticia. Se puede vivir feliz y en paz aun en medio del conflicto.

Menú del violento:

La violencia es el uso oculto o directo de la fuerza como medio para resolver un conflicto. Técnicamente hablando, la violencia no es una fuerza, sino el abuso de la fuerza. Igual el libertinaje no es el uso de la libertad, sino el abuso de ella.

Consideramos la violencia como única fuerza capaz de oponerse a «la violencia del otro. Principio tan profundo, que pensar de otra manera indicaría vivir en un mundo extraño. De hecho, la única fuerza capaz de oponerse a la violencia es la fuerza de la justicia; a la mentira es la verdad; al odio es el amor. Vamos en contravía, es decir nos hemos educado al revés.

Por otra parte, alimentamos la violencia con nuestra debilidad, cobardía y silencio. No nos atrevemos a hablar o actuar y con ello mantenemos la violencia. El país está saciado de nuestra cobardía. Si bien es cierto que la prudencia tiene que orientar las palabras y acciones, no es menos cierto, que la firmeza, la audacia y la verdad tienen que acompañar nuestra vida ordinaria. Nos hemos acostumbrado a toda clase de racionamientos con los que solemos justificar la cobardía y el silencio. Decimos: «Si hablamos, nos matan, nos echan del trabajo…» Razones por demás, consecuentes.

El país no necesita muertos, necesita personas capaces de ofrecer alternativas y acciones constructivas para el futuro. Pero también es cierto, que cuando cada uno de nosotros interioriza la verdad, entonces somos capaces de hablar y actuar contra la violencia y contra la injusticia aunque nos maten. Gandhi decía severamente: «No puedo predicar la No Violencia a los que no saben morir».

Nadie puede obligar a otro a ser mártir de la verdad o de la justicia. En la medida en que la verdad y el amor estén en nosotros, estamos dispuestos a dar la vida por ellos.

El No violento dice NO a las formas de violencia: dice NO a la brutalidad, que es predominio de las fuerzas inferiores del ser humano (amenaza, chantaje, secuestro, boleteo, homicidios desapariciones, etc.); dice NO al abuso o a toda violación directa de un derecho humano. La persona no violenta dice NO a la mentira, en una sociedad que se ha institucionalizado aun en las hojas de vida, en que se ocultan apariencias de velada cortesía. Dice NO a la astucia. El astuto es el aprovechado, el que abusa de la buena fe del otro, el que «mete goles», el que pasa por encima de los demás, de los derechos más elementales, de las normas de convivencia humana y se enorgullece de esto.

Todas las consideraciones anteriores nos llevan a comprender hasta qué punto estamos viviendo la cultura de la violencia y nos hemos formado de tal manera que es difícil llegar a ser constructores de la cultura de la paz. La No Violencia nos plantea los dos principios sobre los cuales la negociación y el diálogo adquieren todo su sentido: La fuerza de la verdad y el poder del amor.

 

La fuerza de la verdad:

Parecería que hoy no creemos en la fuerza de la verdad, sino en la mentira. Realmente es una tragedia. Estamos enseñados a ver campear la mentira en todas las áreas. La verdad, sin embargo, es la fuerza de la conciencia de cada uno. Fuerza que consiste sencillamente en que la verdad nos vence, es necesario rendirse ante ella. Verbalmente podemos negar la verdad que nos dicen, pero jamás en nuestro interior. Cuando finalmente nos enfrentamos a nosotros mismos reconocemos esa verdad y se hace imposible negarla.

Si al dialogar estamos convencidos de esto, nuestras palabras llevarán una fuerza especial, la de la verdad; estaremos abiertos al pensamiento y a la propuesta de otro, lo que definitivamente vale la pena es la verdad; no nuestra opinión cuando carece de ella.

Todos tomamos parte en la verdad, es lo que hace posible el diálogo. Si creo que soy el único que la poseo, ¿para qué dialogar? Negociar supone aceptar que el otro también tome parte de la verdad. Lo contrario es dictadura.

Hemos experimentado la fuerza que nos da poseer esa parte de la verdad, entonces comprendemos que no somos violentos. En verdad, «sólo los fuertes pueden permitirse el lujo de no ser violentos». Un adagio castellano dice, con razón que: «cuando se acaban las razones se acude a los insultos y después a los puños». Situación que seguramente todos hemos vivido o presenciado.

La fuerza de la verdad no necesita defenderse, ni por la mayoría de votos, ni por las armas. Esta es la razón de fondo para indicar lógicamente hablando que no hay guerra justa, porque el que para defender su verdad emplea un fusil, acepta de antemano el triunfo de la fuerza, dejando de lado el tiempo de la verdad.

No es fácil asumir lo anterior. Supone que dediquemos tiempo para la reflexión. El diario vivir mostrará la validez de estos principios.

Es importante advertir que la No Violencia aprueba el llamado estado de derecho. Lo contrario sería lanzarse a la anarquía. La obligatoriedad del derecho es una exigencia de la ética civil. Sin el Derecho y sin su cumplimiento sólo los fuertes tendrían derechos.

 

El poder del amor:

Con la verdad, el amor es la única fuerza capaz de cambiar, de modo significativo y duradero el comportamiento humano. El amor posee fuerza increíble. Si es así, ¿por qué entonces educamos a los hijos bajo amenazas? ¿Por qué en el país se intimida sistemáticamente en muchas empresas y negocios? Las naciones del este de Europa nos han enseñado que nadie cambia a la fuerza. Pasada la amenaza, todos volvemos al lugar donde estábamos.

Dentro de este contexto, la persona no violenta sabe que todo mal e injusticia empieza por un error. Comprender este principio es importante, para el país. ¿Quién es el injusto o el enemigo?: un hombre o una mujer que se equivocan. En realidad, el mal que hemos hecho, si lo vemos cuidadosamente, ha sido fruto de un error, incluso cuando obramos de mala fe.

Actuar de mala fe es un error, es estar equivocado. Cometer un delito demanda una adecuada sanción, para salvaguardar el estado de derecho antes indicado. Pero si todo mal e injusticia empiezan por un error, se puede indultar a quien comete el delito y nadie odiará a esa persona. Obviamente el indulto no es un perdón moral. Pero sería inoportuno odiar a otra persona por estar equivocada. Frecuentemente se observan incoherencias por no comprender estos principios a tiempo.

Una consecuencia obvia de lo anterior es que nuestro primer deber ante quien está equivocado, deberá ser sacarlo de su error.

Es necesario derribar las razones y justificaciones del enemigo o del oponente y enfrentarla a la verdad. Quien tiene esto claro en su interior no teme sentarse a negociar con un delincuente o con la ley. Sabe que es importante buscar entre todos la verdad y que, a nivel humano, se alcanza por ensayo y error a través del consenso de las personas involucradas. Es muy pobre, por no decir miserable, una verdad que no soporta una discusión en una mesa de negociaciones.

El No violento sabe perfectamente que el compromiso con la verdad y con el amor supone fatigas y reflexiones; supone pensar y producir razones objetivas y válidas que puedan convencer y tocar la conciencia del otro, de modo que cambie en sus aspectos negativos. Con la aplicación estricta de la ley, por buena que sea, se logra evitar el mal, pero no eliminarlo. Mientras no se toque la conciencia, no se eliminará el mal. El No violento está convencido de ello.

En este contexto, el amor y la verdad no buscan la humillación, la derrota o el desquite del enemigo o del oponente.

Buscan un cambio interior, una conversión, buscan el crecimiento personal. Es necesario una acción no violenta y eficaz; el ayuno, la huelga general, las demostraciones, las manifestaciones, la toma pacífica, el boicot, etc. El No violento no temerá hacerlo, siempre que toque la conciencia del otro y presione el cambio necesario.

Supone de parte del no violento una gran transparencia interior, un ser que camine por la verdad, por el amor y se comprometa consigo mismo. La No Violencia es un estilo de vida, más que un método de acción directa. Trabaja en la persona, la única capaz de construir la cultura de la paz. Se trata de llegar a la conciencia del oponente, del injusto, del agresor… con nuestra capacidad de amor, nuestra capacidad de sufrimiento y con la verdad.

Los soldados ingleses, en la India, durante la lucha de la independencia, preparados para subyugar a los rebeldes amotinados, se encontraron con seres inermes que aguardaban inmóviles y en silencio el ser golpeados y llevados a la cárcel. El silencio inmenso que reinaba, ante la brutalidad del represor, tenía algo de espantoso y macabro.

 

Doble victoria:

El campo de batalla de la No violencia es el corazón del hombre. Por esto los principios de la verdad y del amor, enraizados en el Evangelio, alcanzan todo su vigor para el crecimiento del ser humano y el manejo adecuado del conflicto.

La No Violencia no es pasividad. Es la fuerza del espíritu, la fuerza moral de un derecho sin odio. «No hay arma por potente que sea, decía Gandhi, que pueda resistir la fuerza del espíritu».

Para comprender desde el interior la fuerza de la propuesta de la No Violencia y su significación, tal vez sea oportuno citar estas profundas palabras de Luther King: «Un camino se abre a nuestra búsqueda de libertad, a saber: la resistencia no violenta.

Esta une la agudeza de la mente a la ternura del corazón y evita la complaciente pereza de los obtusos de mente y la amarga violencia de los duros de corazón. Yo afirmo que este método debe guiar nuestra acción en la crisis actual de las relaciones raciales.

A través de la resistencia no-violenta podremos oponernos al sistema y amar a los que aplican tal sistema. Debemos trabajar con pasión, incesantemente, para alcanzar la plena estatura del ciudadano pero que jamás se diga, amigos míos, que para obtenerla usamos los medios inferiores de la falsedad, la malicia, el odio y la violencia.

A nuestros opositores más acerbos, les decimos que haremos frente a vuestra capacidad de infringir sufrimientos, con nuestra fuerza de ánimo. Hacednos lo que queráis y continuaremos amándoos. No podemos en buena conciencia, obedecer a vuestras leyes injustas porque la no cooperación con el mal es una obligación moral, no menor que la cooperación con el bien.

Llevadnos a la cárcel y os amaremos todavía. Lanzad bombas en nuestras casas y amenazad a nuestros hijos y todavía os amaremos. Enviad vuestros sicarios encapuchados a nuestras casas a media noche, batidnos y dejadnos medio muertos y os amaremos todavía. Pero estad seguros que os venceremos con nuestra capacidad de sufrimiento. Un día conquistaremos la libertad, pero no para nosotros solos. De tal manera apelaremos a vuestro corazón y a vuestra conciencia que, a la larga, os conquistaremos a vosotros y nuestra victoria será una doble victoria».

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